Historias de un viajero

China y la estafa del té

El colombiano Felipe Villegas nos cuenta cómo cayó en la trampa de dos mujeres, de la cual pudo salir avante. “Esto no es para decirles que no visiten China; todo lo contrario, este es uno de mis países favoritos”.

Primer día en Pekín, China. Me encuentro en una sala de karaoke acorralado por dos guardias de seguridad y dos mujeres gritando hasta más no poder. ¿En qué carajos me metí?

Los contextualizo un poco antes de seguir: Yo llegué a China durante un feriado que ellos llaman la “Semana Dorada” o el “National Day Golden Week”. Una celebración que crearon en 1999 para fomentar el turismo local en China durante la primera semana de octubre de cada año. Debido a esto, los precios se triplican y viajar en transporte público es un dolor de cabeza. Durante esta época, los tiquetes de bus y de tren se agotan rápidamente, por lo que habilitan unos tiquetes “no seat”, o sin asiento, para que viajes “de pie”. Así que compré uno de estos tiquetes con destino a Pekín desde Shanghái, en un viaje que duró casi doce horas y en donde no pude dormir por obvias razones.

Luego de ese duro trayecto, llegué a la capital e hice el registro en el hostal. Creí que iba a dormir durante el día, pero mi cabeza no me dejaba, me decía “anda a explorar”. Así que decidí salir a ver un poco de la capital de China. Sin mapa, sin guía, sólo ver qué encontraba. Mientras caminaba por el centro, dos mujeres chinas se acercaron a hablarme. No me sorprendió su gesto, ya que venía acostumbrado a la hospitalidad asiática de un buen tiempo atrás. Una me dijo que era de Pekín y otra de Mongolia Interior. Me preguntaron sobre mi viaje y me invitaron a tomar un té. Acepté y fui con ellas.

En el camino me preguntaron si prefería ir a un karaoke, ya que para ellas era más divertido. Les dije que no tenía ningún problema y fuimos. Para que se hagan una idea, en Asia el karaoke es algo muy importante y al parecer tradicional en las nuevas generaciones, así que pensé que iba a ser divertido. Cuando llegamos, las mujeres pidieron una habitación privada con vino y comida. Yo les dije que no tenía dinero, ya que era un mochilero. Ellas me dijeron que no había problema, que “lo dividirían” al final y solo querían invitarme a conocer lo hospitalarios que pueden ser en China. Así que acepté.

Cantamos durante toda la tarde y bebimos vino al son de las canciones noventeras en inglés que ellas podían “tararear”. Incluso, empezaron a insinuarse y coquetear hasta que llegó la cuenta. En este momento, “sacaron las garras”. Me llamaron y me dijeron que debíamos pagar la pequeña suma de US$470 por el vino, la comida y el karaoke. Yo les recordé que no tenía plata y que les había dicho que no podía pagar lo que ellas pidieron.

En ese momento empezó el caos. Gritos y empujones. Me dijeron que sacara mi tarjeta de crédito y pagara todo. Que no era posible viajar por tanto tiempo y no tener dinero. Llamaron a los guardias de seguridad. Yo tenía toda mi plata escondida en un bolsillo secreto, así que sabía que no iban a encontrar mi dinero. Uno de los guardas se me acercó, pero le dije que no me tocara, sin gritarle.

Estuve tranquilo todo el tiempo, ya había estado en situaciones de estafas antes en mi viaje y mi error siempre fue perder la calma. Durante más de media hora me gritaron y amenazaron con seguirme hasta que pagara, pero no les funciono. El error más grande que se puede cometer en estos casos es desesperarse. Lo digo por experiencia.

Después de un rato, vi que el guardia de seguridad dejó la puerta abierta y me dijo que me fuera antes de que se arrepintiera. Cuando salí corriendo, una de las mujeres me arrojó una copa de vino en la espalda. Sus palabras fueron “váyase de vuelta a su país”. Lamentablemente no le he hecho caso.

Cuando volví al hostal, les conté la historia a los demás viajeros. Minutos después, llegó un inglés contando algo similar, pero la diferencia era que él pagó US$160 por la estafa. Esta modalidad de estafa es muy común en China, se llama la “estafa del té” y la mejor forma de evitarlo es no aceptando invitaciones de personas en las calles de Pekín y Shanghái, así se vean amigables. Esto no es para decirles que no visiten China, todo lo contrario, este es uno de mis países favoritos. Pasé 30 días acá y volvería, sin pensarlo.