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hace 3 horas

"Era un muchacho increíble"

El activista y hacker iba a ser enjuiciado por el gobierno de EE.UU., a pesar de que los directos afectados por sus acciones retiraron los cargos.

Aaron Swartz, un programador dotado que cuando sólo tenía 14 años ayudó a crear la herramienta RSS. / Flickr: ragesoss
Aaron Swartz, un programador dotado que cuando sólo tenía 14 años ayudó a crear la herramienta RSS. / Flickr: ragesoss

En el siguiente texto, Lawrence Lessig hace una dura crítica del proceso judicial en contra de Aaron Swartz, el programador que se suicidó la semana pasada en Nueva York y quien estuvo detrás de la construcción de iniciativas como RSS —un sistema para extraer información que se actualiza con frecuencia, como noticias, mensajes de un foro o artículos de un blog— y la plataforma social de noticias Reddit, además de Creative Commons, un movimiento legal que ofrece una visión alternativa de los derechos de autor en internet. Swartz enfrentaba un juicio por haber extraído varios millones de artículos académicos desde un computador en la universidad MIT (Massachusetts Institute of Technology).

* * *

Algunos dirán que este no es el momento. No estoy de acuerdo. Este es el momento en el que toda emoción en conflicto necesita encontrar una voz.

Desde su arresto en enero de 2011 me he enterado de cosas relacionadas con los eventos que dieron inicio a esta espiral de hechos, más de las que quisiera saber. Aaron me pidió consejo como amigo y como abogado. Me contó lo que sucedía y por qué, y con esa información trabajé para ayudarlo. Cuando mis obligaciones en Harvard comenzaron a generar conflictos que no me permitieron seguir asistiéndolo como abogado, continué como amigo. Sin duda, no hice lo suficiente como amigo; igual, no hay nada que pueda posar un manto de duda sobre nuestra amistad.

Los miles de millones de pronunciamientos de tristeza y confusión que han circulado por la red confirman lo que este muchacho increíble era para todos nosotros. Pero, a medida que leo esos comentarios quisiera pensar que hay una variante de la discusión a la que podríamos resistirnos: por favor, no hagamos de esta historia un asunto patológico.

Sin duda, que una persona como Aaron, con todo el amor que lo rodeaba (en Nueva York había muchas personas que lo querían), haya hecho lo que hizo, es una cosa demencial. Eso me llena de ira. Pero si vamos a aprender de la historia, no podemos dejar de lado las situaciones que lo trajeron hasta este punto.

Primero que todo, Aaron era el responsable de la situación en la que se encontraba. Si lo que alega el Gobierno es cierto —y hago énfasis en la posibilidad de que no lo fuera, porque no voy a revelar lo que Aaron me contó en su momento—, entonces lo que hizo estuvo mal; es algo que he dicho cuando mis obligaciones han requerido que me pronuncie públicamente al respecto. Y si no se trata de un mal legal, al menos sería uno moral. Las causas por las que Aaron peleó también son mis causas. Pero, por más que respete a quienes no estén de acuerdo conmigo en este punto, los medios empleados no son los míos.

Lo único que esto muestra es que, si el Gobierno lograba demostrar sus argumentos, lo apropiado sería que recibiera cierto castigo. En ese caso, ¿qué tipo de castigo debía ser? ¿Era Aaron un terrorista? ¿Un cracker tratando de lucrarse de bienes robados? ¿O se trataba de algo completamente diferente?

En su momento, Jstor (la editorial de los artículos académicos a los cuales accedió Swartz), pensó en dejar lo apropiado de lado y declinó continuar la acción legal en contra de Aaron; además, le pidió al Gobierno que hiciera lo mismo. El MIT (Massachusetts Institute of Technology), para su enorme vergüenza, no fue claro al respecto y, con esta excusa, el fiscal del caso sintió que debía continuar su guerra contra un “criminal” que, para aquellos que lo queríamos, era conocido como Aaron.

