Compartir, un mundo posible

Este movimiento, además de convertirse en una alternativa frente al modelo de derechos de autor, ha promovido cambios en educación y políticas públicas que hoy ahorran dinero y difunden conocimiento.

Ryan Merkley es el presidente de Creative Commons, un movimiento que nació hace 12 años de la mano de Lawrence Lessig y que en 2002 estrenó un modelo de licencias de derechos de autor en las que el elemento principal es compartir.

Lejos de los estereotipos fáciles en contra de la llamada cultura libre, Creative Commons ha demostrado ser una verdadera alternativa para aquellos creadores que, sin perder de vista el uso comercial de sus obras, optan por entregar contenido a un mundo interconectado y global. Hoy, estas licencias son usadas por más de nueve millones de sitios web y su impacto en campos como la educación ha permitido que estudiantes alrededor del mundo se ahorren, aproximadamente, US$100 millones gracias al uso de libros de texto abiertos.

¿Cuáles son los usos más emocionantes de los “commons” hoy?

Hay un movimiento que nos parece muy atractivo y es el de la política pública abierta, que está fundamentado en el siguiente argumento: si la meta es el bien público y la inversión de recursos quiere contribuir a este fin, entonces se exige que esos dineros financien contenido abierto. Estamos trabajando con varios gobiernos en este campo.

Por ejemplo, el Departamento de Trabajo de Estados Unidos tiene un programa en el que ha invertido US$2 mil millones en recursos educativos abiertos para entrenar a personas que perdieron sus empleos en la recesión; hasta el momento se han elaborado más de 30 mil materiales en 800 escuelas comunitarias. Es el proyecto de educación abierta más grande del mundo y todo el contenido generado tiene una licencia abierta, lo que significa que cualquier persona, en cualquier parte del mundo, puede utilizar estos trabajos. Esto es algo poderoso porque al gobierno de Estados Unidos no le costó nada hacer este cambio y el beneficio ahora es global. Es algo que no sólo estamos impulsando a nivel de países, sino también en fundaciones. Las fundaciones Hewlett, Gates y Ford han anunciado, en los últimos seis meses, que tendrán políticas que establecen que cada dólar que inviertan en financiación deberá producir obras y trabajos abiertos que puedan ser usados por el público.

¿Cuál es el mayor reto que enfrenta Creative Commons actualmente?

Hay dos en los que pienso mucho. La mayoría de la gente no sabe que tiene copyright. La forma como funciona este sistema es muy complicada y es un asunto automático; tan pronto alguien publica su trabajo, éste ya tiene copyright y sólo en Estados Unidos la vigencia del derecho de autor abarca la vida del autor más 70 años: buena parte de las personas no saben que tienen esto o qué hacer con ello. La meta es que el público entienda qué es el copyright y que puede optar por compartir el conocimiento. El segundo aspecto sobre el que reflexiono a menudo es cómo comunicar el mensaje entre los creadores de por qué son relevantes estos temas y por qué es importante compartir: en últimas, dar a conocer el valor del conocimiento abierto sobre el conocimiento cerrado. Parte de nuestra misión en Creative Commons es ayudar a entender el potencial total de internet, una meta que es muy amplia. Lo que esto significa, en lo que creemos, es que cuando el contenido es abierto y verdaderamente accesible, bajo términos simples que permitan utilizar y reutilizar, se obtienen beneficios que no se percibirían de otra forma. Esto es en lo que debemos concentrarnos, en que las personas, los usuarios, entiendan que hay ventajas reales que se obtienen de compartir en un ecosistema abierto.

¿Cómo evolucionarán estas licencias de cara al futuro?

Lo que nos interesa para el futuro es transformar a Creative Commons de una librería y un archivo en una comunidad activa de contenido y creadores de este material. Hoy tenemos casi mil millones de trabajos licenciados bajo este modelo y superaremos esta marca en 2015, pero hoy resulta difícil encontrar muchas de estas obras; no hay una puerta de entrada a los commons, una forma fácil de buscar entre ellos y las herramientas para rastrear y curar este contenido, para compartirlo con los otros, aún no han sido creadas. Otro de los aspectos en los que trabajamos es cómo insertar la gratitud en los commons, cómo diseñar formas en las que la gente pueda agradecerse mutuamente en esta comunidad: cuando una persona renuncia a su copyright y comparte su creación esto es un regalo para todo el mundo, el cual dura eternamente.

¿Cómo serían las herramientas de búsqueda de contenido en Creative Commons?

En estos momentos tenemos varios desarrolladores trabajando tiempo completo en mejorar la experiencia de búsqueda, que hoy se realiza un repositorio a la vez y no a través de todos en un solo instante. Así es como la gente quiere buscar las cosas, no de sitio en sitio, sino a través de toda la web al tiempo. Estamos construyendo esta nueva herramienta y esperamos lanzarla a finales de este año.

En su opinión, ¿cuáles podrían ser los problemas con el actual modelo de derechos de autor?

Durante los últimos 30 años han sucedido varias cosas con el copyright, como la extensión continua de los plazos y la aplicación por defecto de éste: anteriormente solía suceder que cuando usted creaba una obra la persona debía afirmar su copyright, pedirlo para su trabajo, y para lograr esto debía realizar varias cosas como registrarlo o mercadearlo como una obra con copyright; estas acciones sólo eran necesarias para quienes querían utilizar este modelo. Hoy vivimos en un mundo en el que todo posee copyright, éste se ha vuelto un asunto automático, así la persona lo quiera o no, a menos de que tome la decisión de compartir su trabajo. Y esto sucedió gracias a un grupo de dueños de derechos, muy pequeño, aunque muy bien financiado, que han hecho una dura campaña de lobby para lograr este cambio para beneficio propio. Pero sus intereses representan una porción ínfima de la red mundial de creadores, aunque su impacto ha bloqueado contenido alrededor del planeta durante décadas. Es muy probable que si yo creo algo hoy, todas las personas que conozco van a morir antes de que este trabajo entre al dominio público.

Los tratados de libre comercio suelen negociarse con obligaciones para las partes en temas de derecho de autor. ¿Qué piensa de esto?

Lo más perturbador de esta tendencia es que estos tratados son crecientemente negociados en secreto, aunque solían ser discutidos en público para que el debate fuera seguido por los periodistas y la gente, y así se pudiera entender cuáles serían las concesiones que se harían en la negociación. Hoy, en el marco del Acuerdo de Asociación Transpacífico, se intenta negociar una extensión global de derechos de autor de 20 años y esto se hace en secreto, sin que el público sepa qué derechos se están perdiendo alrededor del dominio público y el acceso a contenidos.

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