Los encantos de Isla de Pascua

A 3.700 kilómetros de la costa chilena, en medio del océano Pacífico, en la Polinesia, está ubicada Isla de Pascua. Un paraíso natural para disfrutar de la mitología, la arqueología, la cultura, la música, el deporte, la comida y de la etnia Rapa Nui, amistosos hombres y mujeres que habitan un exótico paisaje que sugiere un descanso diferente.

Para llegar a este paradisiaco destino, que pertenece a la Quinta Región de Chile, el recorrido se inicia con la ruta Bogotá-Santiago. Desde la capital chilena otro vuelo, de cinco horas, vía LAN, única aerolínea que allí viaja, lleva al destino final. Allí, en el aeropuerto de la capital Hanga Roa, los isleños reciben a los turistas con música autóctona y con hermosas bailarinas que cautivan al turista con su sonrisa y un hermoso collar de flores.

Allí mismo los Rapa Nui ofrecen tres variedades de alojamiento: en cómodos espacios para disfrutar de un camping; alquilando alguna de las casas en su capital; o, para quienes cuentan con mayores recursos, hay posada en una de las 30 habitaciones que ofrece el Hotel Explora Rapa Nui, un sofisticado centro de descanso a 15 minutos del único centro urbano de la isla.

Isla de Pascua es un pequeño territorio de 163 km2 con una reducida población de 3.800 habitantes. Se concentra una tradición milenaria que invita a descubrir en detalle a los Rapa Nui y es considerada como la isla más remota del mundo, una cde las razones por las que fue designada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995. Se pueden ver los moái, más de 900 estatuas de piedra volcánica, catalogada como una imponente representación de los ancestros.

Un inmenso cono volcánico que se levantó hace más de tres mil años es otro de los símbolos geográficos de la isla. Conocido como Poike, representa el origen de la isla. Otros volcanes inactivos, como Rano Kau y Muanga Terevaka, son sitios obligados a visitar en planes de caminata y exploración que ofrecen los nativos. La isla, en su idioma autóctono es conocida como Te Pito o Henua, que significa “el ombligo del mundo” y con la escritura rongo rongo, que tiene aún frases indescifrables para los arqueólogos, es este un viaje exploratorio.

La mitología Rapa Nui invoca la ascendencia de los dioses y estaba conformada por varias tribus que luchaban por mostrar su supremacía. Según la leyenda, cada grupo de nativos generalmente ocupaba zonas de las playas, sitios estratégico para la defensa y actividades como la pesca, donde también celebraban sus ceremonias religiosas, razón por la cual en cada zona costera hay moái.

Quizás el misterio que más genera la visita a la isla al observar la representación de sus antepasados es cómo construían estas gigantescas estatuas de hasta 20 metros de alto y un peso de 40 toneladas. Cómo desplazarlas hasta la zona costera?. Explican los guías que los pedazos de piedra volcánica eran extraídos de las grandes montañas de la isla y deslizados cuidadosamente por los nativos. Entre más grande y pesado era el moái, mayor poder representaba cada tribu Rapa Nui.

Según los historiadores y algunos guías locales, los primeros habitantes que llegaron a la isla en el siglo IV fueron navegantes que venían de la isla de Tahití, provenientes de la Polinesia. Una isla que por su belleza entre los siglos XV y XVIII fue superpoblada y al parecer generó guerras entre las tribus que destruyeron muchos moái, que hace varios años fueron restaurados. Con el tiempo, muchos nativos se refugiaron en cuevas, los alimentos escasearon y nació la leyenda del hombre pájaro: aquel que recogía el huevo de un gaviotín se convertía en su líder por un año.

Vendrían después otras expediciones a la isla desde el Perú, con el propósito de llevar a los nativos como esclavos. Con ellos llegarían epidemias y hacia 1888 Rapa Nui pasó a pertenecer al Estado chileno, que actualmente la maneja administrativamente, frente a un pueblo nativo que lucha por su autonomía.

El plan cultural se puede complementar visitando el Parque Nacional Rapa Nui y las playas de Anakena. Para los deportistas, montar bicicleta, trotar, practicar el esnórquel o la pesca artesanal en su mar transparente, es un privilegio. La gastronomía local, basada en diversos tipos de pescado, puede complacer a un fino paladar a precios razonables, y probar una cerveza artesanal es obligado para los turistas. Para las compras, el mercado artesanal exhibe variedad de productos a precios aceptables.

La noche también ofrece variedad en Isla de Pascua. En dos bares locales de Hangar Roa el visitante puede ver un espectáculo con música y bailes propios de la Polinesia, interpretados por grupos artísticos como Matatoä. Y si el viajero se anima a otro plan, puede bailar con los nativos, una actividad en la que son expertos.

Así es la Isla de Pascua. Un destino natural, arqueológico, musical y gastronómico que vale la pena conocer en medio del oceáno. Un paraíso enigmático que sin duda algún día tendrá que disfrutar.