12 Jul 2014 - 3:01 a. m.

A Colciencias sí le están restando plata

Tras el escándalo desatado por Paula Arias, el Gobierno decidió mantener el presupuesto de la institución casi igual que el año anterior.

Angélica María Cuevas Guarnizo

El ajuste de cuentas para el año entrante entre el Gobierno y Colciencias quedó definido el miércoles por el Consejo Nacional de Política Económica (Conpes). Ni hubo la disminución de recursos con respecto al año anterior que se esperaba después de las declaraciones de su directora Paula Arias, ni un incremento. La institución recibirá $379.000 millones en 2015, mil más que en 2013.

Pero aunque el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, asegure que durante este gobierno el presupuesto de Colciencias se ha multiplicado, las cifras que presenta la saliente directora revelan que en 2012 este departamento administrativo contó con $46.000 millones más del monto prometido para 2015, como lo indican los registros de la Oficina de Planeación de la entidad.

“La inversión en la institución aumentó al inicio del gobierno Santos, pero ha decrecido desde entonces, lo cual ha influido en la renuncia de los tres últimos directores de Colciencias”, dijo esta semana Paula Arias a la revista Semana, mientras justificaba por qué se había apresurado a alertar a la comunidad científica sobre las intenciones que, creía, tenía Planeación Nacional de disminuir nuevamente el monto. Esa reacción terminó recibiendo un regaño del ministro de Hacienda y costándole el puesto.

Lo que ocurre es que el “histórico aumento de recursos para la ciencia” del que habla el ministro Mauricio Cárdenas no es evidente en el dinero que llega al bolsillo de Colciencias, sino que hace referencia a la política de entregarle al sector de ciencia, tecnología e innovación el 10% de las regalías obtenidas por la explotación de recursos naturales que realiza la industria extractiva.

Al respecto, Paula Arias ha aclarado que Colciencias no ejecuta las regalías ni las utiliza para impulsar sus proyectos, sino que opera como un fondo de aprobación de los proyectos que les proponen las gobernaciones.

La política de regalías ha sido duramente cuestionada por los científicos y autoridades académicas como Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional, quienes aseguran que debería replantearse con urgencia la normativa que ha generado una riña entre gobernadores e investigadores y que no ha ayudado, como se esperaba, a resolver la carencia crónica de financiamiento de un sector.

Otros expertos, como la académica y periodista científica Lisbeth Fog, han asegurado que el desarrollo científico del país no puede recaer en la utilización de unos fondos que se terminarán cuando se cierren los contratos con las empresas que extraen recursos o cuando éstos se agoten, por lo que Colciencias debe tener un presupuesto independiente grueso, garantizado por el presupuesto nacional.

La misma Paula Arias ha asegurado que, a pesar de que esta “fue una idea maravillosa, se ha convertido en un pequeño dolor de cabeza”, porque las decisiones sobre el dinero de regalías no están en manos de los científicos ni de las comunidades, sino en las gobernaciones.

Desde la otra orilla, Carlos Fonseca, exdirector de Colciencias cree que no se puede desconocer que la política de regalías les ha entregado a las regiones autonomía para decidir hacia dónde quieren direccionar los proyectos científicos que se acomoden a sus necesidades. “Antes los recursos se quedaban en las universidades de Bogotá y Medellín. Ahora las regalías permitieron que 520 becas de doctorado fueran a parar las regiones”. Pero si hablamos de presupuesto, para Fonseca es claro que el Gobierno tendría que doblar el monto actual para tener un departamento competente.

“No sólo tienen que doblarlo sino definir qué hacer con el. No es posible que al menos el 65% del presupuesto actual esté destinado a financiar becas cuando este porcentaje debería entregarse a incentivar a los grupos de investigación para que produzcan ciencia útil para el desarrollo del país. El estudio de las ciencias básicas es fundamental, eso es innegable, pero los campesinos y otros sectores productivos también requieren desarrollos científicos que no se están impulsando”.

Para Fonseca no es un problema que Colciencias no esté a cargo de los recursos de regalías. “Es que la institución no tiene por qué gestionar todos los dineros dirigidos al desarrollo científico y la innovación, pero sí podría tener un papel más protagónico a la hora de decidir a qué se destina esa plata. Además, los ministerios deberían promover la investigación en cada una de sus áreas, invirtiendo al menos un 1% de sus presupuestos. Esa tarea no puede ser labor de una sola institución”.

Pero esta discusión sobre presupuestos está atravesada por otras realidades, como la pérdida de credibilidad y el descontento de la comunidad académica frente a la institución, reiterado en diferentes discusiones, y las denuncias del gremio científico de que el Gobierno han convertido la dirección de este departamento en un cupo político. “Mi salida se dio por que necesitaban un cargo para una mujer”, acepta Carlos Fonseca, refiriéndose a la entrada de Paula Arias a Colciencias a mediados de 2013.

A esto se suma que la reestructuración de la entidad, anunciada hace por lo menos cuatro años, no avanza como debería y hay autoridades, como Alberto Uribe, rector de la Universidad de Antioquia, capaces de asegurar que “como van las cosas —con menos recursos y menos protagonismo— la entidad va a desaparecer, sin duda”, según dijo esta semana en una entrevista con el diario El Colombiano.

 

acuevas@elespectador.com

@angelicamcuevas

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