Viaje entre volcanes

Esta isla al norte de la región de Mindanao, en Filipinas, alberga la mayor cantidad de volcanes por metro cuadro del mundo. Entre su historia y biodiversidad, Camiguín es una opción para viajeros que buscan alejarse de las zonas más turísticas bañadas por el océano Pacífico.

iStock

Después de un recorrido de más de dos años desde Portugal, donde al final las raciones consistían en “galletas que ya no eran más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia, con un olor fétido insoportable porque estaban impregnadas de orina de ratas” -como reseñaba el cronista y explorador italiano Antonio Pigafetta-, Fernando de Magallanes, en marzo de 1521, llegó a Filipinas. Camiguín fue uno de los primeros lugares en los que atracó.

Aunque viajar a esta isla ubicada en la región de Mindanao del Norte, en Filipinas, ya no supone el peligro que representaba hace cinco siglos ni exige la aprobación del rey de Portugal, visitarla sigue siendo una aventura única. Además de una historia marcada por el mestizaje que dejó la conquista y la rebeldía de quienes han luchado contra los colonos, Camiguín es un atractivo en sí mismo: es el lugar del mundo donde hay más volcanes por metro cuadrado. En una extensión de apenas 240 km2 se encuentran siete de estas formaciones geológicas, una de ellas todavía activa.

A ella es posible llegar por varias rutas: viajar en avión hasta el aeropuerto de la isla (que cada año recibe alrededor de 220 aeronaves) o en ferry. Hay uno que va más lento y se tarda unas cuatro horas y está el rápido, operado por Ocean Jet, que se demora una hora y media sobre el mar. Ambos salen desde la provincia de Bohol y llegan al Puerto de Balbagon.

Ya en la isla, los visitantes se encuentran con un lugar que ha sabido conservarse, a pesar del auge turístico que experimenta Filipinas. Una de las primeras características que saltan a la vista es la arena negra que cubre la mayoría de sus playas y que se debe a la actividad volcánica de la isla desde hace unos 340.000 años.

Este pedazo de tierra se formó gracias al fuego y terminó adaptándose a éste, convirtiéndose en uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta. Es hogar de varias especies endémicas de aves y otros animales. Un plan imperdible es escalar el volcán Hibok-Hibok (el más alto de todos). Al llegar a la cima, después de un recorrido a pie que dura entre tres y cinco horas, se observa Camiguín en su totalidad y se puede disfrutar de un baño relajante en uno de sus icónicos termales: Ardent Hot Spring. 

Quienes viajan hasta este destino relativamente ignorado por los turistas en comparación con otros paraísos de Filipinas, también pueden visitar sus cascadas naturales. Algunas de las más reconocidas son Katibawasan (con casi 70 metros de altura), Binanawan y Tuasan.

Fuera de la selva también hay lugares atractivos para los turistas. Es el caso de Playa Blanca, que resalta, como su nombre lo indica, por el color de su arena que contraste con el negro que se impone en la mayoría de costas de Camiguín. En el océano también se encuentra otra de las curiosidades de la zona, aunque no es de origen natural: una cruz que se alza sobre el mar, a unos cuantos metros de la orilla. Fue construida en 1982 sobre lo que era un cementerio, sumergido bajo el agua entre 1871 y 1875 debido a las erupciones del Monte Vulcan.

La belleza de la isla, sin embargo, no se ve reflejada exclusivamente en su biodiversidad. También se nota en los isleños, con quienes no resulta difícil relacionarse, pues los hoteles en vez de alejarlos se preocupan por mantenerlos cerca. Y gracias a la celebración de eventos como el Festival de Lanzones en octubre, es posible sumergirse en una cultura llena de historia.

Temas relacionados