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Caminantes de la selva

Un recorrido de tres días lleva a los equipos competidores de la carrera de aventuras Yetawa 2008 por algunos de los paisajes más impactantes del Guaviare.

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Santiago La Rotta/Elespectador.com
16 de noviembre de 2008 - 01:31 p. m.
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“La travesía Yetawa 2008 empieza ya”, gritó Julio Mina a las 9:30 a.m. del sábado frente a la gobernación del Guaviare. Entonces, los competidores empezaron un recorrido que durará tres días y que los llevará a través del agua, el barro, el cansancio extremo y algunos de los paisajes más bellos de este departamento.

Mina es uno de los organizadores de la carrera, junto con William Román, dos aficionados al deporte y a la naturaleza que se inventaron la carrera como una forma de promover el departamento y de sacar adelante una empresa de turismo que lleva el mismo nombre de la competencia, y que en lengua de los Nukak Makú, la legendaria tribu indígena, significa: “Caminantes de la selva”.

El primer día tuvo casi 40 kilómetros de recorrido, un número que muchos calificarían como pequeño. Sin embargo, la distancia, aunque importante, no es el único desafío que enfrentan los competidores. El terreno agreste, los ríos, el sol implacable, que en su punto más alto quema y dora las carnes, y hasta las vacas que deambulan por el camino, se convierten en la verdadera prueba, el test de resistencia final.

El equipo Vértigo, de naranja (ver galería de fotos), tomó la ventaja. Al concluir la primera etapa del primer día, que incluía un viaje en bicicleta hasta un sitio llamado Barrancón, a donde se llega por una carretera anegada, llena de huecos y trampas para los ciclistas, Vértigo ya había sacado cerca de 15 minutos de ventaja, distancia que con el transcurso del día se fue ampliando a punta de esfuerzo, sudor y músculo.

La ventaja se hizo más evidente, rotunda, al arribar a un lugar llamado Los Pozos, un paisaje agresivo, casi inhóspito: una serie de formaciones rocosas de un negro profundo que yacen al lado, como mudos testigos, de un río que corre ruidoso, serpenteando a través de la roca. Un observador despreocupado dijo: “Esto es como ir a Marte, pero con agua”.

A través del fragor de las aguas, los equipos debían pasar con las bicicletas al hombro, justo cuando el sol estaba más alto en el cielo, a manera de lento suplicio para los competidores. Algunos, haciendo gala de verdadero compañerismo, se hicieron a los equipos de sus compañeros para permitir que todos cruzaran más rápido. El final estaba cerca.

La primera etapa se terminó en un lugar llamado La Recebera, una suerte de balneario de río a donde Vértigo, líder del primer día, llegó con una ventaja implacable de 45 minutos.

Ya en el lugar de descanso los participantes armaron sus carpas y descansaron. Algunos comieron algo rápido. Otros, a la orilla de uno de los tantos caños que atraviesan la llanura, lavaron la ropa del día, embarrada hasta el último centímetro. En medio de las historias del día, todos se prepararon para el siguiente día, en donde habría pruebas de inmersión y pesca.

Por Santiago La Rotta/Elespectador.com

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