La enigmática Shanghái

Es la ciudad financiera. Es la plaza de los negocios. Es la fortaleza de los rascacielos. Es la pista de Lamborginis, Alfa Romeos y Ferraris.

Es, sin temor a equivocarse, el futuro de la modernidad que nace en medio del secreto de la tradición oriental. Con más de 1.000 años de historia, también es el vistazo al futuro.

De edificios de Manhattan, de calles de São Paulo, de arquitectura parisina y del lujo que se vive en Montecarlo. Así es Shanghái, una ciudad de contrastes, con rascacielos cargados de impactantes imágenes de campañas publicitarias; de vías atascadas por un tráfico siempre elevado; de fachadas de construcciones que parecen copiadas de la antigua Francia y de espacios que en menos de 100 metros reúnen Lamborginis, Alfa Romeos y Ferraris a la espera de su turno por estacionar justo enfrente del Waldorf Astoria, símbolo del lujo mundial.

Viajar desde Bogotá hasta el centro financiero de China es, de entrada, un viaje extenso. Son 10 horas volando hasta París, 11 para llegar a Hong Kong y de allí, 3 horas más para arribar a Shanghái. La ciudad, una metrópoli en crecimiento, luce un tanto desordenada. La cantidad de motociclistas es numerosa, los automóviles mal estacionados traumatizan la movilidad y es muy fácil toparse con un vecindario menos favorecido en medio de dos calles que revelan una mejor posición económica, con almacenes de marca y reconocimiento.

Por eso, tras la ayuda del recepcionista o del transfer del hotel quien le dirá en chino al taxista el lugar a dónde quiere ir, el espacio más recomendable es el barrio histórico de Bund, la zona desde donde se puede avistar el río Huangpu y que le permitirá llegar fácilmente a espacios como el Parque Huangpu, Yu Yuan Garden, el Museo Nacional de Historia, el distrito comercial y de Nanjing Road Oriental Pearl Tower.

Esa es precisamente la zona en donde se topará con construcciones francesas, en las que se dice que se sembraron las raíces financieras y económicas de la fortaleza que hoy es Asia, y el lugar ideal para observar esa ‘nueva’ Shanghái, hoy conocida como Pudong, el espacio que alberga la Oriental Pearl Tower –emblema de la ciudad y similar a lo que es la Estatua de la Libertad en Nueva York–; el Shanghái World Financial Center y la Jin Mao. Una zona además que goza de los restaurantes con las cartas más exquisitas de la ciudad, gastronomía internacional y una amplia propuesta local.

Pero ciudades modernas hay en todo el mundo. Por eso, uno de los atractivos de China es su cultura milenaria, sus casas de figuras y techos puntiagudos, de combinaciones de colores rojos, verdes y grises. De madera y jardines detalladamente cuidados. Esa imagen se vive en el Yuyuan Garden, con calles estrellas, de avisos y placas que rezan los nombres de los constructores que edificaron las casas en el 1500 y que aparecen como algunas de las mejor restauradas de todo el mundo. Tiendas con recuerdos locales, pasabocas hechos por las abuelas y, paradójicamente, un Starbucks en la estratégica ubicación, la plaza central que da lugar a los eventos culturales.

En taxi, con muy poco dinero –porque un dólar equivale a 7 yuanes, la moneda local– podrá llegar a Nanjing Road, una calle con tiendas de lujo y oferta variada para hacer compras tipo Nueva York, París, Madrid o Barcelona. Ya, en el Jade Temple, vivirá la experiencia de lo que es un templo budista con una escultura precisamente de Buda de jade impactante.

Y Jing an Sculpture Park es uno de esos espacios que replica por todo el mundo, donde se hizo una simulación de los antiguos jardines chinos en medio de la modernidad. Es pequeño, pero encierra la cultura asiática de la gente amable, metódica y detallista.

Con un poco más de tiempo podrá arribar a Qibao, detallada en los mapas y por los pobladores locales que hablan inglés, que son muy pocos, como una ciudad antigua con más de 1.000 años dentro de Shanghái. Es, en esencia, la composición perfecta de un Chinatown, con una calle cargada de olores donde la comida es protagonista, edificios que dejan ver espectáculos teatrales de sombras chinas y, si tiene suerte, la primera plaza para observar la emoción de los habitantes exaltados cuando ven a dos grillos enfrentados en un improvisado cuadrilátero.

Una porción de Shanghái, con buses y taxis eléctricos que hablan un tanto de su desarrollo tecnológico, de calles repletas de mercancías para comprar a muy bajo costo, de autopistas de cinco carriles que se entremezclan con pequeñas callejuelas tan anchas como para aceptar tres bicicletas en conjunto, de hombres y mujeres sentados en cuclillas a la espera del transporte público. De espacios rurales en medio de la ciudad y de porciones de ciudad occidentalizada con marcas como McDonald’s. Eso es, en esencia y en presencia, una ciudad de contrastes.

Aerolíneas y frecuencias

Desde Bogotá tome un vuelo hasta París o Madrid. Hará conexión hasta Hong Kong y tres horas más en avión para llegar a Shanghái.

Gastronomía

La oferta es tan amplia que encontrará toda la propuesta internacional. Pero si quiere probar la oferta local, sólo fíjese en que no le pongan mucho picante. Lo demás se trata de probar y solo preguntar qué comió, hasta el final.

Licores

La cerveza local es seca y viene de un litro. La bebida tradicional es de color blanco, similar a un tequila, pero con nombre poco entendibles en castellano.

Compras

La calle antigua de Shanghái es la adecuada para conseguir recuerdos de la cultura china y, además, tecnología a bajo costo.

Hoteles

De 5 estrellas hay muchos y resultan el lugar ideal para conseguir un guía o alguien que le ayude con las traducciones de inglés a mandarín.

Cultura y entretenimiento

Hay una gran oferta en materia de propuestas culturales. Teatro callejero, presentaciones públicas y hasta peleas de grillos.

Visado: Sí.

Vacunas: No. Pero es recomendable
la que lo protege de fiebre amarilla.

Clima: Subtropical húmedo

Dinero para compras: Con el cambio de US$100 en yuanes, estará bien.

Web: www.thisshanghai.com