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Vivir 7 Feb 2016 - 9:58 am

El fenómeno de la superpoblación

¿Llegó la hora de frenar el crecimiento de Bogotá?

Con casi 8 millones de habitantes, Bogotá parece estar tocando sus límites como megaciudad. La disputa entre el alcalde Enrique Peñalosa y los ambientalistas por la reserva Thomas van der Hammen exige pensar en una política poblacional para el país.

Por: Redacción Vivir *
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Sector El Codito, norte de Bogotá, donde se evidencia el avance sobre los cerros orientales. / Cristian Garavito
 

Esta semana las llamas devoraron un gran fragmento de los cerros orientales de Bogotá. Uno de los límites naturales de la ciudad. Miles de estudiantes de las universidades y habitantes de los barrios del centro fueron evacuados. Al mismo tiempo que el humo cubría el cielo capitalino, en las páginas de los periódicos, en las emisoras de radio y en las conversaciones de cafetería subía la temperatura del debate por el futuro del otro límite de la ciudad, el del norte, la reserva forestal Thomas van der Hammen.

Los protagonistas de la acalorada discusión eran, de un lado, los urbanistas que respaldan la idea del alcalde Enrique Peñalosa de construir viviendas para 1,7 millones de personas, expandiendo los bordes de la ciudad hacia el norte. Del otro, los ambientalistas que se niegan a que caiga una sola pizca de cemento sobre las 1.400 hectáreas verdes de la reserva.

Los primeros insisten en la necesidad de construir 80.000 viviendas en los próximos dos años. Y en que el lugar propicio es ese pedazo de tierra y el occidente. Argumentan que apenas el 7,8% de la reserva corresponde a ecosistemas de conservación, mientras que el 92,2% lo ocupan áreas deportivas, colegios, industrias, rellenos de escombros, casas y áreas agropecuarias.

Los segundos defienden la reserva, pues se trata de un corredor ecológico que conecta los cerros orientales, los humedales y el río Bogotá. Dicen que es parte de la estructura ecológica que necesita la ciudad para subsistir.

Enfrascados en la disputa, parece que un elemento esencial del debate está quedando por fuera: ¿es inevitable que Bogotá siga creciendo? ¿No será hora de intentar frenar el crecimiento de la capital y estimular el desarrollo de otros municipios y ciudades? ¿Tiene Colombia una clara política poblacional?

Según el alcalde Enrique Peñalosa, el área metropolitana de la ciudad va a triplicarse durante los próximos 40 años. Esto quiere decir que habrá 3 millones de habitantes más e implicaría 40 mil viviendas más cada año.

Bogotá arrolladora

Bogotá parece una fuerza imparable. Esta semana el conjunto residencial Las Acacias, ubicado en el barrio Cedritos, al norte de la ciudad, fue demolido. Allí vivían 14 familias, un total de 56 personas, en casas de dos pisos, altillos y patios grandes. Las casas fueron compradas por una constructora que diseñó una torre de 9 pisos, cada uno con 10 apartamentos, que albergarán más de 300 personas. Es una escena que se repite una vez tras otra en los barrios bogotanos.

Desde el Observatorio de Calidad de Vivienda Nueva, su director Diego Alejandro Velandia defiende esta densificación de Bogotá. Cree que tumbar construcciones, aprovechar espacios abandonados y echar la ciudad hacia arriba es la solución. Expandirse en cambio, dice, implica un inventario de retos, depredar el territorio y modificar el ciclo del agua. “Para el constructor es más sencillo y fácil construir en un predio vacío, pero el costo de las vías, infraestructura y demás lo asume la ciudad, y se pagan por muchos años”, comentó Velandia.

Javier Pérez Burgos, investigador de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, acepta que la ciudad pagaría un precio ambiental por intervenir esa zona, pero recuerda que la opción de densificar el centro es un lujo que le costaría una fortuna a Bogotá porque las herramientas actuales de renovación urbana lo han hecho un proceso difícil. Eso significaría derribar construcciones, ampliar vías, invertir en servicios públicos, sin contar el tormento que sería para los ciudadanos. “Hay un déficit de vivienda cualitativo y cuantitativo en Bogotá, ¿qué estamos dispuestos a sacrificar para cumplir con ciertas necesidades de vivienda?”, plantea.

