Entre amores y odios: la relación de las empresas de tecnología con Trump

Aunque varias compañías condenan las medidas migratorias del presidente de EE.UU., lo cierto es que necesitan de éste gobierno para proteger sus respectivos mercados en el país y en Europa.

Altos ejecutivos de Amazon, Google, Facebook y Apple en una reunión con Trump en diciembre pasado.
Altos ejecutivos de Amazon, Google, Facebook y Apple en una reunión con Trump en diciembre pasado.Bloomberg

El disgusto con las nuevas políticas migratorias de la administración Trump se hizo evidente en varios de los principales aeropuertos de Estados Unidos durante el fin de semana, con protestas en lugares como San Francisco, Nueva York y Washington. Y se materializó en una serie de pronunciamientos, comunicados y mensajes de redes sociales provenientes de algunos de los hombres más poderosos de este país, líderes de empresas de tecnología.

Era un asunto de esperarse, pues la industria de tecnología en Estados Unidos es una de las principales receptoras de inmigrantes, específicamente aquellos con estudios superiores. Varios de sus directivos inmigraron a este país o son hijos de padres que llegaron en condiciones desafortunadas, por ponerlo de alguna forma. En 2015, Stephen Bannon, el principal asesor de Trump, aseguró que dos tercios de los CEO de Silicon Valley son asiáticos, una cifra que no es acertada, pero ilustra una cierta forma de pensamiento. En últimas, la imagen (algo racista, por cierto) del experto en informática indio puede ser tan acertada como cliché. (Lea "Robots y software, las dos fuerzas que determinarán los trabajos del futuro")

Las voces de protesta, o crítica mesurada, según sea el caso, llegaron de lados como Airbnb, Netflix, Microsoft, Tesla, Google, Apple y Facebook. Se sabe que estas dos últimas empresas llamaron de vuelta a algunos empleados, que se encontraban por fuera del país, como precaución ante las medidas de Trump.

Ahora, la relación de la industria con Trump está mediada por la conveniencia clásica que opera entre cualquier negocio privado con el gobierno de turno. Un usuario de Reddit resumió el asunto diciendo que “el disgusto es más un asunto moral que no se traducirá en un tema de política”. Traducción: “Nos odiamos, pero mejor trabajemos juntos”. (Lea "Internet no nos va a salvar")

El modelo de negocios de Uber o Google, por ejemplo, puede resultar particularmente afectado ante cosas como cambios en la legislación de servicios de transporte o investigaciones por prácticas de monopolio, respectivamente. Apple puede verse enfrentada, de nuevo, con agencias de seguridad por el cifrado en sus teléfonos. El Congreso puede, por ejemplo, revisar su visión sobre neutralidad de la red. Todos son riesgos considerables que, pareciera, nadie quiere asumir por un tema de principios (o al menos no aún).

La mano amiga del gobierno es aún más necesaria ahora, quizá, debido a las investigaciones que empresas como Google, Apple o Facebook enfrentan en Europa. Las cortes europeas analizan cosas como competencia desleal a través de motores de búsqueda, derecho al olvido, problemas con políticas de privacidad y evasión de impuestos. De recibir sentencias en contra, las cosas se ponen difíciles por el lado de multas o de tener que modificar el modelo de negocios para todos los países de uno de los bloques económicos más importantes del planeta.

Varios de los ejecutivos que criticaron a Trump este fin de semana se sentaron a conversar con él en Nueva York poco antes de que el presidente asumiera el cargo. El encuentro fue orquestado por Peter Thiel (inversionista, millonario y miembro de la junta directiva de Facebook) es el pilar más firme y poderoso que el mandatario tiene en Silicon Valley. El mensaje clave de la reunión fue el espaldarazo del entonces presidente electo a la industria.

Thiel puede ser el más firme apoyo de Trump en el corazón tecnológico de EE. UU., aunque no es el único. Elon Musk, fundador de Tesla, forma parte del equipo de consejeros del presidente desde diciembre.

Este es un caso particularmente interesante para esta discusión, pues Musk no sólo es un inmigrante (nació en Sudáfrica y vivió buena parte de su infancia allí), sino que buena parte de sus cartas están puestas en la generación de energía limpia para combatir el cambio climático. Por su parte, Trump sería algo así como el presidente honorario del club de los negacionistas del cambio climático, si acaso tal institución existiera.

Otro de los consejeros de Trump es Travis Kalanick, el CEO de Uber. Este fin de semana, los taxistas de Nueva York organizaron una protesta en contra de las medidas de Trump, mientras que Uber eliminó restricciones de tarifa para uno de los aeropuertos de esta ciudad, lo que fue interpretado por muchos usuarios como una forma de boicot contra la manifestación de los taxistas. En un comunicado de la empresa se lee: “En Uber estamos comprometidos con servir a las ciudades y luchar por lo que es correcto. Mantenemos la creencia de que tener un asiento en la mesa donde se toman las decisiones y alzar la voz es la manera adecuada para lograr una diferencia en beneficio de los ciudadanos. (…) Ante el injusto decreto que firmó el presidente Donald Trump para prohibir la entrada a Estados Unidos a los viajeros de siete países, tomamos medidas para apoyar a los socios-conductores afectados”.

Con todo, la relación de esta industria con la administración Trump, por tormentosa que pueda parecer, tiene un punto en común: ambos bandos están manejados por hombres de negocios que hablan el mismo lenguaje, en el que inversionistas, accionistas y ganancias son palabras importantes.