Aeroyoga: madres e hijos, a volar juntos

La psicóloga Carolina Salas encontró en esta disciplina, que reta el cuerpo y la mente a través de complicadas posiciones en el aire, una manera de fortalecer las relaciones familiares, impactando positivamente la autoestima y el desempeño académico.

Carolina Salas trabaja actualmente con doce niños. Su objetivo es certificarse y convertir la terapia en un servicio para mejorar las relaciones familiares. / Gustavo Torrijos

Del yoga hay incontables variaciones y beneficios. Está el tradicional, o natha, que acude a diferentes posturas para lograr un cuerpo apto para la meditación; el brikram, que aplica las posturas del primero a elevadas temperaturas, y, más recientemente, el aeroyoga, que se vale de arneses y columpios para mejorar el estado físico y emocional del cuerpo. Al parecer, este último también tendría la capacidad de mejorar la relación madre e hijo e incluso aportar al desarrollo social y emocional de los niños.

Así lo plantea Carolina Salas, una psicóloga que está a pocos pasos de recibir su certificación en esta disciplina creada por el experto español Rafael Martínez en 2009. De acuerdo a este experto, el aeroyoga “es un método artístico de crecimiento personal que utiliza la suspensión y la ingravidez para fomentar creatividad, desbloqueo, tonicidad, definición muscular y rejuvenecimiento”.

Salas lo complementan explicando que las figuras que se realizan mientras se está en el aire obligan a desarrollar fuerza y equilibrio, así como una profunda concentración para mantenerlas. El resultado es una mayor conciencia del cuerpo y un mejor control de la inteligencia emocional, pues se aprende a manejar las situaciones complejas de una manera más tranquila.

Esta especialista en obesidad y trastornos de la conducta alimentaria comenta que conoció esta modalidad del yoga cuando volvió de España, donde trabajaba con niños con sobrepeso en el hospital Vall d’Hebron, en Barcelona. De inmediato le interesó, pues los beneficios físicos no son pocos: “Nutre la piel, combate la celulitis, reactiva la circulación, refuerza y redefine la musculatura, reactiva el aparato digestivo y estimula el drenaje linfático”, que es el que ayuda a desintoxicar el cuerpo.

De eso hace ya cuatro años, en los que Salas ha podido capacitarse de manos de Martínez y sólo le falta recibir el visto bueno en la tesis para certificarse. Para ello decidió alejarse de la parte estética y enfocarse en la emocional, tomando inspiración de su vida como mamá de un niño de dos años y de su experiencia en España.

“Allá trabajé en un programa que se llama Niños en Movimiento, donde nos dimos cuenta de que los tratamientos para bajar de peso eran más efectivos si los padres se involucraban”. Y es que para los pequeños, cuenta, la presencia de sus papás los ayudaba a sentirse más seguros y comprometidos.

El año pasado decidió hacer el experimento con algunos de sus pacientes, mamás e hijos, en su mayoría, con el objetivo principal de mejorar las relaciones familiares. Actualmente lo hace con doce niños entre los 4 y 16 años, que antes de pasar al columpio reciben una valoración psicológica. Posteriormente, los dos entran juntos a apoyarse mientras practican posiciones como “Supermán” o “el murciélago” y, si están en un nivel más avanzado, el “hombre en la luna”. “La idea es que se complementen entre ellos, así mejora la comunicación”, advierte Salas.

Los resultados, dice, han sido satisfactorios. “Con los chiquitos ha mejorado la obediencia y en general la comunicación con los demás. En cuanto a los más grandes, he recibido chicos con poca autoestima, bajo rendimiento académico y un desempeño psicosocial muy regular, pero desde que iniciaron he detectado avances impresionantes”, indica.

La sesión se termina con una etapa de relajación, donde se aplica musicoterapia, aromaterapia y litoterapia. “Allí salen muchas cosas, sentimientos que no habían podido expresar, y eso también les ayuda”. Aunque la prueba parece ser exitosa, todavía no se va a masificar, por lo menos hasta que Salas se haya certificado. Una vez lo logre, el objetivo es convertir esta terapia en un servicio para ayudar a madres e hijos a mejorar la forma como interactúan entre ellos y con los demás.