Si expandirse por la sabana implica un precio ecológico y densificar uno económico impagable, es cuando el ambientalista Julio Carrizosa se pregunta si las soluciones de Bogotá no están en otro lugar. Y Juan Pablo Ruiz, columnista de este diario y consultor ambiental, coincide con su colega: “No hay una política nacional clara respecto al crecimiento demográfico ni una política de ocupación del espacio (¿dónde vamos a ubicar a la gente?), lo que significa que primero tenemos que definir nuestra posición frente a este tema para luego proponer ideas claras”.

Creciendo como conejos

La tensión entre expansión y conservación ecológica se está dando no sólo en Bogotá, sino en muchas ciudades del mundo. Según Paul Romer, director del Urbanization Project, una plataforma liderada por la Universidad de Nueva York (NYU) que le sigue la pista al crecimiento urbano mundial, las ciudades del planeta agregarán más gente en el siglo XXI que durante toda la historia de la humanidad. “Si una ciudad como Bogotá planea expandirse podría acomodar a millones de nuevos residentes. Crecer cada vez más la haría competir con otras grandes ciudades como París (12 millones de habitantes) o Londres (14 millones)”.

En el libro La cuenta atrás, el periodista norteamericano Alan Weisman quiso entender el problema de la sobrepoblación. Para explicar el ritmo al que crecemos, un millón de personas cada 4,5 días, recurrió a ejemplos aritméticos sencillos que muestran una situación insostenible. Cita el caso de una colonia de bacterias que se reproduce en una botella. Primero, una bacteria se divide en dos individuos. Esas dos hijas en cuatro. Las cuatro se convierten en ocho y así sucesivamente. Al cabo de una hora la botella no tendría más espacio. Las bacterias llegarían al tope. Para Weisman es claro que los humanos están ante un verdadero problema. Y los colombianos no parecen ajenos a ese desafío.

¿Alguien sabe para dónde vamos? 

En el octavo piso del Departamento Nacional de Planeación (DNP) lo primero que encuentra quien traspase la puerta del ascensor es un mapa de Colombia de más de 2 metros de altura. Parece colgado allí para recordarles cada mañana a todos los funcionarios e investigadores su misión: planear el desarrollo del país. Sobresalen en el mapa las 18 ciudades que han ido creciendo a lo largo del tiempo. Bogotá, claro, es la mancha más grande.

Para José Antonio Pinzón, subdirector de vivienda y desarrollo urbano del DNP, ese mapa es la imagen más clara de lo tarde que Colombia llegó a esta discusión sobre población y crecimiento de sus ciudades.

Sólo hasta 2014, cuenta Pinzón, se formuló la primera política pública poblacional para el país. De ahí para atrás es una historia de fracasos y tropiezos. Los estudios del DNP muestran situaciones desalentadoras. El 52,5% de la población urbana se encuentra en áreas con escasez de oferta hídrica, el 60% de los municipios definió inadecuadamente su perímetro urbano, el 14% de los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) del país no incluyeron suelo de protección. Y 61% están delimitados erróneamente.

Ordenar el territorio y entender la vocación de los suelos parece una tarea que les cuesta a todos los gobernantes. A los de Bogotá, pero también a los de los municipios más pequeños.

Germán Darío Álvarez, subdirector de suelos del Instituto Agustín Codazzi, cuenta que constantemente le llegan solicitudes y personas pidiendo que se redefinan los usos de terrenos particulares. La más insólita la hizo ocurrió hace unos meses cuando apareció en su oficina el mandatario de un municipio no muy lejano de Bogotá. “Señor”, le dijo, “cámbienos el uso de ese suelo que ustedes clasificaron como apto para la productividad agrícola. Es que ahí necesito construir”.

