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Buen Viaje VIP 1 Mayo 2013 - 9:00 pm

Urbino

La pequeña Florencia

Alejada de las rutas turísticas tradicionales de Italia, esta ciudad de 15 mil habitantes alberga extraordinarios tesoros del Renacimiento.

Por: Redacción Buen Viaje
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En 1998 Urbino fue declarada Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco. / 123rf

Urbino luce prácticamente igual desde hace 500 años. Sus calles empedradas y estrechas, las casas, los muros. Adentrarse en esta pequeña ciudad del centro de Italia, situada en el corazón de la región Las Marcas, justo en la frontera de La Toscana y Emilia-Romagna, es ingresar a un típico pueblo de la Edad Media.

La diferencia, tal vez, es que al caer la noche, especialmente los fines de semana, los bares y restaurantes se llenan de jóvenes y un espíritu festivo invade la ciudad, en donde desde el siglo XVI funciona una de las universidades más antiguas y prestigiosas de Europa. La Universidad de Urbino cuenta con varios centros de investigación, institutos y laboratorios. Además de un sistema de bibliotecas científicas especializadas, que alberga invaluables colecciones de derecho, ciencia política, economía y sociología.

Muchos de los estudiantes, que vienen de distintas partes del mundo, optan por alquilar un piso de unos 50 metros cuadrados, que con todas las comodidades no les demanda grandes gastos. El arriendo mensual estaría sobre los 450 euros, es decir, un poco más de $1 millón. Durante el día la vida es más bien tranquila, así que en verano y primavera recorrer caminando o en bicicleta la ciudad es uno de los planes predilectos de universitarios y turistas.

Urbino está repleta de tesoros del Renacimiento. Muchas personas incluso se refieren a ella como la pequeña Florencia. De hecho, ambas urbes están separadas por tan sólo 110 kilómetros de distancia. El duque Federico III de Montefeltro fue el mecenas de la ciudad y el responsable de que albergara obras de arte y majestuosos monumentos que en 1998 finalmente le merecieron el reconocimiento de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Ser el lugar donde nació el pintor Rafael y el piloto Valentino Rossi también le da un valor agregado a este destino, que a pesar de conservar extraordinarios tesoros del Renacimiento y encontrarse rodeado de un sorprendente paisaje de colinas, que en el verano se transforman en un tapete de distintas tonalidades de verde, y en el invierno se visten de blanco, no se encuentra en la ruta de los principales atractivos turísticos de Italia.

Una de sus joyas es el Palacio Ducal. Se trata de una edificación de estilo renacentista, construida en varias etapas y restaurada por completo en 1985. Su galería guarda una de las colecciones de pintura más grandes del país y del mundo, que incluye la aclamada obra de Rafael, Retrato de una señorita. También se encuentran dos célebres retratos de Piero della Francesca, que muestran de perfil al duque Federico da Montefeltro y a su esposa, la duquesa Battista Sforza.

Algunos libros de historia dicen que él había perdido su ojo derecho hacía algún tiempo y por eso pidió que lo retrataran de esa forma, y que asimismo solicitó que perfeccionaran su nariz para que diera la ilusión de que con un solo ojo podía ver bien en todas las direcciones. Más allá de estas curiosidades, lo que realmente llama la atención de las pinturas son los campos anaranjados, los árboles y las pequeñas montañas que se aprecian a lo lejos y que tanto descrestan a los visitantes que se animan a visitar la Fortaleza Albornoz.

Durante siglos, esta imponente construcción militar fue utilizada por papas y comandantes revolucionarios. Precisamente un cardenal, con la asesoría de dos arquitectos especialistas en construcciones militares, Gattapone y Ugolino di Montemarte, ordenó que fuera levantada en un intento desesperado por recuperar en 1367 el poder papal.

Años más tarde esta fortaleza, compuesta por cuatro gigantescas torres cuadradas, bastiones y semitorres circulares, sirvió de refugio al papa Inocencio VIII y a algunos comandantes. El paso del tiempo y las guerras hicieron necesaria su reconstrucción en diferentes momentos de la historia. En 1799, durante la ocupación francesa, se realizaron algunas reformas que harían que con el tiempo la fortaleza terminara siendo parte de un parque público de la ciudad. Este imprevisto permitió que hoy en día sus jardines puedan ser recorridos por locales y turistas. Sin embargo, el acceso a su interior está prohibido.

Las iglesias son otro de los tesoros de Urbino. En la mayoría prima el estilo gótico. Las imperdibles son la de Santo Domingo, construida antes de 1365 y con un pórtico renacentista por cuenta de su reconstrucción en el siglo XVIII a manos de Luigi Vanvitelli; la de San Francisco, edificada en la segunda mitad del siglo XIV, y el Oratorio de San Juan Bautista, cuyas paredes visten frescos de los hermanos Salimbeni. Aunque se encuentra fuera de la ciudad, la iglesia de San Bernardino es considerada otra de sus gemas. En su interior se conservan los sepulcros de los duques Federico y Guidobardo de Montefeltro.

Entre las obras de arte, los castillos, las plazas y los monumentos sobresale la gastronomía con sus exquisitas pastas, pizzas, risottos, pescados y carnes. Dejarse sorprender por una variedad de recetas y preparaciones, además de una grappa (bebida típica italiana) después de la cena es un ingrediente infaltable para hacer de la estadía en Urbino una experiencia inolvidable.

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