Mascotas en El Espectador

5 mitos sobre los perros que todos nos creímos

Existe una especie de biblia para dueños de perros: Señales de calma, un libro de la adiestradora Turid Rugaas que da algunas pautas para que usted se comunique con su mascota. La clave, dice la experta noruega en conducta animal, es que observe al animal, entienda sus comportamientos, manías y gustos. No intentamos decirle cómo actuar con su mascota; le contamos cinco cosas que nos dijeron sobre los perros pero que resultaron falsas.

A mi perro le gustan los abrazos

Ilustraciones: La Ché

Falso. Resulta que en ese intento por darles amor a las mascotas cometemos algunos errores. Pensamos que les gustan las mismas cosas que a nosotros y olvidamos que son animales. Los perros no expresan emociones a través de abrazos (no tienen brazos). Stanley Coren, investigador del Departamento de Psicología de la Universidad de British Columbia, confirmó en un estudio que los abrazos les dan ansiedad. ¿Nota que se pone tenso? ¿Desvía la mirada? ¿Voltea la cabeza? Le está diciendo —con todo su cuerpo— que no le gusta. Además pueden reaccionar violentamente. Más bien abrácelo, sóbele el lomo y observe…

Está feliz porque mueve la colita

Falso. Usted se derrite cada vez que llega a su casa y su perro mueve la cola… Piensa que lo extraña y que está dichoso porque usted regresó. Sí y no. Hay características del lenguaje corporal canino recientemente descubiertas que lo dejarán sorprendido. Sólo porque el perro le mueva la colita no significa que está feliz. De nuevo, la observación es clave. Si la mueve a la derecha, está en actitud amistosa; a la izquierda es una advertencia que indica que no lo quiere cerca (tampoco a otro perro); horizontal, está calmado y feliz; hacia abajo, sumiso o ansioso; vertical, señal de alerta. Si los movimientos son rápidos y amplios, está feliz, pero si son pequeños y rápidos, alerta.

Los perros grandes son peligrosos

Falso. Cada vez que sale a la luz pública un caso en donde un canino ataca a una persona, los pobres animales se convierten en los malos del paseo. Aunque no todos, particularmente aquellos de tamaño grande. Y no.

La ciencia comprobó que el comportamiento de un animal depende de su dueño.

Así es: perro agresivo, amo agresivo. Perro ansioso, dueño ansioso. La emocionalidad entre dueño y mascota sí está relacionada.

Pero en la lista de perros potencialmente peligrosos (PPP) los de tamaño grande salen muy mal parados, cargan con una muy mala fama y hasta se afirma que son razas que nacen para atacar, que son “violentas por naturaleza”.

Veterinarios aseguran que “cualquier raza puede ser agresiva, no hay unas específicamente más agresivas”. Recuerde que la violencia se aprende. Todos los perros pueden atacar como respuesta a un entorno hostil. Que el ataque sea de un pitbull, un perro de tamaño grande, suele ser más impactante que cuando un agresivo chihuahua muerde… No los juzgue.

Un año perruno equivale a siete humanos

Falso. Desde pequeños nos echaron este cuento: que para calcular la edad de la mascota sólo había que multiplicar por siete los años que tenía el perro. No es tan sencillo. El especialista Stanley Coren, autor de libros sobre los canes, encontró que el primer año de un cachorro equivale a toda su infancia y adolescencia. Es decir, los 15 o 16 de un humano. ¿La razón? En ese período su cachorro desarrolla todo lo que una persona aprende en el colegio. Pero cuando el perro llega a los cinco años el tamaño empieza a importar. Según Coren, las razas pequeñas envejecen cuatro años por cada 365 días; las medianas, seis, y las grandes, siete u ocho.

Un perro callejero no cambia

Falso. Todos los perros, sin importar la edad, pueden cambiar y aprender nuevos hábitos. Claro, es más fácil enseñarles cuando son cachorros, pero con un poquito de esfuerzo, cualquier perro aprende. No se asuste y adopte. En Colombia hay cerca de 900.000 perros abandonados. Y es justo esta circunstancia la que los hace especiales. Quizás hayan sufrido maltrato y necesiten cuidados especiales, pero esto no es una condición para rechazarlos. Gánese su confianza en las primeras tres semanas y verá que de ahí en adelante la adaptación será sencilla. El acercamiento, dicen los expertos en conducta animal, debe ser paulatino. No lo dude, anímese.

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