Álvarez intenta con paciencia explicarles que se trata de información técnica inmodificable. El crecimiento poco planeado de Colombia, dice, ha provocado que los suelos se utilicen de manera errónea. Un ejemplo claro es la sabana de Bogotá, que cuenta con uno de los mejores suelos del país para agricultura. “Uno de los mayores culpables es Bogotá misma, que ha promovido el desorden de todo el departamento. Por atender el crecimiento urbano, perdió su vocación agropecuaria”.

“Durante mucho tiempo fuimos por un camino incorrecto y crecimos como ciudades individuales. Ahora, como las tendencias poblacionales son inevitables, la idea es que crezcamos como región. Es importante ponernos de acuerdo y trabajar juntos. Hay que borrar esos límites imaginarios. Hoy vamos por buen camino”, concluye Pinzón, de Planeación Nacional.

Decisiones sin cifras

El último censo se realizó en 2005 y estimó que la densidad poblacional de Bogotá era de 26 mil personas por km2. En Bombay (la ciudad más densamente poblada del mundo) es de 30 mil personas por km2, y Lima alcanza las 12 mil personas por km2 (teniendo casi la misma población que Bogotá).

Algunas cifras indican que aunque Bogotá llegó a crecer al 7% décadas atrás, hoy su crecimiento se está estabilizando. Así lo cree Álvaro Pachón, Ph.D. en Economía de la Universidad de Harvard y una de las personas que más ha estudiado el crecimiento demográfico en Colombia. Según él, la capital recibe 100 mil personas al año y eso, en sus palabras, es un aumento manejable.

Pero reconoce que la capital junto a Medellín y las ciudades del Caribe conformaron por mucho tiempo el llamado círculo de oro. Estas regiones se convirtieron en el centro de migración en parte porque ahí se concentraba el crecimiento industrial y la población mejor cualificada.

Una concentración de poder que ha alcanzado proporciones a veces ridículas: ¿por qué la Armada Nacional, la autoridad encargada de proteger y vigilar los mares, tiene su principal sede en Bogotá?, se pregunta Javier Pérez, de la Universidad de los Andes; ¿por qué las oficinas de la Gobernación de Cundinamarca no pueden residir en un municipio más pequeño? Y soñando un poco con la descentralización llega a imaginar que el Ministerio de Ambiente se desplace al Chocó o el de Comercio a Barranquilla.

Planificar familias, tarea a medias

Juan Carlos Vargas, gerente de investigaciones de Profamilia, considera que el problema poblacional que hoy estamos viviendo comenzó a gestarse tiempo atrás pues el país eludió una discusión a fondo de sus políticas de salud sexual y reproductiva por muchos años. Hoy está convencido de que el país cuenta con una política moderna que ha mejorado el acceso a servicios anticonceptivos. Resalta que el 99% de las mujeres conoce esos métodos y el 75% los usa. Aun así, la piedra en el zapato es el embarazo no deseado. En 2010 el 52% de los partos eran no planeados o no deseados. “Y aunque eso indica que debemos mejorar en la adherencia de anticonceptivos, el crecimiento poblacional es positivo: se ha logrado disminuir. En la década del sesenta una mujer tenía siete hijos. Ahora, el promedio es de 2,4”, comentó.

En palabras del doctor Vargas, esa cifra ubica a Colombia en el conjunto de países latinoamericanos que han avanzado en el control del crecimiento poblacional. La meta es que ese dígito baje a 2. En los resultados de la Encuesta Nacional de Salud, que serán presentados en tres o cuatro meses, se podrá observar si el país va por el camino correcto y no por la ruta equivocada que tomó hace cinco décadas.

Una iglesia más progresista

Se podría pensar que una de las trabas para detener el crecimiento acelerado de la población es la inclinación religiosa de los países. Por ejemplo, la religión católica prohibía el uso de métodos anticonceptivos, como el condón y la píldora, y estaba a favor de la planificación natural. Pero eso era cosa de antes porque como comentó el sacerdote jesuita Alberto Múnera, profesor de teología de la Universidad Javeriana, “la iglesia es partidaria de la regulación procreativa y no esta a favor de una superpoblación porque es insostenible”. Según él, el 85% de los católicos del mundo utilizan métodos anticonceptivos. “Y eso, en términos objetivos, no es bueno hacerlo, pero no se puede declarar como pecado en términos subjetivos”, asegura. 

