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Acabar con las Farc

Llevaban cinco meses pisándole los talones, pero la muerte en un bombardeo de Alfonso Cano, jefe de las Farc, no podía suceder en mejor momento para el presidente colombiano Juan Manuel Santos.

Diario ‘El país’ de España

06 de noviembre de 2011 - 10:00 p. m.
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Las críticas de su antecesor, Álvaro Uribe, habían llegado a un punto culminante de aspereza y desentendimiento. El mandatario, que había tenido a Santos como ministro de Defensa y que podía pensar que había hallado en él a un delfín complaciente, calificaba ahora a su Gobierno de “lejano e inactivo”; a las Fuerzas Armadas, de “desmotivadas”, y a la seguridad, de fuertemente “deteriorada”. El presidente, a la hora de su gran triunfo, podía encogerse de hombros y asegurar que nada ni nadie lograría que se peleara con su antecesor en el cargo.

La muerte de Alfonso Cano, intransigente ideólogo comunista, llega tras la del fundador de la guerrilla, Manuel Marulanda, por causas naturales, en 2008. Ese mismo año ocurrió la del jefe militar, Raúl Reyes, y en 2010 la de su sucesor, Mono Jojoy, en ambos casos en operaciones militares. Y semejantes estragos han dejado muy debilitada y sin rumbo a una organización que, si un día fue marxista, había degenerado hacía décadas en una mera banda de terroristas que vivía de la extorsión, el secuestro y el narcotráfico. Juan Manuel Santos ha calificado la muerte de Cano como “el mayor golpe” asestado a las Farc, al tiempo que ha llamado a sus integrantes a la desmovilización, aunque es prematuro determinar si contemplaba algún tipo de negociación o aspiraba a la derrota pura y simple de los insurrectos.

El presidente plantea una modernización del país tan ambiciosa como abrupta, con la restitución de millones de hectáreas a campesinos despojados por 40 años de violencia, guerrilla y paramilitares. Y todo ello pasa, en alguna medida, por la erradicación de una lacra llamada Farc, la cual nunca como hoy ha parecido tan próxima.

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Por Diario ‘El país’ de España

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