Francia, recorrido por una nación rebelde

Aunque los casi 650 mil kilómetros cuadrados que tiene Francia caben en media Colombia, su territorio es tan diverso como el nuestro. Viaje al pasado por un país que, además de historia, transpira cultura.

Por su diversidad y riqueza cultural, Francia fue reconocida por la Organización Mundial de Turismo como el país más turístico del planeta.Foto: iStock

Ocho mil quinientos noventa y nueve kilómetros separan a Colombia de Francia, una distancia que tan solo el año pasado recorrieron unos 70.000 colombianos que soñaban con conocer esta nación europea, inspirados en las historias de amor, en las películas o en la forma como los grandes escritores han plasmado las calles parisinas. El interés persiste, a pesar de los ataques terroristas que comenzaron el 7 de enero de 2015 contra Charlie Hebdó y siguieron con la masacre en el Bataclan y el camión suicida de Niza.

En 2014 Francia fue el país que más viajeros recibió (83,7 millones), pero por cuenta de estos hechos, para julio del año pasado, los vuelos disminuyeron 5,8% y las reservas hoteleras cayeron 20%. Sin embargo, los números por parte de Colombia no han dejado de crecer. En 2013, más o menos 70 mil colombianos visitaron el país galo y la meta es llegar a los cien mil. Además, son más de 3.500 los connacionales que están estudiando en una institución o universidad francesa. La gratuidad y calidad de su educación han hecho que nuestro país, después de Brasil, sea el que aporta el mayor número de jóvenes que viajan de intercambio desde América Latina y el Caribe.

Francia, al igual que Colombia, es una tierra diversa, aunque su tamaño es la mitad del que tiene el territorio nacional. Los Alpes que se visten de blanco en el invierno, su extraordinaria Costa Azul, el sur francés reconocido por sus vinos y la riqueza histórica plasmada en la arquitectura y los monumentos (hay más de cinco mil iglesias de la Edad Media) hacen que valga la pena regresar una y otra vez.

Y 2017 es particularmente especial para los colombianos, por cuenta de la celebración del Año Colombia-Francia. 365 días en los que podremos disfrutar de lo mejor de su literatura, música y cine, sin necesidad de atravesar el Atlántico; y los franceses se deleitarán con el talento nacional que viajará hasta sus ciudades para enriquecer la agenda cultural del segundo semestre.

Tras los pasos de la historia

Mayo de 1968. El mundo veía cómo Estados Unidos y la Unión Soviética, las dos potencias políticas y económicas del momento, se enfrentaban, indirectamente, para probar cuál era más fuerte. Eran tiempos de zozobra. Multitudes de estudiantes y trabajadores franceses, emulando a los ciudadanos que siglos anteriores habían hecho lo mismo, salieron a la calle colmando los Campos Elíseos y marcharon hacia La Bastilla, exigiendo al gobierno que los escucharan. Esas protestas, dirigidas entre otros por Dani el Rojo, un estudiante anarquista, inspiraron a miles de personas en una década que marcó un antes y un después en las ideas liberales de occidente.

Ese episodio, consagrado en libros de historia y en canciones con el sencillo nombre de Mayo del 68, quedó impreso en la historia moderna de Francia y fue tan decisivo que, casi cinco décadas después, algunas de las consignas de estos inconformes siguen resonando como la de “prohibido prohibir”. Y es que así es Francia, un país que más allá del romanticismo que inspiran sus plazas y calles está en una constante lucha contra el statu quo.

Un espíritu rebelde que se fue forjando con el tiempo y que se ha ido nutriendo de sus primeros pobladores, muchos provenientes de Grecia, Roma y Gran Bretaña; de las dinastías como la Merovingia, la Carolingia y los Capetos, cuyas huellas se preservan en impresionantes castillos y fortalezas que levantaron para defenderse.

La mayoría de esos castillos ya existían cuando empezó uno de los períodos por los que ahora Francia es reconocida como referente artístico y arquitectónico, gracias a que todavía es posible apreciarlo plasmado en hermosas obras: el Renacimiento, un movimiento italiano que se sintió con fuerza en el país galo. De hecho, uno de sus principales exponente, Leonardo Da Vinci, murió en territorio francés y algunas de sus obras se encuentran exhibidas en el Museo de Louvre, en París.

