Oasis peruano

A dos horas y media de Lima se encuentra esta exótica población, en la que sus habitantes conviven, en medio del desierto, con leones marinos, delfines y pingüinos.

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El 7 de septiembre de 1820 seis barcos de la expedición Libertadora de Perú, comandados por el general José de San Martín, desembarcaron en Paracas. Un espectacular y exótico balneario del departamento de Ica, que cautiva a los viajeros con sus playas habitadas por delfines, lobos marinos y pingüinos, y custodiadas por enormes dunas y un caluroso desierto. 

Además de su significado para la historia de la independencia del país vecino, Paracas, que en quechua significa lluvia de arena, se ha posicionado como un atractivo destino turístico, especialmente entre los aficionados a deportes como el kite y el surf. Para llegar hay que salir de Lima. El tiquete de autobús cuesta entre US$ 20 y US$ 40, y el alquiler de una camioneta unos US $480. Son tres horas y media de viaje por una vía que al comienzo es bastante congestionada, pero que con el tiempo se torna más tranquila y apacible.

Aplicaciones como Waze permiten movilizarse sin contratiempos. En el aeropuerto venden tarjetas sim de 2 gigas con las que se puede tener internet e, incluso, realizar cierto número de llamadas locales e internacionales. Cuesta entre US$50 y US$60 y debe devolverse antes de partir. 

Parar a comer en Miraflores, en un restaurante frente al mar, en la llamada zona rosa de Lima, vale la pena; aunque a lo largo del trayecto se consigue buena comida antes de las 10:00 de la noche. Para dormir las opciones son muchas. Está el Hilton, hostales desde US $9 la noche y la posibilidad de alquilar una casa hasta para 14 personas por unos $350 mil cada una, durante ocho días. 

En este pueblito costero, de un poco más de cuatro mil habitantes, la vida transcurre sin prisa y en medio de la fascinante naturaleza. La Reserva Natural de Paracas es un paraíso de arena y playas como la de Laguna Grande, en donde el viento sopla con fuerza y los kitesurfistas navegan en medio de familias de leones marinos. Sin embargo, sus orillas no se han salvado de la basura, que se represa por cuenta del descuido tanto de los pobladores de los dos pueblos vecinos como de algunos turistas. 

Otra playa emocionante es El Playón, en donde las olas se levantan varios metros y los surfistas se divierten en ellas. A 15 minutos de Paracas está Pisco y a dos horas Ica, dos poblados grandes a los que vale la pena ir para pasear por entre sus pintorescas calles y seguir disfrutando de los ceviches, tiraditos y el pescado fresco en diversas preparaciones. 

En Paracas también se come muy bueno. No deje de caminar por el malecón y probar los arroces marineros y el popular pisco en cualquiera de sus restaurantes. La vida nocturna es bastante activa, los extranjeros se juntan para divertirse en las discotecas y en hostales como Cocoteli se rumbea hasta que sale el sol. La única recomendación es siempre preguntar en qué playa es posible bañarse con tranquilidad, pues en muchas abundan las mantarrayas. En este desierto frente al mar la naturaleza todavía sigue mandando.

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