Como lo reveló el periodista estadounidense Alan Weisman, quien ha puesto sus ojos sobre este fenónemo, países como México o Brasil que ocupan los primeros lugares del mundo en número de católicos pusieron en marcha desde los años setenta y ochenta programas avanzados en planificación familiar. México lo hizo a través de un programa de televisión que se llamó Acompáñame. Así, mientras los televidentes subían, las tasas de población bajaron en más de 30%. También Italia, otro país creyente, frenó el aumento de humanos al legalizar el aborto en 1978. Y en Estados Unidos el 98% de las católicas usan anticonceptivos, según el periodista.

Los que llegan

Si la tasa de natalidad se ha ido estabilizando en ciudades como Bogotá, el crecimiento explosivo en algunos años se explica por las migraciones. David Burbano, profesor de arquitectura de la Universidad Javeriana y experto en periferias y sostenibilidad, explicó que Bogotá ha sido históricamente una ciudad receptora de población, no solamente en los últimos 20 años con la población derivada del conflicto, sino desde su misma historia hace 60 años que ha recibido a la población campesina. De hecho, en los últimos 30 años a Bogotá ha llegado la población equivalente de una ciudad como Popayán o Ibagué. El DANE calcula que el 38,6% de la población que vive en la capital nació en otro municipio o en otro país.

Para él, los municipios aledaños deben ser más atractivos. Por ejemplo, que dentro del espacio bogotano algunos municipios puedan asumir otras responsabilidades. La sabana tiene la capacidad de responder a diferentes tipos de necesidades, “entonces sería interesante que cada municipio tuviera su vocación: agraria, de infraestructura, de servicios”, afirma.

Con eso coincide Guillermo Rudas, experto en economía ambiental y recursos naturales. “Lo que hay que hacer es generar polos de atracción en otras regiones del país, lo que significa que hay que darle más importancia a otras ciudades para que sean igual o más atractivas que Bogotá y así equilibrar la población. Estamos dando pasos para convertirnos en una mega ciudad”.

Es una idea que desde hace muchos años defiende el ambientalista Julio Carrizosa: “El futuro de la nación depende en buena parte de que su red de ciudades se diversifique y descentralice teniendo en cuenta las realidades y los potenciales del planeta y de nuestro territorio. Acelerar el crecimiento de decenas de ciudades intermedias o inclusive construir ciudades nuevas en sitios en donde existan las condiciones ecológicas, sociales, económicas y culturales adecuadas es mejor que urbanizar aquellas áreas que constituyen por su naturaleza un atractivo turístico o donde es posible aumentar la producción agropecuaria imprescindible en esta coyuntura”.

Nicolás Galarza Sánchez, investigador colombiano de Urbanization Project, opina que “la discusión entre verde y cemento invisibiliza a la gente.Es importante hallar un equilibrio entre los ambientalistas y los constructores. Si no hay acuerdo son los más pobres los que terminan marginados, viviendo lejos y en hábitats con pésimas condiciones”.

El desafío, entonces, exige un diálogo entre opositores y acuerdos políticos de largo plazo. Sólo así será posible escapar del diseño de ciudades basadas en el caos y el desorden.

 * Con reportería de María Paulina Baena, Sergio Silva, María Mónica Monsalve, Tatiana Pardo, Jesús Mesa y Pablo Correa.