El siglo XX fue agridulce para Francia, que se vio afectada por las dos guerras mundiales, especialmente por la Segunda, durante la cual los alemanes se tomaron buena parte de su territorio. Sin embargo, siguió siendo punto de encuentro y lugar de inspiración para escritores, músicos y pintores. Por ejemplo, esos años marcados por la ruina de la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión quedaron bellamente retratados en obras como las de Ernest Hemingway y en cafés como el de Flore y Les Deux Magots, donde se reunían el nobel de la literatura estadounidense, Truman Capote; James Joyce, Picasso y otros tantos para arreglar el mundo.

Francia hoy

Esa historia tan particular y rica ha traspasado las fronteras del tiempo y ha quedado grabada no solo en la memoria de quienes la vivieron (Hemingway decía que París siempre acompañará a quien viva en ella), sino de las personas que se han interesado por conocerla.

Por eso, Francia es actualmente, según la Organización Mundial de Turismo (OMT), el país más turístico. Sus calles transpiran cultura. Esta nación es un referente de la literatura y del cine, del que también fue cuna a finales del siglo XIX, gracias a la creatividad de los hermanos Lumiére. Es el destino predilecto para esas personas que quieren viajar en el tiempo, conocer del arte rupestre, sobre el Imperio Romano, la Edad Media, la Ilustración y el mundo contemporáneo.

Su apasionante historia la han convertido en un referente de tolerancia, buen vivir, estética y respeto por la diferencia. Valores que, aunque a veces se sacuden por cuenta del terrorismo y el complejo fenómeno de los inmigrantes, forman parte del ADN de un país que evoca sentimientos de amor y nostalgia, de alegría y gratitud. Un colorido y fascinante destino que encabeza la lista de los lugares imperdibles del Viejo Continente.

Infaltables

Museos: el arte es uno de los atractivos franceses, por eso vale la pena recorrer espacios como el Museo de Louvre, el de Picasso y el de Arte Moderno de París.

Edificaciones: los cuadros y esculturas que cuelgan de los museos no son los únicos elementos que dan cuenta de los distintos movimientos artísticos que se han gestado en el país, su arquitectura también tiene mucho qué decir. Por eso, además de la Torre Eiffel, vale la pena conocer la Catedral de Notre Dame, el Arco del Triunfo y el Palacio de Versalles.

Viñedos: los más populares son los del Valle de Loria, Borgoña y Lyon. Además de las catas, disfrutar de los paisajes y alojarse en un hotel con una buena cava son experiencias memorables.

Cafés en la Ciudad de la Luz: Los cafés parisinos son una escala obligada. Desde escritores hasta compositores, pintores, músicos, actores y políticos han pasado por allí. Es el caso del Café de Flore, fundado en 1887. En él se sentaron Ernest Hemingway, Truman Capote, Picasso y el músico Jim Morrison. También está el Café de La Paix, abierto al público desde 1862 y declarado monumento histórico más de un siglo después (1975); y el de Les Deux Magots, que lleva abierto más de 130 años, recibió a Hemingway y se ha convertido en un punto de referencia para locales y turistas.

Etnoturismo: Francia ha alcanzado un gran reconocimiento gracias al vino que produce. Y no es para menos, pues la región del sur cuenta con viñedos donde se fabrican distintos tipos de este exquisito licor. Rosellón y Cerdeña son dos de los lugares preferidos por los catadores más expertos y los entusiastas de esta bebida, debido a que no sólo es una tradición que se remonta varios siglos, sino por el hecho de que los viñedos han ampliado su negocio y ahora ofrecen toures, desayunos y hasta alojamiento.

Gastronomía

En 2010, la cocina francesa fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco. Además de sus 600 tipos de quesos (es el país del mundo donde más se consume este alimento) y de la rica variedad de vinos, cuenta con deliciosos platillos como la quenelle (una pasta a base de harina, mantequilla y huevos, acompañada de carne desmenuzada), la tradicional sopa de cebolla (cuya receta más antigua se encuentra consignada en un libro de cocina del siglo XIV) o la andouillette (una salchicha hecha con tripas de cerdo y especias). Otro atractivo son las 30.000 boulangeries o panaderías que hay en el país, famosas por el pan francés, protagonista de la Revolución Francesa, el baguette, los panecillos de champagne o el pan bretón.

De la Costa Azul a Los Alpes

En la Costa Azul, además del encanto del Mediterráneo, se encuentran algunas de las ciudades francesas más famosas, como Niza y Cannes, en las que vale la pena detenerse para conocer una faceta todavía más exquisita de la cultura y el estilo de vida galo. Para viajeros más aventureros están los Alpes, en donde se puede practicar, dependiendo de la época del año, rafting, exploraciones en cuevas, senderismo, montañismo y esquí.