El retiro de un auto de la F1

Aunque la vida en pista de un monoplaza es corta, cada vez que una de estas obras maestras de la ingeniería ve la luz, de manera inmediata se inmortaliza.

Muchos de los monoplazas que algún día compitieron se vuelven el corazón de las exhibiciones en museos automovilísticos del mundo. / Flickr: Brian Snelson

En la máxima categoría del automovilismo deportivo se diseña y construye un nuevo auto cada año. Los monoplazas que compitieron y cumplieron su misión se retiran, pero su vida continúa.

La Fórmula Uno es la categoría reina del automovilismo mundial. Anualmente, sólo 20 pilotos y 10 escuadras participan en este campeonato que recorre las pistas más emblemáticas del planeta.

En este deporte, décimas de segundos marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso. Por eso los equipos invierten millonarias sumas de dinero para encontrar alguna ventaja, por mínima que sea, sobre sus rivales.

Esto convierte cada temporada en una apasionante e intensa batalla en la que las escuderías destinan todos sus esfuerzos —físicos, económicos y emocionales— para alcanzar la gloria de la victoria.

Las armas de esta ardua batalla, son los monoplazas. Por 21 carreras cada año, estas obras maestras de la ingeniería se convierten en la bandera de cada equipo, mientras los pilotos son los valerosos gladiadores encargados de domar y guiar al triunfo a estas complejas y briosas máquinas.

Los equipos o constructores, -como se les dice oficialmente, deben diseñar y fabricar un nuevo chasís cada año. Construir un auto no es suficiente, pues, como regla, dos deben competir en el campeonato. Además, los daños —a veces irreparables— causados por los accidentes hacen que las escuadras tengan a su disposición varios chasises.

Por esto, para cada temporada del mundial los fabricantes construyen entre cuatro y siete autos. En la última vuelta de la 21ª carrera del calendario, la bandera a cuadros cae, no sólo para marcar el final de otra ronda de batallas, sino para concluir el ciclo de vida competitiva de las potentes máquinas.

Los autos que compitieron y que cumplieron con su misión se convierten de manera natural en reliquias y tesoros históricos. No vuelven a competir en el mundial, pero su vida, aún después del retiro, continúa.

Como piezas de memoria histórica, muchos de los monoplazas que algún día compitieron se vuelven el corazón de las exhibiciones en museos automovilísticos del mundo. Estos típicamente están ubicados en catedrales del automovilismo, como Mónaco, en emblemáticas pistas o también en las inmediaciones de las fábricas de los constructores del campeonato.

En la pista de Donnington, en Inglaterra, hay una de las exhibiciones más completas de autos clásicos y contemporáneos de la Fórmula Uno. Por su parte, la Scuderia Ferrari y el Williams F1 Team son algunos de los equipos que han constituido museos para mostrar al público estas reliquias.

En otras ocasiones, los autos de temporadas pasadas son utilizados por las escuderías en pruebas de demostración. Estas son activaciones organizadas por los equipos en diversas ciudades del mundo.

Quizás la escuadra que más hace estas demostraciones es Red Bull. El showrun del constructor austríaco lleva la emoción y adrenalina de los bólidos de la Fórmula Uno a ciudades que no ostentan una fecha en el calendario.

Este espectáculo ha llegado dos veces a Colombia. La primera vez, en 2007, a Cartagena. En un escenario adornado por el mar y la ciudad amurallada, los colombianos tuvieron su primer acercamiento real a un monoplaza de la máxima categoría del automovilismo. Tres años después tuvo lugar la segunda demostración de Red Bull, pero en esa ocasión el escenario fue Bogotá.

Aunque no es lo común, hay ocasiones en las que simbólica o contractualmente, las escuderías entregan a sus pilotos los autos en los que han competido.

El mejor ejemplo de esto es el bicampeón del mundo Fernando Alonso. El español conserva todos los vehículos que ha utilizado durante su carrera y para mostrar estas piezas de historia a los aficionados construyó en la provincia de Asturias, en España, el Museo Fernando Alonso.

El piloto colombiano Juan Pablo Montoya también conserva en su bodega privada algunos de los autos con los que ha competido durante su carrera. Entre ellos el FW-26, el auto con el que corrió en la temporada 2004 del mundial con la escudería británica Williams.

Otros bólidos terminan en manos de coleccionistas privados, que adquieren los vehículos en subastas exclusivas. El rango de precios es amplio y aunque se pueden conseguir monoplazas por menos de 40.000 euros, los autos con un significado histórico especial son los más costosos.

Por ejemplo, el Mercedes-Benz que llevó en 1954 al argentino Juan Manuel Fangio al campeonato se subastó hace algunos años por US$29 millones. A la fecha, se mantiene como el carro más costoso jamás subastado.

El Boss GP es una categoría en la que compiten, entre otros, automóviles retirados de la Fórmula Uno. Por varias pistas del continente europeo, este campeonato recorre muchos de los escenarios en donde alguna vez habían competido estos monoplazas que ahora son conducidos por entusiastas del deporte motor.

Otros eventos, como el festival de Goodwood, el Grand Prix Historique de Mónaco, el Rolex Monterrey Reunion o el Silverstone Classic, crean espacios para que los autos retirados vuelvan a rugir, vibrar y acelerar en las pistas.

La Scuderia Ferrari, por su parte, tiene un programa denominado Ferrari Corse Clienti. Los clientes mas fieles de la marca del cavallino rampante tienen la oportunidad de comprar automóviles retirados de la Fórmula Uno. Junto a un equipo de mecánicos, los vehículos son transportados a una pista que el cliente elige y en ella puede tener una experiencia de manejo inolvidable.

En realidad, aunque la vida en pista de un monoplaza de la Fórmula Uno es corta, cada vez que una de estas obras maestras de la mecánica y la ingeniería ve la luz, de manera inmediata se inmortaliza. Estos autos son especiales. Su código genético está constituido por velocidad, tecnología e innovación y por eso cada auto retirado es una reliquia.

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