 

 

@mapatilla

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CONCIENCIA NACIONAL

Mie, 02/10/2016 - 15:12
Uno de los elementos principales para propiciar una mejor calidad de vida en las áreas urbanas densamente pobladas como la sabana de Bogotá, está en poder disponer de un SISTEMA DE TRANSPORTE MASIVO ALTAMENTE EFICIENTE. Se requiere que los organismos que ya están creados para el efecto sean los que busquen, propongan, orienten y coordinen todo lo que corresponda para llegar a tenerlo, porque así cumplen con su razón de ser, favoreciendo a la ciudadanía. Para empezar, enfrente tienen el siguiente desafío: Como ya lo vienen haciendo en otras ciudades del país, Bogotá y los municipios sabaneros aledaños puede aprovechar también la TECNOLOGÍA DE TRANSPORTE FERROVIARIO MULTIMODAL TIPO MONORRIEL, AEROSUSPENDIDO O SOPORTADO, de alta y media velocidad, desarrollada por la empresa nacional "STA SA", para construir con ella circuitos de movilidad, interconectando inicialmente a los municipios aledaños a la capital entre sí, dinamizando las áreas turísticas, recreativa, educativa, industrial y de finca raíz, entre otras; circuitos de transporte sirviendo los centros de producción y el aeropuerto. Facilitado todo ello por la inigualable relación costo/beneficio de dicho sistema de transporte, fácil y rápido de construirse, totalmente autosostenible y de larguísima vida útil, entre otras múltiples fortalezas; contra insignificantes riesgos (originados principalmente por la indiferencia e ignorancia). Se conoce que la tecnología de "STA SA" cuenta con todos los avales y reconocimiento de los organismos y gremios del transporte ferroviario multimodal internacional, aparte del respaldo y acompañamiento de los grupos empresariales más grandes del planeta en materia de construcción de infraestructura vial y ferroviaria, por lo que sería un solemne desperdicio para Bogotá y la sabana no poder llegar a disfrutar oportunamente de este avanzado medio de transporte, si permitimos que otras regiones nos tomen ventaja competitiva. Por tanto, al darle acogida a la propuesta tecnológica de "STA SA" estaríamos asumiendo ese gran desafío en favor del desarrollo de nuestro departamento y región. Sólo bastaría que los interesados en participar de ello (autoridades distritales y municipales, empresarios del transporte y afines, inversionistas primarios y otros) decidan agruparse para negociar con STA SA dicha tecnología, constituyendo un CONSORCIO para construir, operar, mantener y explotar el sistema en favor del desarrollo integral de la región sabanera. (interesados dirigirse a: ansco.monorrieles.com).
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Empresaria-CEO-X

Lun, 02/08/2016 - 22:31
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Jose Knecht

Dom, 02/07/2016 - 20:40
En un pais civilizado, el gobierno tendria como prioridad la distribucion equilibrada de la poblacion, de acuerdo con los recursos disponibles. Estimulando la planificacion familiar, estabilizaria la cantidad de gente, y organizaria la produccion por regiones para garantizar evitar desplazamientos masivos. Aca, en cambio, a seis cuadras del palacio presidencial hay zonas donde ninguna autoridad puede entrar.
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polvo de estrellas

Dom, 02/07/2016 - 21:01
¿¿¿se merece la ciudad un alcalde como peñalosa???¿¿¿PORQUE SE AUTO-AGREDEN LOS BBOGOTANOS???
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oncemorewithfeeling

Dom, 02/07/2016 - 19:20
urbanista= obrero de alto estrato. Solo piensan en ladrillo y concreto
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polvo de estrellas

Dom, 02/07/2016 - 19:00
¿dejaremos que el inhumano alcalde deprede nuestras reservas naturales???¡¡¡porque se auto-agrede la ciudad??...¿¿debemos revocar??
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polvo de estrellas

Dom, 02/07/2016 - 19:04
¿¿porque eligio auto-agredirse la capital de Clombia con Peñalosa?
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Olórin33

Dom, 02/07/2016 - 18:06
Más allá del control de natalidad (cosa en la que estoy absolutamente de acuerdo) como dice al final del artículo, es necesario que nos pongamos todos de acuerdo para llegar a proyectos de largo plazo. Me parece uno de los mejores artículo de EL ESPECTADOR que deberían hacerle llegar a Santos tan pronto como se pueda. Este país necesita cambiar pronto su mentalidad de que es mejor no planear nada y bla-bla-bla. Ya empezamos a ver los resultados de ser retrogrados. Saludos.
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dortplad

