Viaje al centro de Europa

En Navidad, la capital de Austria asombra a sus visitantes con uno de los mejores alumbrados del mundo y mercados artesanales. No deje de visitar los cafés en donde se reunían famosos escritores y de ver a los caballos danzantes.

La fuente de Viena, ubicada en el centro de la ciudad.   / Tomado de praison.net
La fuente de Viena, ubicada en el centro de la ciudad. / Tomado de praison.net

A Viena hay que recorrerla despacio, saborearla, vivirla, entenderla. Es una de las capitales más antiguas de Europa y en sus calles, cafés, edificios, plazas y palacios hay huellas del esplendor que caracterizó por siglos a la que hoy en día es considerada una de las mejores ciudades del mundo para vivir.

Aunque por esta época el invierno es bastante fuerte, la nieve y las luces le imprimen un sello mágico. Se dice que la iluminación navideña de la capital austríaca es una de las más impactantes del planeta. Los mercados de Navidad son otro de los grandes atractivos por esta época. Desde hace más de 700 años se han adecuado estos extraordinarios espacios que están abiertos todos los días desde el 17 de noviembre hasta el 24 de diciembre.

En la Plaza del Ayuntamiento, por ejemplo, se instala el Christkindlmarkt que se caracteriza por organizar actividades especiales para niños y por sorprender a sus visitantes los fines de semana con alegres conciertos de villancicos. En el Palacio de Schönbrunn, también conocido como el Versalles vienés, en donde durante años disfrutaron del verano los miembros de la dinastía de los Habsburgo, se exhiben artesanías tradicionales y joyas hechas a mano.

Otro de los mercados recomendados se encuentra en frente de la Iglesia de San Carlos. Son más de 60 carpas repletas de encantadores objetos para el hogar; sin embargo, la danza del ángel y la coreografía con fuego son sus mayores atractivos.

Recorrer los cafés vieneses es otra experiencia que vale la pena disfrutar. Además de sus techos llenos de frescos, de la solemnidad con la que se sirven las mesas y de la exquisita comida, resulta fascinante comprobar que en ellos se sentaron grandes filósofos, escritores y pensadores a discutir los problemas de la humanidad.

Sus sillas están marcadas y es un honor para los turistas poder ocupar el lugar en donde años atrás estuvieron Franz Kafka, Sigmund Freud, Alfred Polgar, Robert Musil y Arthur Schnitzler, entre otros. No se prive de desayunar o tomar onces en el Café Central, el Café Demel, el Hawelka y el Sacher, que se caracterizan por ofrecer uno de los postres más apetecidos y tradicionales del país: la tarta Sacher de chocolate.

Si viaja con niños o adolescentes, el Prater de Viena, un extraordinario parque de diversiones considerado de los más antiguos de Europa, se debe incluir como un plan obligado. De noche, la experiencia es fascinante. Aunque la época ideal para visitarlo es entre marzo y octubre, durante el invierno están abiertas atracciones como la noria gigante construida en el siglo XIX y perfecta para admirar la ciudad, las montañas rusas, los carros chocones y las 69 figuras de cera del Museo de Madame Tussauds.

Ver danzar a los caballos de la Escuela Española de Equitación es otro de los programas imperdibles. Esta institución es la única que preserva desde el Renacimiento hasta hoy el arte ecuestre clásico. Aproximadamente cada hora se puede ingresar a ver los entrenamientos y gozar contemplando cómo bailan estos imponentes animales de color blanco y pelo trenzado. La presentación oficial es más costosa, pero si es amante de estos animales, vale la pena.

Navegar el Danubio Azul y visitar los bosques de Viena, cerca de 1.000 km cuadrados que incluyen partes de la cordillera de Los Alpes, es otro de los planes predilectos de quienes viajan a esta ciudad. En barco, se puede ir a Budapest, Bratislava y Praga. En veranos, los veleros, kayac y botes forman un paisaje extraordinario. En invierno, el frío es intenso, pero vale la pena aunque sea contemplar este río, fuente de inspiración de canciones y obras literarias.

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