21 Jan 2014 - 4:15 a. m.

Alistan nuevos límites

CAR propone excluir el 61,5% del área original y permitir actividades agrícolas y de infraestructura en la zona protegida.

Verónica Téllez Oliveros

Quizá pocos colombianos saben que una de las zonas de reserva forestal más generosas del país está en Cundinamarca. Y quizás otros menos sepan que ésta sólo ha existido en el papel, pues desde que fue creada en 1976 las administraciones municipales, e incluso el propio Gobierno Nacional, la olvidaron. Ahora, esa Reserva Forestal Protectora Productora de la Cuenca Alta del Río Bogotá, que se extiende por más de 245.000 hectáreas, está a punto de reducirse a menos de la mitad.

El Ministerio de Ambiente está a punto de expedir la resolución con el nuevo trazado de la reserva, como se lo confirmaron a este diario fuentes de esa cartera. De hecho, la entidad ya excluyó 755 hectáreas del relleno sanitario Doña Juana del área protegida. La medida significa un respiro para el Distrito, ya que tiene un espacio más para la disposición de sus residuos y así ampliar la vida útil de este relleno.

Este diario conoció la propuesta que presentó la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), en diciembre de 2013, al Ministerio de Ambiente, luego de haber analizado estudios presentados por el Instituto Alexander von Humboldt. Ésta señala que del total de 245.147 hectáreas de la reserva, continúen protegidas algo más de 94.000, que corresponden al 38,3%, y sean excluidas 110.000, que representan el 44,9% del total.

También dejarían de ser parte de la reserva 40.868 hectáreas, que ya están protegidas con otras categorías nacionales. La decisión sobre los límites finales está en manos del Minambiente, pero se sabe que los ajustes no serían sustanciales. Fuentes de esa cartera indicaron que un lineamiento claro es que “no se va a desplazar a la gente y habrá procesos de reconversión amigables, no impositivos”.

En palabras del director de la CAR, el objetivo con la propuesta de la redelimitación fue extraer las zonas donde ha habido un “impacto significativo de la agricultura o la construcción, y perdieron su vocación como área de reserva forestal”, como es el caso de gran parte de los municipios de Subachoque y Cogua. Éstos tenían más del 50% de su territorio considerado bajo esta figura, que para sus habitantes y autoridades significaba la muerte de la agricultura y la ganadería.

Una de las novedades que la CAR quiere implementar en la reserva —y así lo confirma el Ministerio— es un esquema de pago por servicios ambientales. De esta manera los campesinos que tienen cultivos en la zona irían abandonando paulatinamente su actividad, a cambio de un reconocimiento en dinero o en especie que haría el Estado. Para ello, Ballesteros asegura que su entidad planea invertir unos $8 mil millones entre este año y el próximo. Una iniciativa similar fue ideada por la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare), y el Ministerio de Ambiente ha manifestado su intención de hacerla realidad en el páramo de Santurbán.

Aunque no todo está dicho en la redelimitación, la propuesta ya genera inquietudes en ambientalistas reconocidos del país, como Julio Carrizosa. El experto dijo que, a primera vista, no se entiende por qué plantean “extraer 110.000 hectáreas de la reserva. Si el objetivo es urbanizar sería una locura. Sería como construir tres veces a Bogotá. Tampoco es claro por qué en la zona que seguirá siendo protegida se permiten actividades agrícolas y de infraestructura”.

Quizás uno de los principales atributos de la Cuenca Alta es que su objetivo es mantener la mayor cantidad de agua disponible para los más de 9 millones de habitantes de Cundinamarca. “A pesar del fuerte proceso de Bogotá, del impacto de la ganadería y la agricultura, y del olvido de las autoridades en estos 36 años, aún la oferta ambiental de la reserva es muy alta. Es importantísima para el sostenimiento de la sabana, y es vital mantenerla hasta donde sea posible”, señala el abogado experto en derecho ambiental Rodrigo Negrete.

Algunas de las preguntas que quedan al respecto son: ¿Por qué la propuesta recomienda excluir 110.000 hectáreas si igualmente en la zona de reserva se contemplan las actividades agrícolas y de infraestructura? ¿Se va a aumentar la presencia de la minería o la urbanización?

Alfred Ballesteros, director de la CAR, dijo que aunque se permitan actividades agropecuarias y de infraestructura en el nuevo espacio protegido, éstas se definirán en los Planes de Manejo Ambiental que la Corporación deberá empezar a realizar para cada municipio una vez esté lista la resolución del Minambiente. Agregó, además, que el área excluida de la reserva también tendrá usos especiales.

Por otra parte, Negrete insiste en que no es necesario quitarle espacio a la reserva. Explica que, actualmente, hay categorías de protección como los Distritos de Manejo Integrado, que permiten tener agricultura, ganadería y actividades con manejos estrictos de sostenibilidad. “Además, el artículo 61 de la Ley 99 señala que la sabana tiene vocación agropecuaria y forestal, y de los 44 municipios que incluye la reserva, 30 están en este espacio. Así que la redelimitación se manejará sin necesidad de excluir terreno.

Los nuevos límites para la reserva de la Cuenca Alta y los planes de manejo que desarrolle la CAR prometen convertirse en uno de los debates más importantes para la preservación ambiental de la región. La discusión apenas comienza.

 

La nueva propuesta para la zona de reserva

 

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