Dom, 02/07/2016 - 17:30
Esta noticia debería tener una ubicación principal en la página de El Espectador y debería ser de todos los días. Se requiere crear conciencia para que sea la misma gente la que lleve al cambio, porque el cambio nunca llegará de los políticos ni de los que están en el poder - político o económico. El titular parece un chiste porque desde hace más de veinte años se debió haber iniciado este proceso de repensar las ciudades. Y pensar que Peñalosa quiere que se construyan edificios de más de 30 pisos donde ya no caben los carros por sus calles... es lo más absurdo que se puede estar permitiendo. No a la construcción de esos edificios, ni en el norte ni en el sur.
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mariego

Dom, 02/07/2016 - 17:50
Totalmente de acuerdo, control natal es lo que necesita la humanidad!
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disenoweb

Dom, 02/07/2016 - 16:41
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artemio

Dom, 02/07/2016 - 16:24
Nos tenemos que dejar de reproducir como ratas, y para ellos es menester saca de la ecuación a la retrograda y atorrante iglesia católica, a los evangelistas y aleluya de mierda, que predican a viejas y viejos rezanderos, a maricas, ignorantes e idiotas y que se reproduzcan como ratas porque dios proveerá. Se necesitan políticas efectivas de educación y control de la natalidad.
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El_pensante

Dom, 02/07/2016 - 16:06
SOLUCION: Cojan barrios bien feos, procedan a demolerlos y construyan barrios nuevos con apartamentos parques, vias espaciosas, andenes y en lugar de destruir una reserva forestal se hace renovacion urbana o hay un inters oculto por hacerlo en esta reserva?
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dobleu25

Dom, 02/07/2016 - 15:21
el problema es que todo el mundo habla de la reserva como si estuviera intacta y resulta que el 90% esta con alguna construcción y comprarle a los dueños vale DOS BILLONES Y MEDIO DE PESOS si en cien años no hemos podido hacer el metro por falta de plata, de donde va a salir el dinero para hacer la reserva? no hacemos metro, colegios, hospitales.. a que le vamos a dar prioridad con la poca plata que hay, esa es la discusion...
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JaoR

Lun, 02/08/2016 - 08:11
Dos billones le costaría a la ciudad hacer la reserva, billones que ahorrará a futuro en tratamientos de enfermedades causadas por la contaminación, el cambio climático y en estrategias de conservación de los pocos ecosistemas que quedarán. Y si es tanto problema convertir esa reserva en un bosque "improductivo" pues que organicen a los vecinos para hacer un bosque certificado para que la madera que extraigan de allí produzca papel e insumos para la construcción que son menos dañinos que el ladrillo y el cemento, además de que esos bosques durante su crecimiento absorben más CO2 que los bosques de las reservas naturales.
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mariego

Dom, 02/07/2016 - 17:46
Debería se prioridad, ya que preservar la naturaleza es indispendable si realmente queremos salvar el planeta. La solución es sencilla: DETENER LA NATALIDAD! El mundo está saturado de humanos, no es necesaria mas gente en este mundo. MAS ÁRBOLES Y ANIMALES, MENOS CEMENTO Y HUMANOS!!!!!!
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desempleado2000

Dom, 02/07/2016 - 13:36
Hasta que por fin se tocó el tema de la población. Para planificar se debe conocer todo sobre la población y así, realizar el gasto público.
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raulimay

Dom, 02/07/2016 - 13:31
SOMOS ADMIRADORES Y VOTAMOS POR EL DR PENALOSA,,,PERO ESTAMOS DE ACUERDO QUE NO SE TOQUE LA RESERVA, THOMAS VAN DER HAMMEN Y TAMBIEN NO TOCAR MAS LOS CERROS DE LA CIUDAD
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mariego

