25 Feb 2017 - 3:55 a. m.

Así le enseñan a los niños a sobrellevar la diabetes

Aprender a medir los niveles de azúcar en la sangre, a inyectarse la insulina y a sustituir alimentos, son las claves para sobrellevar la enfermedad. Este proceso toma entre tres meses y un año.

Redacción especiales

En Colombia, cuatro de cada cien mil niños sufrían de diabetes tipo 1 en el año 2000. Desde entonces, la cifra no se ha actualizado y los médicos han notado un aumento en el número de casos y una disminución en la edad de los pacientes. Así lo explica la médica Adriana Lema, jefa del grupo de endocrinología pediátrica de la Asociación Colombiana de Diabetes.

Para la experta, la situación es preocupante. Sufrir desde tan temprana edad esta enfermedad, que se da por la baja o nula producción de insulina, no sólo obliga a los pacientes a vivir más tiempo con ella, sino que “aumenta el riesgo de complicaciones”. Éstas pueden ser a corto plazo, como la hipoglucemia e hiperglucemia (niveles muy bajos o altos de azúcar, respectivamente), o a largo plazo, como la nefropatía (daño en los riñones), la pérdida de la visión y los problemas de sensibilidad en los pies.

Estos últimos, sin embargo, no resultan tan preocupantes en los menores de edad, pues se trata de cuadros propios de una diabetes mal cuidada desde la niñez hasta la adultez. En cambio, a lo que sí hay que prestarle atención es a la depresión, que de acuerdo con el Ministerio de Salud, “es una enfermedad común entre la población colombiana y más aún en los pacientes con diabetes mellitus tipo 1, debido a procesos fisiopatológicos comunes entre los dos males y también por el estrés que produce padecer una enfermedad crónica”, que impide llevar una vida normal. De acuerdo con el Ministerio, ésta se evita o, en su defecto, se trata con un manejo integral de ambos padecimientos.

La doctora concuerda y explica que, bien controlada, la diabetes no se convierte en un obstáculo. Para ello es importante que los niños se empoderen de la enfermedad, “que aprendan a conocerla y a manejarla” estableciendo hábitos de alimentación saludables, rutinas de ejercicio y horarios para la aplicación de la insulina.

Este proceso, que comienza tan pronto se diagnostica la diabetes, dura entre tres meses y un año y requiere de la participación de endocrinólogos, psicólogos, nutricionistas y pediatras. Lo primero que se enseña es a controlar la alimentación, por su impacto. “Los niños aprenden que hay sustitutos de comidas que son más sanos y que se pueden comprar en cualquier tienda o supermercado”.

La idea es reemplazar yogures, gelatinas, mermeladas, galletas y hasta barras de chocolate por productos sin azúcar. Y el apoyo de la familia es crucial, pues de acuerdo con la experta, el niño gana más motivación si padres y hermanos lo acompañan en su nueva dieta. Con tiempo y confianza, comienza a llevar estos alimentos al colegio o a reuniones y fiestas para no tener que consumir productos dulces.

A las comidas las precede la insulina, que debe aplicarse antes del desayuno, el almuerzo y la cena luego de hacer una glucometría que determine la cantidad que hay que utilizar. Aprender a hacer estos cálculos es, probablemente, la parte más importante del empoderamiento de los pequeños y, gracias a la tecnología actual, no es tan difícil.

Los glucómetros, por ejemplo, miden los niveles de azúcar en la sangre en menos de un minuto con un pinchazo que apenas se siente, mientras que las bombas de insulina hacen el cálculo automáticamente. De acuerdo con los resultados y una tabla previamente entregada por el médico, se decide la cantidad de esta hormona que hay que inyectar. “Si el paciente está más empoderado, es capaz de contar la cantidad de carbohidratos que se va a comer y calcula. Por ejemplo, por cada 25 gramos de carbohidratos es una unidad de insulina”, explica Lema.

Esto, sin embargo, supone un desafío adicional para los infantes y adolescentes, debido a que una de las inyecciones coincide con la hora del almuerzo, cuando muchos todavía están en el colegio. “Tratamos de enseñarles a ellos y a sus padres a socializar con el colegio y los compañeros. La insulina la necesitan para vivir y nadie puede molestarlos, ni burlarse y mucho menos prohibirles aplicársela”, comenta la experta, y señala que es normal que sientan pena si no aprenden a adaptarse.

En cuanto al ejercicio, aclara que es importante realizar una hora de actividad física al día, siempre y cuando se aplique un bolo de insulina antes, ya que durante la práctica hay riesgo de sufrir hipoglucemia. Cualquier deporte es válido, toda vez que no sea extremo, “por el riesgo alto de presentar hipoglicemia súbita que puede atentar contra la vida del niño o adolescente diabético. ”, puntualiza.

Finalmente, la doctora Lema dice que la cuestión es aprender a ser disciplinado, un rasgo que luego se deja ver en otros aspectos de la vida del niño, como el académico. Según estudios citados por la médica, entre más temprano logren empoderarse de la enfermedad y entre más apoyo familiar sientan, más fácil será para ellos lidiar con la diabetes en su infancia.

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