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Tecnología 21 Dic 2012 - 10:30 am

Avances tecnológicos

Libros multimedia, una nueva forma de leer

Estos incluirían los llamados códigos bidimensionales entre sus páginas.

Por: EFE
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Foto: Archivo Particular

En medio de la batalla que vienen librando el libro en papel y el electrónico por alzarse con el trono del reino literario, aparecen los llamados libros multimedia, un puente entre ambos formatos que pretende contentar tanto a lectores tradicionales como a los de e-book y que basan su singularidad en la inclusión de los populares códigos QR, también conocidos como códigos bidimensionales (Bidi), entre sus páginas.

Pero, ¿en qué consiste exactamente esta tecnología que se está implantando imparable en nuestra vida diaria, y ahora también en la literatura? Sus siglas responden a "Quick Responde" (Respuesta Rápida), un nombre muy apropiado para este pariente del código de barras de origen japonés. Se trata de un cuadradito lleno de píxeles capaz de almacenar grandes cantidades de información, a la que se accede de manera inmediata capturándolo con la cámara de los teléfonos inteligentes. Algunos requieren la instalación previa de una aplicación, pero cada vez la incorporan de serie más dispositivos.

A partir de ahí las posibilidades son infinitas, y seguirán ampliándose conforme evolucione su uso. En el caso de los libros multimedia, o bidibooks, los códigos QR permiten incorporar contenidos extra que los convierten en ejemplares mucho más completos sin la necesidad de mucho espacio. Desde las tradicionales fotografías, pasando por vídeos, mapas, documentos o archivos sonoros, aportan una nueva dimensión a la lectura tradicional.

Texto, imagen en movimiento y sonido

Son varios los títulos que han empezado a experimentar con esta tecnología, uno de ellos es "Última Roma", del escritor León Arsenal, una novela histórica ambientada en Hispania durante el desmoronamiento del Imperio Romano de Occidente, y que incluye sesenta códigos QR.

Es un periodo histórico por lo general poco conocido por la población y de esta forma el lector puede profundizar en ella, por ejemplo, visionando un vídeo de Youtube en el que el propio autor le da una breve clase magistral. También puede recurrir a la cartografía para conocer más de cerca la localización de los lugares donde se produjeron las batallas, o acceder a entradas de Wikipedia (previamente contrastadas por el autor) que completen información relacionada con la trama histórica.

El responsable de Enigmas Producciones, la empresa encargada del desarrollo tecnológico de "Última Roma", es Pedro Luis Barbero, quien recientemente explicaba a que esta novela "da un paso más en la inclusión de esta tecnología porque enlaza a veinte vídeos de factura propia". Uno de ellos recrea las batallas y el ambiente histórico como si de un tráiler de película épica se tratara (booktrailer), y está también en el portal Youtube.

"Es la génesis entre lo audiovisual y la literatura, como si de la versión extendida de un DVD se tratara", afirmaba. En cambio, su autor, León Arsenal, prefiere hablar de "un libro dentro de otro". Es un ciclo que nunca se cierra, ya que los contenidos siempre se están ampliando gracias a la red: "Al tratarse de un libro clásico, luego salen críticas a las que puede accederse a través de los códigos", apuntaba el autor.

La incorporación de los códigos QR se ha hecho con coherencia. "El contenido adicional va apareciendo en las páginas del libro conforme va desarrollándose la historia, para que el lector no tenga que buscarlo", explicaba Barbero. Además en el desenlace de la novela "no hay códigos, porque interrumpirían al lector, y tampoco incluyen información imprescindible e independiente del argumento", añade Arsenal.

Ventajas e inconvenientes

El valor agregado que supone la inclusión de los códigos Bidi resulta innegable. Su presencia entre las páginas de los libros, en papel y electrónicos, será cada vez más común, y se multiplicarán sus usos. Una tecnología que, además de atractiva, es muy fácil de crear: "Sólo se necesita un enlace web, ya sea de un vídeo o documento escrito, y convertirlo en código con alguna de las múltiples páginas que los generan", explicaba Barbero.

Por este motivo el precio de los ejemplares no se encarece. Además representa una herramienta de promoción para el autor inusual, ya que puede "acercarse" a su lector como nunca antes lo había hecho. Aunque reconoce el carácter experimental de su proyecto, León Arsenal asegura que está teniendo buena acogida entre libreros y lectores.

Como casi todo, los códigos QR también tienen su lado negativo. Toda la información que albergan está alojada en la red, de modo que si el lector está en un lugar sin cobertura o no tiene conexión a internet, es imposible que acceda a ella.
En cualquier caso, el libro multimedia representa un paso importante para conciliar posturas entre el soporte físico y el electrónico. Arsenal está convencido de que no son enemigos: "El lector tradicional puede ignorar estos códigos si lo prefiere, y para las nuevas generaciones, habituadas al lenguaje audiovisual, es una forma de acercarse a la lectura".

"El libro en papel no es un cadáver, pero el mundo de la literatura es demasiado conservador y no debe quedar al margen de las tecnologías", añade. Tradición e innovación son posibles.

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