17 Sep 2018 - 2:47 p. m.

Alianzas que generan valor

Trabajar en equipo con el sector privado y la academia es la hoja de ruta que ha seguido la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, para dinamizar la economía, mitigar la pobreza y crear entornos en los que la paz sea una realidad

Redacción Especiales

La historia del Valle del Cauca está marcada por un manto de violencia. A causa de un conflicto político entre liberales y conservadores, en 1948 surgió el grupo ilegal Los Pájaros, conformado por los campesinos y habitantes de afiliación conservadora, quienes se dedicaron a asesinar a sus opositores. Luego fueron llegando grupos paramilitares, integrantes de las Farc, las Autodefensas Unidas de Colombia y el M-19. Grupos que fueron responsables de masacres e intimidación en todo el Valle del Cauca y, además, de frenar el desarrollo de la región.

Aún existen consecuencias de esta ola de violencia, pero en los últimos años, con la ejecución de varios proyectos y con la firma del Acuerdo de Paz, se ha transformado y hoy está escribiendo una nueva historia. “El narcotráfico ha sido nuestro gran enemigo. Pero le estamos apostando a generar un entorno donde las oportunidades sean para todos. Vamos por buen camino”, señala Dilian Francisca Toro, gobernadora del Valle del Cauca, quien explica cómo con un trabajo conjunto con el sector privado, las ONG y la academia han analizado las necesidades de la región e identificado herramientas para darle solución. Dilian Francisca Toro habló para El Espectador acerca del proceso de paz, empleabilidad, educación y el turismo como una nueva fuente de Ingresos.

Usted habla de la importancia de trabajar con varios sectores de la sociedad, ¿en qué consiste?

Soy una convencida de que en equipo hacemos más. En el Valle el sector empresarial ha cumplido un papel importante como motor de la economía y, además, muy fuerte al resistir tanta violencia. Las problemáticas que vivimos y los retos que tenemos en educación, inversión y desarrollo son más fáciles de superar si junto con el sector privado, las ONG y la academia nos aliamos. Este ha sido mi principio desde que estoy en el cargo y así hemos podido construir juntos estrategias que impacten de forma positiva nuestro departamento.

¿Un ejemplo?

Con el sector empresarial analizamos cuáles han sido los lugares con más necesidad y víctimas del conflicto, para involucrarlos laboralmente y acompañarlos a mejorar su calidad de vida. Estos acercamientos con 16 empresas se ven reflejados en que, en dos años y medio, entre la inversión privada y extranjera logramos generar 2.000 empleos.

¿Qué tanto influyó la firma del Acuerdo de Paz?

Todo. Con el acuerdo los inversionistas se sienten más seguros de regresar al país. Y algo interesante que está pasando es que se están descentralizando las empresas. Ahora hacen presencia en Cartago, Buga y sus alrededores. Por ejemplo, al Cañón de Garrapatas, un lugar que era vedado por la inseguridad en auge, llegaron dos empresas holandesas: una con un proyecto floricultor y la otra con una apuesta para el cultivo de marihuana medicinal. Eso nos muestra que los lugares que fueron afectados por la guerra ahora tienen la oportunidad de vivir otra realidad y florecer.

¿Cómo hacen para que las personas de la zona se involucren?

Eso es muy importante. El sector rural siempre ha sido el más afectado con la guerra. Nosotros tenemos un proyecto que se llama Plan Frutícola Integral, que tiene como objetivo formar a los campesinos en temas técnicos, apoyarlos con los insumos para trabajar la tierra y un kit poscosecha, que puede ser una máquina para lavar las frutas o lo que ellos necesiten. Con este proyecto estamos impactando a 3.600 campesinos, los cuales conforman 63 asociaciones. También les hacemos asesorías para que hagan nuevos clientes y, claro, estamos trabajando en la construcción de vías terciarias para que ellos puedan comercializar los productos. La meta es que la producción aumente en un 20 %.

¿Qué otros proyectos tienen?

Nosotros queremos que todas las personas que están en situación de vulnerabilidad puedan mejorar su calidad de vida y cumplan sueños. Un programa bellísimo que tenemos es con la Secretaría de Paz y Convivencia junto con el PNUD, que trabajan en la paz territorial. Entonces funciona de esta manera: el PNUD tiene una metodología clave en desarrollos productivos. Ellos logran enfocar a las personas para que tengan un mapa de sueños y que los emprendimientos que realmente les gusten y sea el puente para mitigar la pobreza. Con capital semilla, mentorías y un seguimiento por un año, las personas logran consolidar sus propuestas y mejorar su calidad de vida.

Uno de sus objetivos es lograr una paz territorial verdadera, ¿en qué van?

La paz debe vivirse en cada ciudad y municipio y nosotros debemos facilitar las herramientas para que eso suceda y no retornar a entornos de conflicto. Una apuesta que tenemos es centrarnos en los niños y los adolescentes, que son vulnerables al tema de drogas y deserción escolar. Para mitigarlo tenemos escuelas deportivas y culturales, a las cuales asisten 30.000 niños que están jugando o aprendiendo otras artes en vez de perderse en las calles y más bien que aprendan a disfrutar la vida de una forma sana. Y también damos becas a los jóvenes de zonas rurales, para que puedan ingresar a la universidad.

Usted mencionó el turismo como una nueva fuente de ingresos.

Colombia tiene una belleza increíble. Hay destinos muy conocidos y nuestro objetivo es mostrar que en el Valle se puede hacer avistamiento de aves o ballenas, visitar playas paradisíacas, disfrutar de una gastronomía exquisita y planes de ecoturismo. La tarea la estamos haciendo con Fontur, que nos ayudó a diseñar las rutas turísticas y capacitar a las personas que se van a involucrar en el tema. Uno de los lugares que queremos que visiten es el Parque Los Farallones. Es un ejemplo del retorno a la paz.

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