Londres en tiempos de Shakespeare

Aunque el famoso autor vivió hace un poco más de 400 años, en la capital inglesa todavía se siente su paso. Historia de la ciudad donde un hombre cambió el curso de la literatura.

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Los lugares son historias. Hay ciudades que llaman la atención por su belleza, sus antecedentes, su capacidad de mantenerse a pesar del pasar del tiempo, por los mismos secretos que esconden o por permitir imaginar cómo era la vida en otras épocas. Ese es el caso de Londres, capital de Gran Bretaña y protagonista de hechos determinantes de la historia de la humanidad.

Su protagonismo, sin embargo, no solo es por cuenta de sucesos como las dos guerras mundiales o la Revolución Industrial, también gracias a personajes cuyo legado perdura en el tiempo como William Shakespeare, considerado por muchos críticos y estudiosos el autor más importante de habla inglesa y uno de los principales representantes de la literatura universal.

Los casi 52 años que vivió (26 de abril de 1564 – 23 de abril de 1616), fueron prolíficos. Escribió alrededor de 200 obras, entre sonetos, dramas de teatro y obras líricas. Por eso es que después de 400 años quienes visitan la ciudad atravesada por el río Támesis siguen encontrando el rastro de un hombre que ya hace parte de la cultura popular.

Su historia, sin embargo, sigue siendo motivo de intriga. Se ha especulado sobre su ideología política, su familia, religión, tendencias sexuales y hasta de su talento e inteligencia. Y aunque en Londres solo vivió después de 1590 y hasta 1611 (cuando se retiró), bastaron dos décadas para que su paso en la ciudad fuera recordado durante siglos.

Ni siquiera el incendio de 1666 que arrasó con casi toda la capital de Gran Bretaña pudo acabar con su recuerdo, que se preserva especialmente en los lugares donde Shakespeare hizo historia. Aunque no se sabe con certeza qué fue de su vida entre 1585 (cuando nacieron sus mellizos Judith y Hamnet, quien murió a los once años) y 1592 (año en que se cree se instaló en la capital inglesa), al llegar a Londres ya era un dramaturgo reconocido y consagrado.

Trabajaba como actor, escritor y copropietario de una de las compañías más importantes de la época isabelina: The Lord Chamberlain’s Men (Los hombres de Lord Chamberlain). Fue en ese grupo que logró resaltar, principalmente, por su papel en el teatro The Globe. Y es justamente ahí donde empieza este recorrido por la vida de Shakespeare.

En 1997 se abrió una réplica que no solo imita la estructura del primer edificio, sino también las costumbres de la época. Así que los asistentes a las obras del bardo deben disfrutarlas de pie o en unas sillas de madera, y siempre al aire libre, lo cual nunca ha sido un problema, a pesar de lo fuertes que se sienten el invierno y el verano. Pero ese no es el único vestigio del paso del dramaturgo por Londres.

También sobresale el Sam Wanamaker Playhouse, el lugar al que se trasladaba la compañía de Shakespeare en los inviernos más fríos, y The Rose, el primer teatro al sur del Támesis, redescubierto en 1989 y donde se conmemoró el aniversario de los 450 años del natalicio del bardo en 2014. Pero las obras del dramaturgo no se interpretaban en un único sitio. Gracias a la importancia de su compañía, que pasó a llamarse The King’s Men luego de que el rey Jacobo I la adquiriera, sus obras se trasladaban a donde fueran invitados.

Así es que como lo hizo Shakespeare junto con su compañía en 1602, puede visitar el Salón del Middle Temple (uno de los puntos de encuentro más importantes de los Caballeros Templarios) y conocer donde se lanzó, en presencia de la reina Isabel I, La duodécima noche o conocer la Somerset House, una de las edificaciones más importantes del centro de la ciudad, que ahora es la casa de la Real Academia de la Literatura y el sitio en el que se presentó uno de sus creaciones más importantes: Otello.

Sin embargo, no solo es en los teatros donde se puede comprender la vida de este artista en la época isabelina. También se encuentra, por ejemplo, la posada George Inn, en la que se cree pasaba las noches en compañía de sus colegas. O la Catedral Southwark, donde, en 1607, fue enterrado su hermano Edmund, y la Abadía de Westminster, específicamente La esquina de los Poetas, que alberga una escultura de mármol dedicada a él y levantada 124 años después de su muerte.

De esta forma Londres se muestra más allá del presente, enseñándoles a propios y foráneos la vida de uno de los poetas más importantes de la historia, que, gracias a su obra, terminó convirtiéndose en un querido patrimonio de la humanidad.

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