Carro colombiano irá a la carrera de energía eficiente más importante del mundo

Universitarios de la Sabana viajarán a Estados Unidos en abril para participar en la Shell Eco Marathon. El vehículo con el que competirán es 100 % amigable con el medioambiente y la emisión de gases tóxicos es nula.

En abril será la primera vez que Paula Riveros visite Estados Unidos. No va en plan de estudio ni mucho menos de paseo. Viaja para manejar un carro que ella misma construyó junto con 14 compañeros. Con overol y casco subirá al pequeño aparato sólo con una misión: recorrer la mayor cantidad de kilómetros gastando la menor energía posible.

Paula tiene 18 años, está en tercer semestre de ingeniería mecánica en la Universidad de la Sabana y será piloto del carro eléctrico que construyó con sus otros compañeros de la universidad. El vehículo compartirá pista con cientos de carros que participarán en la competencia de energía eficiente más importante del mundo: la Shell Eco Marathon en Detroit, Estados Unidos.

El vehículo con el que competirán los estudiantes es diferente a otros que se han fabricado en el país. La Universidad Eafit, por ejemplo, ya había participado en competencias mundiales, como la World Solar Challenge, en Australia, donde los estudiantes armaron un carro capaz de funcionar a partir de la radiación solar.

Pero en la Shell Eco Marathon el reto es construir un vehículo de energía eficiente. Si se compara la eficiencia de este carro con la de un vehículo tradicional, sería como recorrer 1.500 kilómetros por galón de combustible, mientras un carro que usa gasolina anda aproximadamente 40 kilómetros por galón. La clave, comenta Julián Echeverry, director del programa de Ingeniería Mecánica de la Universidad de la Sabana, es su peso. Cuanto más liviano sea el carro, menos va a esforzarse la batería para hacerlo funcionar.

El vehículo, que estará listo en tres semanas con su carrocería, está hecho en fibra de vidrio y tiene sólo tres ruedas, dos delanteras y una trasera, para darle estabilidad. Su forma, angosta en la parte de adelante y ancha en la de atrás, es muy parecida a una gota. Prácticamente está hecho a la medida de la piloto, pues el carro pesa 43 kilos: sólo 3 kilos más que los de Paula. Y ella, de 1 metro y 47 centímetros, también ayudará a que el aparato marche con más facilidad. “Soy muy pequeña y mido menos que el carro. Eso implicaba poco material para su movilidad”, dice la estudiante.

Sin embargo, reducir el material no significa bajar los costos. Al contrario, la universidad ha invertido cerca de US$2.500 en un carro que sólo tiene puesto para una persona. Y que, en el futuro, si se quisiera adaptar para usarlo en la ciudad, valdría aproximadamente $40 millones.

Además del precio, otro problema para comercializar la pequeña gota es que no podría circular en la ciudad, pues la infraestructura del país todavía no está adaptada para recargar carros eléctricos, afirma Echeverry. Pero en otros países esto ya es una realidad. Para el 2015, había más de 109.000 puntos de recarga en países miembros de la Electric Vehicles Initiative (EVI): un programa para promover la energía eficiente, del que Colombia no hace parte.

Por ahora, los universitarios no planean vender su carro ni ponerlo a circular, sólo quieren llegar a Detroit. Allí, durante una semana, el centro de la ciudad interrumpirá toda actividad para instalar la pista donde los participantes tendrán que dar la mayor cantidad de vueltas en 25 minutos. El ganador será el vehículo que registre menor cantidad de energía en un aparato de medición que los jurados instalarán en cada carro.

Antes de entrar al ruedo, Paula y su equipo deben pasar una prueba de fuego: que el jurado revise el vehículo y, si todo está en orden, lo deje seguir a la pista. Si los jueces llegan a encontrar alguna falla, los estudiantes sólo tendrán algunos minutos para arreglarla. “La mitad de los carros que viajan a Detroit no salen a la pista. Solamente el hecho de llegar al circuito ya es un logro muy grande”, cuenta Echeverry.

Mientras tanto, los muchachos prefieren pensar que lo van a lograr. Están seguros de que su carro no tiene nada que envidiarles a los demás: es 100 % amigable con el medioambiente y la emisión de gases contaminantes es nula. Su piloto está confiada. “Genera mucha emoción porque es tener sobre tus hombros el peso de hacer las cosas bien. Yo quiero dejar el nombre de Colombia en alto”, concluye Paula.