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Acné y caspa, las enfermedades más comunes

La piel no sólo es el órgano más extenso, también uno de los más importantes por ser el encargado de protegernos de bacterias, traumatismos y las condiciones extremas del entorno. Precisamente estas características la hacen vulnerable a las enfermedades.

El Espectador

16 de diciembre de 2016 - 11:27 p. m.
Expertos recomiendan visitar al especialista una vez al año. / IStock
Foto: Getty Images/iStockphoto - damiangretka
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Así lo explica la dermatóloga Mónica Rivera, quien destaca que hay tres especialmente frecuentes: acné, dermatitis y melasma. Aunque muchas veces son causadas por predisposición genética, también se producen por la exposición a los rayos ultravioleta y la falta de cuidado de la piel.

Es el caso de los melasmas, manchas o paños que salen en el rostro y que se asocian al embarazo o a la exposición constante y sin protección a los rayos que son emitidos por el sol, la luz eléctrica o los dispositivos electrónicos.

Con respecto al acné, explica que se manifiesta tanto en jóvenes como en adultos. Para combatirlo es necesario realizar limpiezas frecuentes y usar productos para piel grasa.

Otro motivo frecuente de consulta es la dermatitis seborreica, conocida como caspa, causada por la irritación del cuero cabelludo. “Por lo menos el 80 % de nuestra población la tiene y a veces, incluso, se manifiesta en la cara, la nariz y las cejas”, agrega Rivera.

“La recomendación es manejarla con champús medicados que disminuyen la inflamación. En momentos de estrés, uno de los principales desencadenantes, suele empeorar y hay que recurrir a otras cosas”.

El dermatólogo Manuel Franco aconseja asesorarse de un especialista para determinar las particularidades de cada caso y garantizar que el tratamiento sea lo más efectivo posible. Y más allá de tratar cualquier anomalía, es clave una rutina de cuidado apropiada. “Por ser el primer órgano de barrera natural y el más visible, una enfermedad dermatológica se vuelve muy delicada no solo debido a su impacto físico, sino emocional y psicológico”.

Por El Espectador

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