30 Apr 2018 - 2:46 a. m.

Catalina Escobar, la madrina de Cartagena

Perdió a su hijo en 2001. Pese al dolor espiritual y físico, ha dedicado los últimos 17 años de su vida a ayudar a madres adolescentes a labrar un futuro para ellas y sus hijos.

esteban dávila náder

Lejos de Boca Grande, de Barú, de la Torre del Reloj y del castillo de San Felipe, la cara de la Heroica es diferente al idilio turístico que todos conocen o quieren conocer. Allí, Cartagena es como otras ciudades del país, con buses públicos, colegios, mercadillos, barrios organizados y otros donde las casas se apiñan unas sobre las otras en el barro. En estos últimos es donde Catalina Escobar le hace honor al apodo de la ciudad, a pesar de los dolores del alma y el cuerpo que la han abordado.

Perdió a su hijo, Juan Felipe, en 2001, cuando cayó de un octavo piso. Tras el debido luto, decidió canalizar su dolor en honrar la memoria del pequeño, trabajando para solucionar una de las principales problemáticas sociales de la Cartagena de la época: el embarazo adolescente, que en ese momento equivalía al 29 % de los nacimientos de la ciudad, cosa que a su vez resultaba en una de las tasas de mortalidad infantil más altas del país.

El problema, bien sabe Escobar, no es el nacimiento de un pequeño, sino las condiciones negativas en que es concebido y la falta de conocimientos o de recursos para poder sacarlo adelante, sobre todo en una ciudad donde 68 % de los habitantes estaban bajo los niveles de pobreza. No poder hacer algo para darle un mejor futuro a un hijo también duele en el alma. Por eso creó la Fundación Juanfe.

En ese contexto, y ante las miradas de los cartageneros que la tildaban de loca, comenzó a visitar hospitales públicos y barrios vulnerables como El Pozón, Nelson Mandela y Olaya Herrera, en busca de madres jóvenes con ganas de salir adelante. Sus armas son la educación y la generación de oportunidades que, dice, “rompen los ciclos de pobreza”.

Para romperlos, y empoderarlas, diseñó un modelo disruptivo que necesitó siete años de trabajo. En él las jóvenes madres, todas primerizas, pasan por tres etapas en un ciclo de dos años, no sin antes haber aprobado tres entrevistas y una prueba psicotécnica que certifica que tienen ganas de salir adelante y no van a desertar. De mil adolescentes que se presentan, pasan 150.

Con ellas comienza un primer semestre de trabajo psicosocial de la mano de profesionales, en el que cuentan sus historias, usualmente difíciles de escuchar, trabajan para superar síndromes postraumáticos y algunas hasta salen de estados de malnutrición o se ponen al día con el colegio. Luego sigue todo un año de estudios técnicos, ya sea en cocina internacional, belleza integral o servicios hoteleros y turísticos, carreras certificadas por el Ministerio de Educación.

El último semestre se pasa en la oficina de empleo y emprendimiento, gracias a la cual ingresan al mercado laboral. “Acá entran con ingresos mensuales de $86.000 y cuando salen ya están ganando por lo menos un salario mínimo”, dice Catalina, que trata a las niñas como a sus propias hijas. No por nada la llaman la “Madrina de Cartagena”. Además del estudio, las madres tienen asegurados el almuerzo, los transportes y, algunas de ellas, las más vulnerables, el cuidado de sus hijos en el centro integral de desarrollo infantil donde los pequeños comienzan a ganar habilidades motoras.

Como resultado, la Juanfe ha aportado para reducir en 81 % la mortalidad infantil en Cartagena y ha ayudado a cerca de 4.000 madres adolescentes que al salir de la fundación se sienten orgullosas de sí mismas, son más abiertas emocionalmente, sobre todo con sus hijos, y son capaces de discernir lo que es mejor para su futuro. “La gran mayoría termina la relación con los padres de sus hijos, pues no suelen ser buenos muchachos, dejan de invertir en rumba, se preocupan por mejorar las condiciones de sus hogares y tienen ganas de seguir estudiando”, explica la administradora de empresas de 47 años, agregando que el 99,8 % de las niñas no vuelven a quedar embarazadas sino hasta después de ocho años.

La labor de Escobar en Cartagena le ha valido incontables reconocimientos en los últimos años, siendo el más reciente el otorgado por Dolex, como Héroe Forte, por esforzarse en ayudar a la comunidad a pesar del dolor. Esto porque, dicen, no sólo el padecimiento del alma suele ser somatizado, manifestando malestar corporal, sino que el hecho de trabajar por el bien de los demás también lleva a dolencias en las articulaciones, la cabeza y la espalda.

Tratarlo, explica el doctor Carlos Bohórquez, director médico de Latinoamérica de GlaxoSmithKline, la empresa detrás de Dolex, depende de muchos factores, siendo el principal el conocimiento verdadero de la causa del dolor antes de comprar y consumir cualquier medicamento. “Si bien automedicarse evita la saturación de los servicios de urgencia del país, que deben atender condiciones más complejas, hacerlo irresponsablemente puede dilatar o empeorar la patología”.

Recomienda leer la etiqueta, pues no todos los analgésicos funcionan igual o tratan lo mismo, no exceder la dosis establecida y consultar a un médico si el asunto es grave. Además, para evitar malestares aconseja hacer ejercicio, practicar meditación, mantener una alimentación balanceada y alejarse de las pantallas digitales en la noche, pues pueden afectar negativamente los ciclos de sueño.

Sin dolor gracias a dichas lecciones, Catalina sigue imparable en su objetivo de eliminar las dolencias de otras madres. En los últimos años ha extrapolado su modelo a través de franquicias sociales independientes en Panamá , Chile, México y Paraguay. Además, una segunda sede de la Juanfe será inaugurada en julio de este año.

* Invitación de GSK.

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