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Aymaras, los nuevos ricos de Bolivia

El éxito comercial de muchas familias indígenas se ha traducido en un estilo arquitectónico que algunos llaman “barroco psicodélico” y otros simplemente “neoandino”.

Redacción Vivir

30 de mayo de 2014 - 10:39 p. m.
Más de 120 mansiones construidas con el estilo “neoandino” han surgido en Bolivia. / AP
Foto: AP - Juan Karita
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Las calles de El Alto, una pujante ciudad boliviana vecina de La Paz, tienen un nuevo atractivo turístico. Se trata de las más de 120 minimansiones construidas por familias aymaras que han logrado amasar pequeñas y grandes fortunas desde que uno de los miembros de su comunidad, Evo Morales, llegó al poder en Bolivia.

Las minimansiones, construidas en barrios de calles sin pavimento, rodeadas de casas pobres, son el mejor reflejo de una clase social en ascenso, una burguesía aymara. La mayoría de sus propietarios son comerciantes informales, negociantes que acumularon varios miles y millones de dólares colocando productos en las calles de Bolivia.

Los palacetes suelen tener seis o siete pisos. El primero, por lo general, se convierte en salón para albergar fiestas y recepciones. Columnas, espejos, arcos, lámparas importadas de Irán, España e Italia, además de toda la imaginería de esta cultura tradicional, adornan el interior. Los pisos superiores a veces son galerías comerciales, otras veces apartamentos para alquilar. Los dueños de las viviendas suelen instalarse en un penthouse.

Algunos han comenzado a referirse al estilo arquitectónico que se abre paso en las calles de Bolivia como “barroco psicodélico”. Otros como “neoandino”. Y muchos más, con algo de ironía, llaman a las coloridas mansiones “cholets” (mezcla de las palabras chalet y cholo).

“Son una nueva burguesía aymara que migró del campo y logró éxito en el comercio, a la cual además le gusta ostentar su cultura a la par que su poder económico”, dijo el antropólogo jesuita Xavier Albó a la agencia de noticias AP.

La llegada de Evo Morales en 2006 a la Presidencia de Bolivia es sin duda es uno de los factores detrás de este fenómeno social. Con un discurso y unas políticas que reivindican los valores indígenas, Morales les ha hecho el camino más fácil a los aymaras y los cerca de 40 pueblos tradicionales. El 62% de la población boliviana se identifica como indígena. La mayoría de ellos se consideran quechua y aymara.

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“Yo soy una mujer aymara orgullosa de mi cultura, alegre y llena de colores. Entonces, ¿por qué mi casa no puede mostrar lo que yo soy?”, fue la respuesta de Rosario Leuca, una vendedora de comida embarcada en la construcción de una de estas minimansiones, a la prensa. Esta mujer migró hace una década a El Alto y gracias a su talento culinario y buena sazón logró construir una pequeña fortuna.

Uno de los personajes detrás de este simpático movimiento arquitectónico es Freddy Mamami, un hombre de 42 años que comenzó como albañil hace 20 años y hoy es dueño de una de las empresas constructoras que ha impuesto el estilo neoandino.

Al mando de más de 200 personas, Mamami se ha hecho cargo de levantar sobre las calles de El Alto al menos 60 de estos edificios. Cóndores, víboras, cruces, entre otros elementos de la cultura aymara, hacen parte de su firma en los suelos, paredes y techos de las minimansiones.

“Todo empezó con la sugerencia de un cliente”, relató Mamami a los periodistas. “Se me ocurrió usar figuras simbólicas de los tiwanacotas, porque me identifico con mi cultura y me siento orgulloso de ella”. El arquitecto también explicó que el verde y amarillo brillantes que predominan en estos edificios son los colores que representan la prosperidad y la esperanza dentro de la tradición aymara.

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“Es como un grito de decir: aquí estamos, esto somos”, dijo Rafael Choque, un joven estudiante, a la agencia de noticias.

Por Redacción Vivir

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