Bogotá | Así como fui una especie de poseído que iba detrás de Maradona cuando estuvo en Bogotá a comienzos de junio del 85, y lo perseguí por las avenidas, colgado del bus de la Selección Argentina, y me detuve horas enteras en la acera de enfrente del Hotel La Fontana sólo para verle la espalda con el número 10, y me metí de contrabando en El Campín para observarlo patear una y mil veces el mismo tiro libre en los entrenamientos, así anduve años y años buscando entre los fanáticos que conocí a uno que se volvió famoso porque en un momento de rabia “nacionalista” le tiró una naranja para que le estallara en el rostro.