Un oasis en Estados Unidos

Esta ciudad, sede de la Universidad de Virginia, es una población cosmopolita a pesar de que no sobrepasa los 45 mil habitantes.

Manuela Jiménez.
Manuela Jiménez.

En una esquina de Charlottesville, Virginia, hay una iglesia episcopal con una bandera de apoyo al matrimonio homosexual en su fachada. Los supermercados de esta población, de cerca de 43.000 habitantes, están plagados de productos orgánicos, es decir, sin químicos ni conservantes. Están hechos casi a la manera antigua. En sus comercios hay anuncios del Fair Trade, un movimiento que busca que los compradores de países como Estados Unidos no abusen de los productores en países menos desarrollados y les paguen lo justo.

Hay fotos de sus proveedores en Perú, Madagascar, Malasia y Colombia y anuncios de que, a diferencia de otras empresas de Estados Unidos, a los productores no se les paga una miseria por lo que hacen. En sus restaurantes se ven avisos que informan, palabras más, palabras menos, que las vacas de las que salió la carne para sus hamburguesas no fueron torturadas y se les dio muerte de la manera más humana posible. Además, hay varios cinemas y librerías.

En su calle principal, que es peatonal desde hace varios años, hay un muro de la indignación, por así decirlo, en el que los ciudadanos pueden expresarse libremente y hacer cuanta crítica quieran. La estructura es un homenaje a una de las personas más importantes que hayan vivido en Charlottesville: el tercer presidente de los Estados Unidos y redactor de la Declaración de Independencia del país, Thomas Jefferson, quien en vida fue un férreo defensor de la libertad de expresión.

Sumado a esto hay varios bares y en ellos una oferta casi interminable de cervezas artesanales y vinos de la región. Los pobladores de Charlottesville, al igual que varios de sus coterráneos, tienen como hobby la producción de cervezas. Y Virginia es una región vinícola que crece.

Hace casi 200 años ese ilustre personaje de Charlottesville, Thomas Jefferson, soñó con convertirse en un gran productor de vinos. Nunca lo logró. Fue arquitecto, embajador y prócer de la Independencia de los Estados Unidos. Pero nunca produjo un gran vino.

Lo que sí consiguió fue hacer una Charlottesville en la forma de sus sueños. Construyó su residencia en un cerro a escasos kilómetros de distancia del centro de la población y la llamó Monticello —montañita, en italiano—; allí murió el 4 de julio de 1826, en plena celebración del Día de la Independencia. Ese mismo día murió su antecesor en la presidencia John Adams. Jefferson es junto al cuarto presidente de los Estados Unidos, James Madison, y junto al quinto presidente de ese país, James Monroe, una las personas más ilustres que hayan vivido en esta pequeña población.

Desde Monticello, considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se ve la sede de la Universidad de Virginia (UVA) que Jefferson creó en 1819 y que también es Patrimonio de la Humanidad.

La UVA es una de las universidades públicas más antiguas de los Estados Unidos y se rige por un código de honor que los 19.000 estudiantes del campus respetan a rajatabla. Sociedades secretas que desde hace años apoyan a la UVA se dedican a recordarles el código a los estudiantes cuando se rompe.

Charlottesville es un oasis hippie en una Virginia conservadora. De hecho, el gobernador del estado, Bob McDonnell, es republicano. Sus posiciones contra el aborto han generado controversia en la región y su nombre fue conocido recientemente a nivel mundial por proponer que los maestros y directores de escuela anden armados para evitar tragedias como la masacre de Newtown, Connecticut, ocurrida el 14 de diciembre de 2012.

Charlottesville, a diferencia de otras poblaciones de la zona, sufrió poco o nada con la Guerra de Secesión de los Estados Unidos. Escasos combates se presentaron allí, esto a pesar de su cercanía con Richmond, que fuera la capital de los Estados Confederados, y Washington, la capital del Norte.

Esta pequeña población está, precisamente, en el medio del capitalismo. Apenas unos cientos de kilómetros la separan de Washington, Philadelphia y Nueva York, aunque un sinnúmero de detalles la diferencian de esos lugares. En un país donde hay empresas que han sido sancionadas por malas prácticas y vínculos con paramilitares en países como Colombia, en un país donde se consume más carne que en cualquier otro lugar del mundo, en un país plagado de armas, hay un oasis difícil de describir: Charlottesville.

@juansjimenezh