De Popayán a Quito, a través de sus iglesias

El que reza y viaja...

Un recorrido para visitar la iglesia más hermosa del mundo, cruzar por la ciudad religiosa de Colombia, conocer el templo neogótico más grande de América y disfrutar de los imponentes paisajes de Cauca y Nariño, departamentos tan lindos como olvidados.

La Basílica del Voto Nacional de Quito fue bendecida por el papa Juan Pablo II.Istock

El viaje empieza en Popayán, la ciudad religiosa de Colombia, que en 2005 obtuvo el reconocimiento como Primera Ciudad Gastronómica de América y cuatro años más tarde, sus famosas celebraciones de Semana Santa fueron declaradas Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

La comida típica payanesa, así como recetas de la casa, se pueden probar en Mora Castilla, un lugar que rescata las recetas de familias tradicionales y sus propias creaciones. Empanaditas de pipían con ají de maní, carantantas con hogao, y luladas entre otras delicias forman parte del menú.

La mayoría de los templos religiosos de la ciudad blanca se construyeron entre los siglos XVII y XVIII y ostentan grandes valores arquitectónicos y artísticos representados en los estilos neoclásico, barroco y renacentista tradicional, acompañados de tallas, pinturas, trabajos de platería en altares y sagrarios, objetos que se han convertido en representantes del patrimonio arquitectónico y cultural del país.

Las iglesias de San Francisco, Santo Domingo, la Ermita, el Convento de San Agustín y la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción son algunos de los imperdibles. Para seguir la ruta hacia el sur hay que cruzar por Timbío, que cuenta con varios sitios de interés cultural, histórico y turístico. Siguiendo el camino, se encuentra un paraíso verde, que ha logrado preservar su fauna y flora a pesar de años de intenso conflicto, El Bordo. Una parada en la que además de observar el paisaje hay planes divertidos como el paseo en kayak por el río Patía.

A medida que se avanza van quedando atrás las montañas y ríos del Cauca para entrar en los imponentes paisajes nariñenses. Antes de Pasto aparece Chachangüí, ‘tierra de aguas claras’, uno de los sitios favoritos de los pastusos para descansar y hacer parapente sobre el Valle del río Patía.

Más adelante, junto a las faldas del volcán Galeras está la capital del departamento. Una ciudad en la que se preservan con orgullo las construcciones de la arquitectura republicana. Muy cerca está las lagunas de la Cocha y Verde, en el cono del volcán Azufral. Dos maravillas de Colombia que todos algún día deberíamos explorar.

Y llegamos a Ipiales, la primera ciudad colombiana en el extremo sur del país, donde se encuentra el Santuario de las Lajas, la iglesia más linda del mundo según el diario británico 'The Telegraph'. Al borde de un abismo en la cordillera de los Andes, a 2.900 metros sobre el nivel del mar, encima del cañón del río Guáitara, se levanta este imponente santuario. Una basílica de estilo neogótico considerada una maravilla turística de Colombia.

Foto: Istock

El santuario impresiona no solo por su belleza sino por las extraordinarias condiciones topográficas en las que fue construido. Para entrar se debe pasar por un puente de dos arcos, a cien metros de altura del río. Según cifras del gobierno colombiano, que en 1984 declaró el santuario Patrimonio Cultural de la Nación y en 2006 lo elevó a Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional, cada año lo visitan 750.000 personas, de las cuales unas 120.000 lo hacen para Semana Santa.

15 minutos de trayecto y se llega a la frontera entre Colombia y Ecuador, el Puente Internacional de Rumichaca, que en quechua significa puente de piedra. En el lado colombiano, sobre el río Guáitara, se forma un profundo cañón, los paisajes son espectaculares. Al otro lado cambia completamente la topografía, con más verdes intensos, que también dejan ver la riqueza natural de Ecuador.

Una vez se pasan los puestos de control migratorio en carro particular o transporte público, un proceso realmente fácil, es hora de guardar los pesos, sacar los dólares y empezar a conocer nuestro país hermano. Tulcán, la ciudad capital de la provincia de Carchi, está a solo ocho kilómetros, sobre una meseta rodeada de volcanes, lagunas, granjas agrícolas y parcelas que le dan un colorido especial creando un mosaico muy característico de la zona Andina. Y si en Pasto o Ipiales no probó el tradicional cuy, aquí tendrá la oportunidad de hacerlo.

