¿Cuándo soltarles el carro a los hijos?

Mientras un adulto reacciona ante cualquier eventualidad en la vía en un segundo, los jóvenes necesitan ¾ más tiempo. Un conductor sólo puede considerarse experto después de haber manejado mínimo 100 mil kilómetros.

Una lectura deficiente de la carretera, el consumo de sustancias, el estrés y las distracciones son las principales causas de accidentes de tránsito en los jóvenes./iStock

Los accidentes de tráfico son la principal causa de mortalidad en los jóvenes, especialmente entre los 18 y 24 años, advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y conductas de riesgo como una lectura deficiente de la carretera, el estrés, las distracciones o el consumo de sustancias se han identificado como factores claves detrás de estas estadísticas.

Sin embargo, la conclusión de varios estudios  indican que el 73 % de los jóvenes consideran que cometer imprudencias es inevitable y que no se sienten responsables de sus actos ni creen en la responsabilidad de conducir de forma segura. Hallazgos que han llevado a empresas aseguradoras como Mapfre a afirmar que uno de los principales factores que inciden en la accidentalidad es la falta de experiencia al conducir.

Una percepción que comparte el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (Cesvi) en Colombia: “La experiencia como conductor se va desarrollando de acuerdo con la responsabilidad que se tenga frente al volante. Estas actitudes están ligadas a la edad, es decir, se adquieren cuando un piloto determina a partir de situaciones de riesgo nuevas formas positivas de conducir”.

En nuestros país, por ejemplo, es muy común empezar a manejar desde los 16 años, pero ¿qué tan responsable es que los padres lo permitan? Si bien es cierto que una gran ventaja de los jóvenes son sus cualidades psicológicas y físicas, pues es muy raro que padezcan enfermedades que disminuyan su visión o audición, “difícilmente han desarrollado los suficientes reflejos para aprovechar sus capacidades. Una cosa es tiempo de reacción y otra reflejos”, señala un reporte reciente de Cesvi.

Se dice que los jóvenes tienen buenos reflejos porque sus tiempos de reacción y la velocidad de anticipación son especialmente buenos. Pero en realidad los reflejos son el resultado de la experiencia consolidada, permitiendo que la situación de riesgo que se percibe vaya de la mano con el conocimiento del conductor y, en consecuencia, se pueda tomar la decisión correcta.

En el reporte de Cesvi se pone como ejemplo cuando hay que enfrentar la eventualidad de un ciclista atravesándose en la vía. El conductor joven puede tardar ¾ de segundo en visualizarlo y pasar el pie derecho del acelerador al freno; un adulto llega a hacerlo en un segundo. Por ello los investigadores coinciden en que un conductor no puede considerarse “experto” mientras no haya manejado por lo menos 100.000 kilómetros. Y concluyen que la inexperiencia se corrige conociendo las normas, practicando y recorriendo muchos kilómetros hasta adquirir los hábitos y reflejos que definen al conductor seguro.

Los círculos cercanos también juegan un papel fundamental en los jóvenes que deciden sentarse frente al volante, pues son todavía personas muy influenciables que por quedar bien con sus amigos podrían cometer acciones peligrosas, como ir a velocidades imprudentes, ingerir alcohol mientras manejan o violar las normas de tránsito.

En conclusión, la madurez sobre ruedas está directamente relacionada con la experiencia y un conductor en etapa de aprendizaje debe adquirir buenos hábitos que garantizarán en el futuro una conducción segura. Sin embargo, además de la experiencia siempre se debe ser consciente de los peligros a los que se está expuesto en la vía, pues el exceso de confianza resulta en muchos casos contraproducente.