Un tesoro llano adentro

El turismo en este municipio del departamento del Meta está determinado por la naturaleza. En 11.000 kilómetros cuadrados ofrece sensaciones y experiencias únicas a través de rincones como la laguna del Silencio, el bosque de las Marimbas y Los cristalitos.

iStock

En 11 mil kilómetros cuadrados el departamento del Meta conserva un paraíso. 225 kilómetros lo separan de Villavicencio, la capital. La temperatura promedio es de 25°C y goza de una riqueza de flora y fauna que difícilmente se puede enumerar, además de una ubicación privilegiada gracias a que en él confluyen tres extraordinarias y exóticas regiones: la Orinoquia, la Amazonía y Los Andes.

Su rincón más conocido es Caño Cristales, pero este espectacular cuerpo de agua de colores es tan solo una de las maravillas de La Macarena. En realidad, se trata de una microcuenca que nace dentro del Parque Nacional Natural Sierra de la Macarena y desemboca en el río Guayabero, que se ha convertido en uno de los once destinos más reconocidos de Colombia en el mundo. 

Para llegar hay que hacer un recorrido en avión, canoa, carro y hasta caminando. Desde Bogotá y Medellín el trayecto se realiza a Villavicencio y desde allí en un vuelo que dura una hora hasta el casco urbano de La Macarena. Una vez en este municipio, los guías y turistas hacen un recorrido de 15 minutos en canoa por el río Guayabero hasta la vereda La Cachivera, desde donde se desplazan 8,4 km a pie, en bicicleta o en carro hasta el Manantial el Cajuche. En este punto, reciben una inducción y hacen el respectivo calentamiento para iniciar la caminata de 25 minutos hasta Caño Cristales.

Para complementar las actividades ecoturísticas, los visitantes pueden recorrer la laguna del Silencio, el bosque de las Marimbas y los pailones en el sector de la Cachivera; Los cristalitos y el Mirador en el Guayabero o el cerro Los Conejos en el sector Caño Piedra.

Todos tienen en común magníficos paisajes y frondosa naturaleza, así como el interés de la comunidad por el desarrollo y conservación de sus recursos y paisajes. Muestra de ello es que cada uno tiene definida una capacidad de carga para cada sendero con el fin de no perjudicar el entorno. La Cachivera, por ejemplo, solo puede recibir 54 personas por día y el río Guayabero 81, al igual que Caño Piedra.  

Por donde se mire, La Macarena es naturaleza. ​Así que todos los planes giran en torno a ella: senderismo, recorridos terrestres y acuáticos, en los que se promueven los llamados baños pasivos (que no requieren inmersión sino es el contacto del agua con las manos o los pies) y actividades de esparcimiento, así como de observación de la flora y fauna.

Y en todos, las recomendaciones son las mismas: confirmar con suficiente tiempo que haya la capacidad para el número de personas que viajan, conectarse con los operadores turísticos certificados para ultimar los detalles y resolver dudas, vacunarse contra la fiebre amarilla, llevar ropa para clima tropical -ojalá de un material que seque rápido- y envases retornables con agua para evitar dejar artículos plásticos por el camino.

Y una vez instalado, a darle gusto al paladar con la exquisitez de productos que ofrece la región como ternera a la llanera, cachama, capón de ahuyama (una calabaza rellena con arroz, maíz, carne de res, hogao y queso blanco) y pan de arroz.

Si programa su travesía entre el 29 de junio y el 3 de julio, la invitación es a que disfrute del Torneo Internacional del Joropo, la máxima expresión de la cultura llanera y el principal evento de la región, que tiene lugar en Villavicencio.

Temas relacionados