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Adiós a Soledad Casas Mateus

Madre de seis hijos, abuela de 16 nietos y bisabuela de seis bisnietos, esta mujer bogotana vivió guiada por su inteligencia, criterio y visión liberal. Quienes hoy le hacen un homenaje a su vida recuerdan que “siempre fue una persona que hacía que uno se sintiera como el ser más especial”.

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Redacción Actualidad
27 de abril de 2021 - 10:00 p. m.
Hincha de Santa Fe, vivió los días dorados del primer campeón del fútbol colombiano y acompañó al equipo hasta sus últimos días.
Hincha de Santa Fe, vivió los días dorados del primer campeón del fútbol colombiano y acompañó al equipo hasta sus últimos días.
Foto: Archivo familiar
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Falleció en Bogotá Soledad Casas Mateus, cabeza de una distinguida familia de origen boyacense y bogotano, que desde la sencilla fórmula de prodigar amor y buen trato a propios y extraños, desarrolló una larga vida rodeada de una familia de seis hijos, 16 nietos y seis bisnietos. Una mujer de hogar que por inteligencia, criterio y visión liberal, fue testigo de muchos acontecimientos que marcaron la historia de Colombia.

Hija de Fidel Lorenzo Casas y Lucrecia Mateus, Soledad Casas contaba que en el colegio de Las Casas en el cual se educó, recibió clases de gramática del expresidente conservador Miguel Abadía Méndez. Cuando terminaron sus tiempos de colegio, contrajo matrimonio con el empresario Jorge Ferro Mancera, quien además de ser un reputado tributarista y asesor económico, fue uno de los fundadores del equipo de fútbol bogotano Independiente Santa Fe.

En ese ambiente, vivió los días dorados del Santa Fe, primer campeón del fútbol colombiano, recordando que además de los triunfos del conjunto albirrojo, tuvo la oportunidad de ir al Mundial de Chile 1962, cuando Colombia le hizo cuatro goles al invencible arquero ruso Lev Yashin, la Araña Negra. Pero ni el fútbol, ni la economía, ni El Espectador, ni la política porque su casa fue cercana a la de los expresidentes Alberto y Carlos Lleras, la entusiasmaban tanto como hacer de su casa un espectáculo.

Todo bien puesto en su sitio y las puertas abiertas para lucirse como una magnífica anfitriona. Como cuenta una de sus hijas, nunca le interesó la cocina, pero sí le dedicó siempre tiempo a arreglar los floreros y garantizar que todos pasaran veladas alegres. En muchas reuniones profesionales de su esposo, solía estar presente, pero escuchando con atención todo lo que se hablaba. En el fondo lo suyo era organizar el hogar de un hombre visionario, cercano a El Espectador de Guillermo Cano, con quien solía discutir de temas tributarios con enfoque editorial.

“Que aunque sintamos miedos, no se nos escape el amor. Que por pensar en el diablo, no se nos vaya la Santa Fe. Todo lo que nos dejas lo vamos a cuidar y regar con amor, como nos enseñaste a hacerlo”, escribieron en una carta de despedida sus nietos y bisnietos, con el recuerdo de sus ojos azules y la sonrisa amable que los dejó ser. Leonor Medina, subdirectora del Gimnasio de Nuestra Señora, agregó que nadie que la haya conocido, la podrá olvidar. “Siempre fue una persona que hacía que uno se sintiera como el ser más especial”.

Su magnífico sentido del humor, su habilidad para la decoración y la belleza, su gran terapia con los floreros, todas las cosas que fueron difíciles, pero que ella hacía leves, como si no importaran, toda su vida de detalles será una memoria grata. Paz en su tumba para una mujer generosa, amable y solidaria y abrazo para sus hijos, nietos y bisnietos que sabrán honrarla con la misma gratitud con la que ella desplegó su vida social y familiar.

Por Redacción Actualidad

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Federico(18936)28 de abril de 2021 - 01:52 p. m.
Qué señora tan linda, leyendo esto me hubiera gustado conocerla
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