Dom, 02/07/2016 - 17:49
Entonces para qué PUTAS votaban x ese katrehp de Peñalosa, q se sabe que le importa un kulo la naturaleza, él solo quiere saldar sus deudas de campaña y favorecer a sus amigotes!!
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legionario200

Dom, 02/07/2016 - 13:09
Construir una nueva capital, como la ciudad de Ordos en China, seria de un gran alivio para Bogota, la nueva ciudad podría albergar entre 200 mil a 400 mil personas, construirla entre el Meta y el Vichada y se le daría un gran impulso e importancia a esta región tan olvidada del país.
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legionario200

Dom, 02/07/2016 - 13:06
Colombia tiene que hacer lo mismo que esta haciendo China. lógicamente guardando las diferencias entre las capacidades económicas de ambos países. construyendo ciudades desde cero, creando nuevos polos económicos, como la ciudad de Ordos, de excelente planificación, tanto social como económica. se podría construir una nueva ciudad de 200 mil habitantes entre el Meta y el Vichada, asi se matarían dos pájaros de un tiro, por un lado Bogota tendría un respiro y por el otro se civiliza un territorio inhóspito.
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orlandofredyadolfo

Dom, 02/07/2016 - 12:39
Respecto a este excelente artículo y el ejemplo que ponen sobre como se construye en altura en cedritos agrego que eso pasa en toda la ciudad, se ve en barrios populares como san fernando, simon bolivar, la estrada, bosque popular o en barrios de estratos altos como el mismo cedritos. Esa realidad no la quieren ver en esta administración porque los jefes de Peñalo$$$a que son los grandes constructores tienen entre sus planes la urbanizacón masiva y a gran escala de las pocas zonas verdes de la ciudad.
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orlandofredyadolfo

Dom, 02/07/2016 - 12:35
Al fin, por fin El Espectador hace eco de las tesis del profesor Carrizosa y otros ambienalistas quienes han sostenido por años que Bogotá no debe crecer mas ni en población ni en tamaño. En lugar de hacer lo que Peñalo$$$$$a sus jefes y su séquito quieren, ampliando la ciudad hacia el norte y occidente, uniendola literlamente con los municipios cercanos y urbanizando toda la sabana de Bogotá, se debe orientar el desarrollo hacia las provincias y las ciudades intermedias para que el país crezca de forma sustentable. No mas al crecimiento desaforado de Bogotá, no a la urbanización de la reserva Van der Hammen, no a la construcción de malecones donde deberían existir humedales y bosques. En tiempos de pos-conflicto es urgente pensar en como se apoyará el retorno de millones de desplazados que viven en Bogotá en condiciones infrahumanas hacia sus territorios de origen donde vivían en forma digna. Los ambientalistas decimos NO al programa de urbanizacíón y crecimiento de Peñalo$$$$a.
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Scherezzade

Dom, 02/07/2016 - 12:32
En Colombia falta un think tank prospectivo que asesore a planeación y que permita tomar decisiones prontas antes de que se llore sobre hechos cumplidos.Planear el futuro, no sufrirlo.
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Scherezzade

Dom, 02/07/2016 - 12:23
Lo que necesita Bogotá es un alcalde que la proteja de semejante futuro tan sombrío no que acentúe la tragedia.
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Scherezzade

Dom, 02/07/2016 - 12:20
No podemos esperar que las cosas pasen. No me imagino una tragedia como ciudad de México en Bogotá. Colombia sin estar insertada como México a una economía fuerte como es la economía de Norteamérica sería un desastre, más bocas pidiendo comida, aguas negras al río, necesidades de agua potable, fábricas, servicios, energía, que no hay . Se requiere una política urbana que descentralice las ciudades y las haga autosuficientes en servicios. Una megalópolis solo cabe en la cabeza recalentada de Peñalosa con su interés en hacer dinero con sus socios.El futuro si es que lo hay son los puertos insertados en una red de ahí que se justifique fortalecer Buenaventura y Barranquilla.
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skymasterab

