Travesía en cuatro ruedas

Esta temporada es una de las más agitadas para la Región Caribe, debido a la significativa afluencia de turistas. Viajar por tierra es una experiencia única.

La posibilidad de viajar con la familia para disfrutar de unos días lejos de la monotonía y el afán, además de descansar del trabajo agotador de todo el año y recargar baterías, hacen que la época de vacaciones de fin de año sea una de las más esperadas. Ciudades como Cartagena, Santa Marta o Barranquilla son algunos de los destinos colombianos más visitados por su clima cálido y playas.

Aunque desplazarse en avión generalmente es la primera opción; si no se compraron los tiquetes con antelación sus elevados precios pueden convertirse en un problema. En estos casos la alternativa es viajar en carro, una experiencia que puede resultar agotadora, pero a la vez gratificante. El trayecto a la Costa Atlántica dura 18 horas aproximadamente y a pesar de ser desgastante tiene sus ventajas.

En primer lugar, realizar esta travesía ahora es mucho más seguro que antes. La Policía de Carreteras ha desplegado, en esta época de vacaciones, cerca de 168 uniformados y el Ejército también hará presencia para garantizar la tranquilidad de los viajeros. Las vías se encuentran en buenas condiciones, sin embargo, para evitar contratiempos antes de salir de su casa marque el #767, una línea exclusiva para saber si se han hecho cierres o ha ocurrido algún accidente.

A lo largo del trayecto llaman la atención la variedad de climas, paisajes y ciudades, además de la oferta gastronómica que es abundante y múltiple, sólo basta conocer en cada departamento la especialidad y dejarse tentar por nuevos sabores.

Desde Bogotá hay dos rutas para llegar a la Costa Atlántica. La primera va por la vía que conduce a Tunja, en donde se puede comer una picada típica boyacense, uno de los platos más tradicionales del país. Mientras se observan los extensos campos llenos de cultivos de fríjol, lechuga y papa, se llega a Barbosa, municipio santandereano que es famoso por sus bocadillos, así que también es una parada obligatoria.

Al llegar a Bucaramanga, una recomendación es comer en Mercagan, uno de los restaurantes más exquisitos de la ciudad, ubicado en la carrera 33 N° 42-12. La carne y la yuca son la especialidad de la casa.

Aguachica (Cesar) es el punto intermedio entre el centro del país y la Costa Atlántica. El calor de este municipio invita a tomarse una aguapanela fría o una cerveza. El parador turístico El Gran Chalet es perfecto para descansar antes de seguir con el recorrido.

Después de cuatro horas de recorrido se llega a Bosconia, un pueblo pequeño, son alrededor de 29 mil habitantes, pero el más importante del Cesar, ya que es allí en donde se decide a qué ciudad se quiere llegar, por eso la señalización en este punto es muy visible. Si se quiere llegar a Cartagena es necesario girar a la izquierda al final del pueblo, para Valledupar se toma a la derecha y si el destino final es Santa Marta o Barranquilla hay que seguir en línea recta.

A medida que se va llegando al mar el calor se hace más intenso. Si se tomó la vía para Santa Marta o Barranquilla, el paisaje de la Zona Bananera es digno de admirar. Sus árboles a cada lado de la carretera muestran el potencial del departamento del Magdalena. Los militares custodian muy bien esta región, que en años anteriores fue una zona álgida del conflicto armado. En caso de que la elección haya sido Cartagena, se atraviesa por municipios como Plato y Carmen de Bolívar, el punto de conexión con la Ciudad Amurallada.

Después de un largo trayecto, el mar, que se asoma al lado de la carretera, da la bienvenida a los viajeros. Aunque el cansancio y la incomodidad de pasear en carro hasta la Región Caribe pueden llegar hasta puntos demasiado altos, esta experiencia resulta ser fascinante, debido al variado paisaje de Colombia, la multiculturalidad de su gente y la riqueza gastronómica de los departamentos como Boyacá, Cesar, Magdalena y Santander.