Las procesiones de Sevilla, el alma de la Semana Santa

Casi el 30% de los habitantes de esta ciudad española pertenecen a una de las 60 cofradías que por estos días recorren las calles entonando cantos y cargando enormes figuras bañadas en oro.

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Dice la canción que Sevilla tiene un color especial, diferente. La mejor manera de corroborar esa descripción tan abstracta es visitando la ciudad española durante la Semana Santa, cuando en sus calles se revive la pasión de Cristo a través de multitudinarias y conmovedoras procesiones.

De las 69 hermandades y cofradías que hay en Sevilla, solo 60 están autorizadas para transformar la ciudad en una pasarela sacra desde el domingo de ramos hasta el domingo de resurrección, y así conmemorar la pasión, muerte y regreso a la vida de Jesús. Recargadas imágenes en madera del redentor cristiano, la virgen, los apóstoles y los santos romanos engalanan las calles mientras avanzan en medio de una nube de esencias de azahar e incienso.

El centro de atención son las figuras hermosamente talladas —se les conoce como Pasos—, adornadas con finas ropas y joyas. Usualmente miden más de cinco metros de largo y dos y medio de ancho, por lo que se requiere de hasta 50 hombres (llamados costaleros) para cargarlas. La mayoría son representaciones de Jesús y la virgen durante las diferentes etapas del viacrucis, aunque también se encuentran los santos patrones de cada una de las hermandades.

Estas cofradías, que a su vez representan a una iglesia o barrio sevillano, son las que vienen detrás de cada Paso. La Vera Cruz, Los Negritos, el Silencio y el Santo Entierro, tan antiguas como esta celebración, congregan a miles de seguidores, mientras que las más jóvenes apenas llegan a los cientos. No obstante, todas ofrecen un espectáculo similar: hombres vestidos de sotanas con sus rostros cubiertos por capirotes, capuchas puntiagudas con dos aberturas para los ojos, que las cargan en silencio. El color de la sotana cambia de acuerdo a la hermandad, imprimiéndole un tono diferente a cada recorrido.

Conocidos como nazarenos, estos voluntarios en realidad participan en la procesión a modo de penitencia. Tienen prohibido hablar y muchos, incluso, deciden hacerla descalzos. Pero esto no ha sido impedimento para que los feligreses y curiosos que observan la sentida marcha la acompañen con música. Es tradición que los sevillanos se asomen a sus balcones para cantar saetas, canciones flamencas con mensajes nostálgicos, que todos se detienen a escuchar para una vez terminen iniciar nuevamente el recorrido.

Para evitar el caos que supone 60 procesiones en una semana, el Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla asigna un día, hora y ruta para que cada hermandad haga su recorrido. La procesión arranca en la iglesia a la que pertenecen y aunque transcurren por diferentes calles, todas pasan por la Carrera Oficial, que comienza en la plaza de la Campana, continúa por la calle Sierpes hasta la plaza de San Francisco y sigue por la Avenida de la Constitución, donde las vías empedradas se convierten en la antesala del centro histórico. A lo largo de este tramo obligatorio se instalan sillas y palcos que es posible reservar por internet.

La marcha concluye en la catedral de Sevilla, un imponente edificio de altísimas bóvedas y jardines de naranjos, considerada la iglesia gótica más grande del mundo. Además de sus puertas talladas y de la ceremonialidad que la reviste durante la Semana Santa, es un lugar que vale la pena visitar, entre otras cosas, para conocer la tumba de Cristóbal Colón y los reyes católicos, y los palacios que componen el real Alcázar y el Archivo de Indias, en los que se conserva la información de todos los barcos que fueron y volvieron de América durante la colonia. Una especie de museo náutico.

Al cruzar el portón de San Miguel, las cofradías atraviesan la catedral para salir por la puerta de Palos y regresar a sus iglesias sede por una ruta diferente a la que usaron para llegar. Teniendo en cuenta que los recorridos pueden durar hasta cuatro horas y que si las hermandades no son capaces de cumplirlos debido a las condiciones meteorológicas o logísticas no podrán volver a intentarlo hasta el año siguiente, lo mejor es programarse para asistir a las más llamativas y tradicionales.

Por ejemplo, la cofradía de Vera Cruz, que sale el lunes santo cargando un Cristo del siglo XVI, o las hermandades de la Carretería y de San Isidoro, que cada viernes santo desfilan alzando la cruz de guía más antigua de Sevilla, que data del 1700 y el Cristo de las tres caídas, vestido con una túnica de terciopelo granate con bordados en oro. Pero es bueno que guarde energías para la “madrugá”, el evento principal de la Semana Santa sevillana.

Como su nombre lo indica, tiene lugar en las madrugadas del jueves y viernes santo, cuando las cofradías más antiguas de la ciudad hacen sus procesiones. Más de 500 mil personas se aglutinan en las calles para ver el paso de la Hermandad del Silencio, el Gran Poder con su paso hecho totalmente en oro; el Calvario, los Gitanos, la Esperanza de la Triana y, por supuesto, la Macarena y su legión de 120 soldados de la guardia pretoriana de Roma, uno de los espectáculos que no hay que perderse. El evento arranca pasada la media noche y se extiende hasta las dos de la tarde del día siguiente.

No se puede abandonar Sevilla sin pasear por el tradicional barrio de Triana, donde se encuentran los mejores tablados para disfrutar del flamenco sevillano, o sumergirse en los baños árabes, ideales para relajarse después de caminar con los nazarenos y los costaleros. El final de cada tarde se presenta como una oportunidad para conocer la rivera del Guadalquivir, el río que en más de una ocasión vio partir a los navegantes españoles, hambrientos de tesoros y con ganas de evangelizar la América recién descubierta.

Tip viajero

Antes de comenzar el recorrido por la ciudad vale la pena acercarse a la oficina de turismo para conseguir la tarjeta Sevilla Fidelio. Con ella se accede a descuentos en diferentes lugares como museos, casas flamencas, tour operadores, restaurantes, tiendas y hoteles.

Qué comer

Las torrijas, son el dulce oficial durante la temporada de Semana Santa. Están hechas de pan, huevos, vino blanco, miel y canela y suelen ser repartidas durante las procesiones por niños vestidos de monaguillos.