Dom, 02/07/2016 - 12:16
Muy buen articulo, desafortunadamente en la ecuacion queda afuera las voluntades politicas vs. las maquinas electorales, y este punto es el que destruye las posibilidades de entender el territorio desde sus habitantes, las instituciones que regulan el suelo y sus recursos, y la academia. Y para eso se requirere un cambio en el modelo politico. Ese parentazgo malsano entre empresarios, industriales, constructores y politicos, hecha al traste cualquier intento por regular tecnica y cientificamente los planes de ordenamientos territorial. Mucho menos el preguntar a las comunidaddes que lo habitan. Siempre hay un lote de engorde, o un humedal cuyos bordes de reserva estan loteados, o una industria que no tienen planes de manejo residual del agua. No es un pais donde la gobernanza del agua controle la ordenacion del suelo. Si existe polemica por el borde norte, occidente y susroccidente en Bogota, es justamente porque el sistema politico ata sin ninguna consideracion el interes economico de aquellos quienes, en su libre derecho constitucional, defienden sus negocios, al aportar a las campanas que son beneficas para sus ingresos. Esto no es sorpresa, pero el deber del estado es precisamente el de sopesar el desarrollo de las ciudades y sus sostenibilidad por encima de los calculos electorales. francamente, la mejor solucion es la de retomar viejos proyectos de traslado de las instituciones de gobierono, de todas las ramas del poder, a terrenos en la orinoquia, una nueva ciudad, eso permitiria desarrollos ordenados del nuevo territorio, traslado de funcionarios, familias, etc, eso dejaraia en la sabana de bogota unidades habitacionales que suplan las necesidades de 10, 20 o 30 anos de vivienda nueva y usada, planes d eordenamiento ciuda-region, etc. esto ya esta inventado, lo hizo australia, brasil, nigeria; pero falata lo mas importatnte, una nueva constituyente, una que le de verdaderas herramientas a la descentralizacion del poder, la tecnocracia, y reglas claras que separen el poder economico-industrial-constructor-mediatico del poder politico.
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AlexanderWoods

Dom, 02/07/2016 - 12:12
Llego la hora de tumbar ranchos, chozas y casas de un piso, En el sur hay cantidades para hacer grandes edificios.
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JaoR

Lun, 02/08/2016 - 06:50
Por el hecho de que las casas sean más baratas al sur no implica que estas deban ser el objetivo principal de la renovación urbana. En el centro y el norte de Bogotá hay hectáreas de barrios de 2 pisos que son perfectos para densificaciin y mezcla de usos, hay que tener en cuenta que Bogotá ahora esta recibiendo inmigrantes de clase media con aspiraciones sociales y capacidad de pago, no solo desplazados. Para los barrios en el sur hay que buscar la manera de insertarlos mas en la economía formal, para que baje la criminalidad, acabe el estigma social sobre ellos y se puedan volver susceptibles a la densificación como barrios en los que a todos les gustaría vivir, no porque les tocó porque llego el gobierno a hacer renovación urbana.
Opinión por:

ferho

Dom, 02/07/2016 - 11:46
Desde la década de 1950 cuando U.S.A. comenzó a hablar de la necesidad de controlar el crecimiento poblacional los comunistas comenzaron a decir que era un plan de los del norte para invadir y apoderarse de los del sur, y la iglesia católica a predicar que eso era anti-natural y prohibido bajo pecado grave para los católicos. Hoy vemos el resultado de no haber procedido a tiempo a educar a la población para que se reprodujeran responsablemente y no como nuestros antecesores, los animales. No olviden que esa iglesia aún prohíbe el control natal y vemos los resultados en los barrios pobres de nuestras ciudades. Esto no quiere decir que le estoy dando la razón a los del norte sino que es consecuencia de nuestra idiosincrasia de dejarnos manejar como borregos. Los mongoles arrasaban las estepas destruyendo todo a su paso. Hoy lo seguimos haciendo para llenar los espacios con gente voraz hacia el medio ambiente como lo hacían los mongoles. Nuestro estado es debilucho y avanza por la inercia de las circunstancias. Sigamos llenando todo de gente: cantidad, no calidad.
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