Guatapé, el pueblo más colorido de Colombia

A dos horas de Medellín se encuentra el Pueblo de los Zócalos, llamado así por los curiosos ornamentos que adornan las fachadas de las casas.

Jessica Devnani, www.pinkplankton.com

Hace dos meses la tragedia de El Almirante, la embarcación turística que se hundió en el embalse de Guatapé, colmaba los titulares de las noticias colombianas. La irresponsabilidad, sin embargo, no es un rasgo que caracterice al sector turístico de este municipio antioqueño, considerado uno de los pueblos más coloridos del mundo.

El título, no oficial, se lo han dado los viajeros que llegan luego de dos horas de recorrido desde Medellín para maravillarse con los vibrantes colores de las fachadas de las casas, en su mayoría de estilo colonial y se ha replicado en revistas especializadas como Lonely Planet. La culpa de tanto matiz la tienen, en gran medida, los zócalos que decoran la base de las viviendas y le dan una identidad única al pueblo.

Se trata, prácticamente, de obras de arte hechas en concreto creadas por José María Parra a mediados del siglo pasado para decorar su hogar y que poco a poco se fueron tomando las fachadas de todo el pueblo. Usualmente ilustran imágenes de la historia de Guatapé o las actividades a las que se dedica el local o la familia dueña de la casa.

Tal es la importancia que tienen estos adornos que no sólo la iglesia principal los tiene, sino que incluso existe una plaza entera dedicada a ellos, conocida como la plazoleta de los Zócalos. Además de las graderías adornadas con los diseños más bellos, destacan los edificios de colores amarillo, rojo, rosado, verde, morado y azul brillante que resguardan algunos de los mejores bares y cafés culturales del pueblo, así como las tiendas de artesanías, donde incluso se pueden conseguir versiones en miniatura de los zócalos.

Desde la plazoleta no es difícil llegar hasta la calle del Recuerdo, donde todavía se pueden encontrar algunas de las casas más antiguas, grandes y coloridas, así como los primeros zócalos hechos por Parra, ahora restaurados, y la historia más detallada de dichos ornamentos. Luego de recorrer esta vía empedrada, hay que bajar al malecón.

Al embalse de Guatapé también se lo conoce como el “mar interno” de Antioquia, por su extensión de 2.200 hectáreas. Al llegar al muelle, abundan las actividades acuáticas, como alquiler de jetsky, de barcas de pedal y de kayak, o recorridos guiados por la represa en lancha. Si contrata uno de estos, podrá visitar el sitio donde solía estar el antiguo pueblo, inundado por la construcción de la hidroeléctrica, el museo del embalse, la casa bombardeada de Pablo Escobar y varios islotes, como la isla de la Fantasía, que ofrece alojamiento. Si va a abordar, recuerde siempre pedir chaleco salvavidas.

Tampoco se puede abandonar Guatapé sin visitar la piedra del Peñol, que con sus 220 metros de altura resalta sobre el horizonte de montañas verdes. Si bien los 740 escalones de subida son exigentes, vale la pena terminar el viaje con una de las mejores vistas panorámicas del país.