30 Jul 2010 - 10:55 p. m.

Brasil discute derecho a ser feliz

Brasileños ocupan el puesto 12 entre los más alegres del mundo.

Redacción Vivir

¿Qué cara habría puesto el filósofo irlandés George Bernard Shaw ante la propuesta de un movimiento en Brasil que pretende elevar la felicidad a derecho constitucional? El cáustico Shaw solía decir: “¡Una vida llena de felicidad! Nadie podría soportarla, porque sería un infierno en la Tierra!”.

Lo que comenzó como una iniciativa para promover la educación en Brasil poco a poco se transformó en el Movimiento Mais Feliz, liderado por Mauro Motoryn. Ahora, con el apoyo del senador y ex ministro de Educación Cristovam Buarque, del Partido Democrático Laborista, la idea de abrir en la Constitución nacional un espacio para la felicidad comenzará a ser debatida en la Cámara Alta del Parlamento brasileño.

Puntualmente, el párrafo que el Movimiento Mais Feliz aspira a incluir en la Carta Magna dice: “Son derechos sociales, esenciales a la búsqueda de la felicidad, la educación, la salud, el trabajo, la vivienda, el ocio, la seguridad (personal y social), la protección de la maternidad y la infancia, la asistencia a los desamparados”.

El senador Buarque explicó a la agencia de noticias EFE que el texto propuesto tiene el objetivo de “humanizar la Constitución, llevando el concepto político (de los derechos) a uno más humano”, que coincide con la felicidad para “concientizar a las personas sobre los derechos sociales”.

Por su parte, el fundador del movimiento, Mauro Motoryn, aclaró que el Estado tiene que crear las condiciones esenciales para que las personas sean felices, “no sólo para asegurar derechos como la educación o la salud, sino para que sean de calidad y el ciudadano pueda alcanzar la felicidad”.

No es una coincidencia que este movimiento se geste en un país como Brasil, reconocido en todo el mundo por sus manifestaciones culturales alegres y coloridas. El gigante suramericano ocupó el puesto 12 en el ranking de los países más felices del mundo, según lo reveló una encuesta de la firma Gallup en 2009. La lista de 155 países la encabezaron Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia y Holanda. En el caso de Brasil, el 58% de los entrevistados dijo sentirse feliz, el 40% aseguró que estaba “en la batalla” y apenas el 2% se declaró en un momento de sufrimiento.

Índice de la felicidad interna

Uno de los primeros países en considerar la felicidad como parte de sus políticas estatales fue el pequeño territorio de Bután. Hacia 1972, cansados de las críticas por figurar entre los países más pobres del mundo, el entonces rey Jigme Singye Wangchuck propuso medir el bienestar de las personas con un método distinto al del Producto Interno Bruto. Así nació el Índice de la Felicidad Interna Bruta, el cual se basa en la combinación de 73 variables que miden el bienestar y la satisfacción con la vida de sus habitantes.

Desde entonces el entusiasmo por este tipo de propuestas, alternas a las frías mediciones socioeconómicas, ha crecido en todo el planeta. El turno ahora es para los brasileños. En el debate ya terció la Iglesia católica. Daniel Seidel, secretario ejecutivo de la Comisión Brasileña de Justicia y Paz del Episcopado, consideró la propuesta “una gran campaña de marketing” , porque lo que realmente impide la felicidad de los ciudadanos es la “corrupción y los políticos corruptos que roban el dinero público”.

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