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Buen Viaje VIP 14 Mayo 2013 - 7:35 am

Territorio de contrastes

Alaska, la tierra del sol de medianoche

Sobrevolar glaciares desde un helicóptero, participar en carreras de trineos o contemplar la aurora boreal son algunas de las actividades predilectas.

Por: Redacción Buen Viaje
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Juneau, capital de Alaska, sorprende por sus imponentes montañas coronadas de nieve durante todo el año, frente a sencillas y pintorescas edificaciones./ 123rf

Pocos lugares en el mundo cautivan tanto la imaginación como Alaska. Con sólo pronunciar su nombre vienen a la mente los territorios más agrestes de Estados Unidos: altas montañas, temperaturas extremas, carreras de renos, gigantescos bosques, milenarios glaciares, enormes lagos y varios fiordos en los que las focas y ballenas viven a sus anchas.

Entre los meses de octubre y marzo ocurre la tradicional aurora boreal, un fenómeno natural que deja sin aliento a los visitantes de todos los rincones del mundo que llegan para contemplarla, en la ciudad de Fairbanks, en el norte de Alaska. En la madrugada el cielo se cubre de una luminosidad singular en medio de una rica paleta de colores rojo, verde, azul y violeta, que van formando arcos, espirales y rayos de luz que se ondean a lo largo del encapotado horizonte.

“La Gran Tierra”, como la denominaron las tribus nativas, fue conquistada por los rusos y luego vendida a Estados Unidos en 1867. Hoy es un territorio de profundos contrastes donde confluyen en un mismo escenario los fiordos y glaciares de Prince William Sound y el monte McKinley, en el parque Denali, el mayor ecosistema protegido del mundo. Alberga 750 especies de plantas, 39 de mamíferos, 165 de aves y 10 de peces. Las criaturas más visitadas son los osos, el caribú, los alces y los zorros.

Sin duda, es el lugar ideal para los amantes del alpinismo o para quienes decidan realizar otro tipo de actividades, como manejar bicicleta por el Denali Park Road, una vía reservada especialmente para contemplar las altas montañas cubiertas de nieve todo el año, los innumerables glaciares y, por supuesto, el monte Mackinley que, con 6.196 metros, es el más alto de Estados Unidos.

Uno de los privilegios de las personas que se aventuran a estas tierras inhóspitas y casi inexploradas, es la posibilidad de recorrer los cientos de glaciares que se encuentran a lo largo y ancho del territorio. Alaska tiene tres tipos: los de tierra, a los que se puede acceder escalando; los de mar, que son sólo visibles desde un crucero, y los de altura, que se aprecian desde un avión pequeño que los turistas alquilan para sobrevolar el Parque Kenai Fjords y observar los inmensos glaciares de Holgate, Exit y Harding.

A la ciudad de Juneau solo se puede acceder por avioneta o barco, pues no hay carreteras que atraviesen los cerros y el campo de hielo que la rodean. Las actividades para realizar allí son tan variadas como las casas de madera que, con sus techos inclinados y cubiertos por copos de nieve, parecen perdidos en medio de majestuosas montañas.

Los turistas pueden realizar excursiones por mar para observar el bello glaciar Mendenhall y hacer paseos en el funicular Mount Roberts, a unos cuantos pasos del muelle de cruceros. Para las personas que tengan un mayor presupuesto, una gran opción es sobrevolar en helicóptero algunos de los glaciares y fiordos más famosos. Después de aterrizar en uno de ellos, se puede caminar, probar un salmón asado y oír música folclórica.

Los que deseen sumergirse en la nieve pueden optar por hacer una carrera de trineos jalonados por perros. La excursión comienza cuando los turistas son llevados hasta un campo de entrenamiento donde los esperan caninos de tipo Husky y Malamute.

Las famosas razas, que tienen una antigüedad de 2.000 años, eran utilizadas por la tribu esquimal Malamute para arduos trabajos en temperaturas que descendían hasta los -30 grados centígrados. Hoy su trabajo ha cambiado, pero la tradición se mantiene a lo largo de los siglos y, en la actualidad, es una de las actividades más populares de invierno en Alaska.

Incluso hoy se realizan campeonatos de talla mundial, como el Idiotarod, que recorre 1.161 millas entre Willow (cerca de Anchorage) y Nome, donde 16 perros arrastran trineos conducidos por el musher. Su duración, en promedio, es de 9 a 15 días.

Alaska siempre sorprenderá por sus increíbles paisajes montañosos, inmensos lagos y por ser el destino preferido de los amantes de los deportes de invierno, que se dan cita cada año para disfrutar de uno de los paraísos más imponentes que ha forjado la naturaleza a través de los siglos.

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