En este punto es donde necesitamos tener un mejor sentido de la justicia y la vergüenza. Lo escandaloso del caso no sólo recae en Aaron. También en el comportamiento del fiscal. Desde el principio, el Gobierno trabajó tan fuerte como pudo para caracterizar las acciones de Aaron en la forma más extrema y absurda posible. La “propiedad” que Aaron “robó”, nos dijeron, valía “millones de dólares” —además de sugerir que su fin tenía que ser lucrarse con el crimen—. Pero quien diga que hay forma de hacer dinero con una pila de artículos académicos es un idiota o un mentiroso. Era claro de qué no se trataba, pero nuestro Gobierno siguió adelante con su campaña, como si hubiera capturado a uno de los terroristas responsables de los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York.

Aaron, literalmente, no había hecho nada en su vida para “ganar dinero”. Tuvo la fortuna de que lo que hizo con Reddit terminara como terminó. Pero desde la estructuración del RSS, pasando por su labor detrás de Creative Commons, la liberación al público de expedientes legales, su colaboración en la creación de una biblioteca pública libre, el apoyo a las iniciativas Change Congress, Fix Congress First y Rootstrikers, hasta llegar a Demand Progress (organizaciones sociales en las cuales participó), Aaron siempre trabajó por el bien público (o al menos su idea del bien público). Era brillante y divertido. Un niño genio. Un alma, una conciencia, el origen de la pregunta que me hice millones de veces: ¿qué pensaría Aaron de esto? Esa persona se ha ido, llevada hasta el límite por lo que una sociedad decente llamaría matoneo. Entiendo que hubo algo mal hecho. Pero también entiendo que hay un sentido de las proporciones. Si uno no entiende las dos cosas, no merece tener el poder del gobierno de los Estados Unidos detrás.

Pero recordemos que vivimos en un mundo en el que los arquitectos de la crisis financiera suelen cenar a menudo en la Casa Blanca, y que cuando llegan a encontrarse ante la justicia nunca tienen siquiera que admitir que hicieron algo mal, mucho menos pasan a ser calificados como “criminales”.

En ese mundo, la pregunta que el Gobierno necesita responder es por qué era tan necesario catalogar a Aaron Swartz como un “criminal”. En los 18 meses de negociaciones transcurridos, esto fue lo que no estuvo dispuesto a aceptar y por esto iba a enfrentar un millonario juicio en abril. Con su riqueza drenada no pudo pedirnos la ayuda financiera que necesitaba, al menos no sin despertar la ira del juez del distrito. Y entonces, con todo lo errado y malintencionado y jodidamente triste que esto es, entiendo cómo la perspectiva de pelear esta batalla indefenso terminó por convencer a su mente brillante de que había que acabarla.

Cincuenta años de cárcel, ese era el dictamen de nuestro Gobierno. De alguna forma tenemos que superar la ética del “yo tengo la razón, entonces tengo el derecho a destruirte” que domina a nuestra era. Y esto comienza con una palabra: vergüenza.

Una palabra y muchas lágrimas. 

* Lawrence Lessig es uno de los creadores de Creative Commons y uno de los nombres más respetados en el mundo de la red. La presente es una adaptación de un texto publicado por Lessig bajo una licencia de Creative Commons.

¿Quién era Aaron Swartz?

Con apenas 14 años, Aaron Swartz ayudó en la creación de RSS, una herramienta que permite difundir en la red información que cambia periódicamente, como actualizaciones en sitios de noticias o nuevas entradas en un blog. Con algunos años más colaboró en la construcción de la arquitectura de Creative Commons, una forma legal de interpretar el derecho de autor en la era de internet que nació con Swartz y otros, de la mano de Lawrence Lessig. Swartz mantuvo siempre una especie de continua itinerancia en su vida, que incluyó no terminar sus estudios en Stanford y la creación, al menos en parte, de Reddit, una plataforma social de noticias, por decirlo de alguna forma. La compañía fue adquirida por Condé Nast (la empresa que publica la revista Wired, entre otras cosas) a finales de 2010, en un trato que le permitió concentrarse en otras tareas, como liberar millones de expedientes judiciales al dominio público, proeza que logró en 2008 en Estados Unidos.

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