Panaca, un campo de diversión

En sus 2,8 km² se buscar crear conciencia, a través de espectáculos y actividades en las que los animales son protagonistas, del valor de la vida rural. Una experiencia para disfrutar en familia.

Espectáculos con caballos, perros y hasta cerdos miniatura sorprenden a los visitantes del parque.Óscar Pérez-El Espectador.

Quindío no da la impresión de ser un departamento que colonizó el monte para fundarse. Parece, más bien, un territorio que creció a la par de la naturaleza, que la aprovecha en vez de destruirla. Por eso no sorprende que en el avión que aterriza en el aeropuerto de Armenia, pasadas las siete de la mañana de un sábado, pase un hombre mayor vestido con alpargatas, carriel, camisa, sombrero y pantalón café.

En la mayoría de sus doce municipios se siente poco el ambiente de ciudad. En el territorio quindiano –que no es muy grande, de hecho es considerado el segundo departamento más pequeño de Colombia después del archipiélago de San Andrés y Providencia, con apenas 1.845 kilómetros cuadrados– hay un espacio de 2,8 kilómetros que pertenece a Panaca.

Un escenario fundado el 7 de diciembre de 1999, y que con menos de 20 años es reconocido como el parque temático agropecuario más grande de Latinoamérica, gracias a los más de 4.500 animales que lo habitan. Dentro de sus atractivos se destacan espectáculos como Travesía, Cinco continentes al galope, dirigido por Jimmy Rangel, un colombiano reconocido por ser coreógrafo del Circo del Sol.

También resultan fascinantes el espectáculo de perros amaestrados, las carreras de cerdos miniatura que compiten mientras dos trovadores animan al público y la obra Las aventuras de Flor Azucena y Campo Alirio, en la que dos actores, imitando las costumbres y el humor paisa, cuentan durante media hora las bondades de la vida en el campo.

Los visitantes disfrutan de emocionantes actividades como el canopy, en un recorrido de cinco tramos (uno de ellos es el más largo de Colombia, con 750 metros), parando en siete estaciones, que se pueden recorrer en un solo día, no sólo volando, sino a pie o en los taxis carrozas, halados por dos caballos. La experiencia, por supuesto, incluye la interacción con animales y la posibilidad de conocer desde el proceso de sericultura (que se realiza con gusanos de seda) hasta alimentar a distintos tipos de bovinos. En cada estación, tanto guías del parque como letreros explicativos, van contando datos interesantes de la vida en el campo.

Y es que el propósito de Panaca va más allá del entretenimiento. Por supuesto, la diversión es parte fundamental de lo que se hace en el parque, pero el gran mensaje que se quiere transmitir a los visitantes es que sin el campo no hay ciudad. Así lo explica Luis Javier Botero, director ejecutivo. Inspirados en los objetivos del milenio de la ONU, cuenta, Panaca busca crear conciencia en el público, que se caracteriza por su variedad, pues van desde niños pequeños hasta grupos de adultos mayores.

Aunque cuando habla puede sonar un poco alarmista, asegura que la tarea más importante del parque, y en la que se ha enfocado durante toda su historia, es mostrar, a quienes no la conocen, la riqueza del campo y su importancia, con la intención de que lo valoren y reconozcan sus beneficios. “Si no cambiamos la forma en la que estamos viviendo, antes del fin del siglo la humanidad estará extinta”, dice, refiriéndose a la necesidad de que desde las ciudades se voltee a mirar al campo, no con condescendencia, sino con interés y preocupación.

Tan solo un año después de que Panaca abriera sus puertas, se creó Fundapanaca, una especie de escuela para darles clases a los trabajadores, que se ha ido transformando con el tiempo. Antes de asumir la dirección del parque, Botero trabajó como asesor de Noviolencia y hoy, cuenta orgulloso, esa metodología se ha aplicado y a través de la Fundación se han capacitado reinsertados y soldados retirados que en 90 días reciben un cartón. “Con este sistema de formación –dice– se busca cambiarles la vida a esas personas”.

Una iniciativa que ilustra la filosofía de Panaca de conectar lo urbano y lo rural mediante la educación y la diversión, que resulta consecuente con una región como el Eje Cafetero, muy arraigada a sus costumbres. La última frase de Campo Alirio en su show, “el día que falten los campesinos, la gente de la ciudad se dará cuenta de que los billetes no se comen”, queda retumbando en la memoria de quienes se animan a recorrer este inmenso parque.

* Invitación de Panaca

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