Flickr. Diego Celso

Visitar la Catedral, construida a mediados del siglo XX, las iglesias de San Francisco, la Dolorosa y Cristo Rey; los parques Ayora y de la Independencia, y el Cementerio de Tulcán, su principal atractivo turístico, es el itinerario sugerido. “El más allá tiene un paraíso”, decían algunos. Y al entrar queda claro porqué. Ya es bastante extraño que en cementerio sea el lugar más seductor de una ciudad, pero este, sin duda, tiene algo muy especial. Sus caminos están adornados con el arte de la topiaria, una práctica de jardinería que da formas artísticas a las plantas con tijeras de podar. En el caso de Tulcán son los cipreses los que le dieron fama internacional. El inglés Anthony Julian Huxley, en su libro Historia ilustrada de la jardinería, menciona a este cementerio como uno de los mejores en el mundo de este arte.

Siguiendo por la vía Panamericana, a un poco más de dos horas, el camino lo llevará a Ibarra, la ciudad blanca de Ecuador, y capital de la provincia de Imbabura. Según un estudio de la Organización Mundial de la Salud, esta urbe es la segunda de Latinoamérica con el aire más puro y una de las que ofrece mejor calidad de vida. Aunque también es recordada por el gran terremoto de la madrugada del 16 de agosto de 1868.

Además de su belleza y riqueza paisajística con lagunas, cascadas y volcanes, es reconocida por su historia colonial, su pasado español e iglesias tradicionales. Deténgase en la Catedral, ubicada en el centro de la ciudad y construida justo después del terremoto; la Basílica La Merced, que se enorgullece de su altar cubierto por pan de oro y con un en estilo barroco y renacentista que respira historia y despierta devoción.

Antes de llegar a Quito está Otavalo, también de la provincia de Imbabura, declarada Capital intercultural de Ecuador. Muchos coinciden en que es la joya turística del país por su diversidad. Cascadas, ríos, lagunas, montañas y miradores lo harán disfrutar de una experiencia difícil de olvidar. También son tradicionales sus talleres artesanales, fiestas ancestrales y ferias populares.

Finalmente se arriba a Quito, capital del Ecuador y de la provincia de Pichincha, el volcán activo que vigila a la ciudad. Según National Geographic, su centro histórico es el mejor conservado de América Latina, a pesar del terremoto que lo sacudió en 1917. Y es justamente en este romántico e histórico lugar, donde se encuentran algunas de las iglesias más lindas y representativas de la región. No en vano, durante siglos ha sido conocida como el claustro de América por la concentración de iglesias y monasterios en un espacio reducido. Católicos y no católicos las recorren admirando su arquitectura, historia y belleza.

Según la Dirección Metropolitana de Territorio y Vivienda de Ecuador, en sus 3,75km² el Centro Histórico de Quito cuenta con 4.286 inmuebles inventariados como patrimoniales, de los cuales 64 están catalogadas como monumentales, 42% de arquitectura religiosa y 58% de arquitectura civil de la parroquia.

La Basílica del Voto Nacional, por ejemplo, debido a sus dimensiones y estilo está considerada como el templo neogótico más grande de América. Con más de 100 metros de altura, es imposible dejar de admirarla por varios minutos. Tanto por su estructura como por su estilo, es comparada con la Basílica de Saint Patrick en Nueva York y la Catedral de Notre Dame en París. Un detalle que la hace única son los reptiles y anfibios característicos de la fauna ecuatoriana que sobresalen en vez de las clásicas gárgolas. Fue inaugurada y bendecida por el Papa Juan Pablo II el 18 de enero de 1985.

Otra muy reconocida es la iglesia de la Compañía de Jesús. Su fachada es una sobresaliente obra de estilo barroco, construida en piedra gris de origen volcánico. Cada rincón está finamente labrado con ángeles, arcángeles y flores entre otras figuras. La iglesia fue levantada con ayuda de las talentosas manos de decenas de artistas de la Escuela Quiteña, anónimos la mayoría, quienes perpetuaron su habilidad y entrega para tallar y dorar con fina lámina de oro de 23 quilates cada centímetro de la iglesia.

La Catedral, una de las edificaciones que rodean la Plaza de la Independencia, tiene un estilo romántico clásico con influencias del barroco, mudéjar, rococó, neogótico y neoclásico. En su interior alberga una colección de pinturas y esculturas realizadas por renombrados artistas de la época colonial y republicana. La fachada de la iglesia de la Merced también es muy llamativa por sus portadas trabajadas en piedra. La plazoleta y el reloj inglés ubicado en lo alto de la cúpula son otros detalles que la hacen única, al igual que su biblioteca, considerada una joya americana tanto por su belleza, como por el valor histórico de los libros que guarda.

Las iglesias de San Francisco, el Sagrario, Santo Domingo, San Agustín, la capilla de Cantuña, entre muchísimas más, todas en el Centro de Quito, son una oportunidad extraordinaria de apreciar en impresionantes templos el arte, la cultura y la historia.