7 Dic 2011 - 10:39 pm

La negra soledad de Wilson Choperena

Era una morena cuyo nombre verdadero nunca conoció. ‘La Negra Soledá’ inspiró al maestro Wilson Choperena para componer la canción que lo inmortalizó hace más de 50 años. Hoy, tras su muerte, recordamos esta historia.

Por: Sara Araújo Castro/ saraujo@elespectador.com
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Durante el Carnaval de Barranquilla de 2010 se le rindió homenaje al maestro Choperena por última vez. / Daniel Gómez

Fue hace 77 años, una tarde en casa de su abuelo Sócrates Caballero, que los músicos de la banda de Plato, Magdalena, lo oyeron cantar y le cambiaron el destino a Wilson Choperena, quien no había cumplido aún los 11 años.

Aunque era muchachito, le gustaba la fiesta y su voz prometía. Le dieron entonces su primer trabajo con la orquesta e hicieron de él un músico de vocación y de crianza, porque fueron sus compañeros de orquesta quienes lo terminaron de formar.

Entre cobres, cumbias y correrías transcurrió la vida de este compositor que, como la mayoría de las grandes leyendas artísticas de este país, murió en la pobreza y en la escasez, el pasado 5 de diciembre. Eran otros tiempos y los músicos de banda iban de pueblo en pueblo tocando durante las fiestas patronales. Lograr una grabación era el sueño lejano de muchos de ellos y muy pocos tenían la costumbre de registrar la autoría de sus canciones.

Ya en manos de quien lo formó y con quien pasó la mayor parte de su vida musical, el maestro Pedro Salcedo, se radicó en Barrancabermeja. Era una tierra próspera donde pagaban bien, así que se convirtió en sede de la orquesta.

Un día en pleno ensayo entró “una morena simpática”, como la recordaba el maestro Choperena hace algún tiempo, y empezó a mover sus caderas sin mayores presentaciones.

El desparpajo y el encanto de la mujer le dieron al vocalista de la orquesta de Pedro Salcedo para componerle a la muchacha unos versos, así de la nada, y para vivir con ella seis meses durante los cuales nunca le preguntó su verdadero nombre. En su canto la había bautizado “La Negra Soledá”, pues bailaba sola en medio de las mesas y fue así como él siempre la llamó. Luego, de ella sólo quedaron los versos que han hecho menear con sensualidad a todo el continente y al mundo.

En ese lejano 1959, Choperena y su amigo de orquesta Juan Madera compusieron, letra el uno y música el otro, una canción que recorrió los pueblos y las veredas de boca en boca, hasta que a finales de 1960 decidieron grabarla con discos Tropical.

“En realidad lo que iban a grabar era otros porros de Madera”, recordaba el maestro Choperena en su casita del Barrio Bachué en Bogotá hace un par de años, cuando se preparaba para ir al Carnaval de Barranquilla a celebrar los 50 años de su canción, “Pero el hijo de Salcedo insistió en que se grabara La pollera colorá, que a todo el mundo se le pegaba”, afirmaba entre borrosos recuerdos.

El éxito de esta cumbia y su poderosa voz le dieron aliento durante años para recorrer Colombia, recibir homenajes a diestra y manca con otras figuras emblemáticas de la música y vivir la vida de amores y desamores que caracteriza a los artistas. Las fotos junto a Villamil y Escalona, los recuerdos y los diplomas en las paredes dan testimonio de esos tiempos.

No obstante, el autor tomó un rumbo distinto al de su obra y aunque su emblemática canción fuera escuchada en el mundo entero como un himno del folclor colombiano, el maestro Choperena vivió con dificultades los últimos 15 años de su vida.

De la mano de Carmen, su última mujer, y de los dos hijos que tuvo con ella, Choperena vivió una vida de escasez y líos judiciales con Juan Madera por cuenta de aquel canto que los unió cinco décadas atrás.

No es que hubiera querido vivir de la gloria de aquella única obra. En una pequeña grabadora, a cada persona que quería conversar con él, le hacía escuchar la grabación de algunas de sus composiciones, que según cuentan sus hijos, llegan casi a 70, entre porros y cumbias. También cuenta su esposa que un agente musical se llevó los discos que grabaron y nada pasó con eso.

Lo cierto es que fue de todas sólo una, La pollera colorá, la que inmortalizó a este músico nacido en Plato (Magdalena), que conoció la vida a través de la música, la gloria gracias a una inigualable canción y la pobreza en el ocaso de su vida, cuando hubiera debido recoger los frutos de esos años creativos.

LA POLLERA COLORÁ

‘La pollera colorá’, tema que figura entre las diez mejores canciones colombianas del siglo XX, según un concurso nacional realizado en 1999, ha hecho bailar no sólo a los colombianos, sino al mundo entero. Tan popular ha sido el tema del maestro Choperena, que hasta Bart Simpson lo canta y lo baila en uno de los episodios de la serie. Tito Rodríguez, la Sonora Ponceña, Pepe Delgado, Billo’s Caracas Boys, Albita Rodríguez, Manolito y su Trabuco, Lucho Bermúdez, Juancho Vargas, Edy Martínez y Checo Acosta son algunos de los grupos nacionales e internacionales que han interpretado la famosa canción.

“Me inspiré en el Grill Hawai, donde tocábamos las tardes de domingo. Ahí llegaban parejas, hombres solos, mujeres, matrimonios. Ese día me mandó Dios esa esbeltez con una pollera colorá. Me causó admiración ver esa morena, entonces el maestro Pedro Salcedo le dijo a Juan Madera que tocara la cumbiecita que tenía por ahí [...] Ese día yo había llegado como songosorongo y me inspiró la morena con su espectáculo de baile de cumbia”, dijo Choperena. La cadencia y el juego entre los instrumentos de viento y percusión de ‘La pollera colorá’ todavía cautivan a quien la escucha y la baila.

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