El Mundo . Quien haya logrado quedarse por más de dos meses en Italia, ya con las cicatrices del síndrome de Stendhal en la piel, podrá dar fe de que en este país, sueño de tantos y modelo de todas las virtudes de la civilización y del deleite, sólo funciona la belleza. Y a duras penas, hay que decirlo, pues aun eso se está arruinando en las manos sin vergüenza de la corrupción y de la estupidez.