Desde que salieron al mercado los primeros teléfonos móviles, no han parado de publicarse investigaciones que intentan demostrar cómo el uso de estos aparatos aumenta el riesgo de desarrollar cáncer. Ante esta cascada de artículos que han desatado el miedo entre muchos ciudadanos, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, una entidad adscrita a la Organización Mundial de la Salud (OMS), decidió hace diez años comenzar un gigantesco estudio para probar o descartar estas hipótesis.
Las conclusiones fueron reveladas este domingo a la opinión pública en medio de una serie de críticas y fuertes cuestionamientos a la OMS por haber permitido que algunas compañías de telefonía móvil participaran en esta pesquisa y contribuyeran con el 25% de sus gastos, y por el anuncio de los autores de que será necesario realizar nuevas indagaciones para complementar los resultados.
En el estudio participaron 13.000 personas de 13 países, algunas sanas, otras con riesgo de desarrollar dos tipos de tumores cerebrales (glioma o meningioma) y otras que ya habían sido diagnosticadas con la enfermedad. Durante una década, científicos de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer hicieron un juicioso seguimiento del estado de salud de cada uno de los participantes con el fin de determinar qué tan altas eran las posibilidades de que las pequeñas cantidades de calor que producen en el cerebro estos aparatos fueran suficientes para perjudicar al organismo.
Los hallazgos indicaron que aunque los tejidos del cerebro son de los que más absorben la radiación emitida por los móviles, no hay una relación directa entre el uso constante de estos dispositivos y la aparición de tumores. Incluso, en los resultados se evidenció que en muchos casos el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer es menor en quienes hablan mucho por celular. Sin embargo, Christopher Wild, uno de los autores principales del estudio, explicó que es necesario revisar estos hallazgos porque particularmente entre los jóvenes se han modificado los patrones de uso de estos aparatos.
“En los últimos diez años, el tiempo y la frecuencia de las llamadas han cambiado considerablemente. A juzgar por los estándares de hoy en día la mayoría de los participantes no eran usuarios excesivos de los teléfonos móviles”, explicó Wild y agregó que el promedio de tiempo de uso entre los participantes al momento de la investigación fue de entre 2 y 2,5 horas al mes, es decir, cerca de media hora al día. Pero actualmente se calcula que una persona utiliza su celular durante una hora o más diaria.
Lo cierto es que a pesar del sinsabor que ha quedado entre la comunidad científica mundial por los resultados ambiguos de este ambicioso estudio (muchos incluso sugieren que hubo errores metodológicos en su elaboración), Wild y su equipo, respaldados por la OMS, aseguran que se trata de un primer paso para establecer qué cuidados deben tener las personas a la hora de utilizar sus celulares. Según sus hallazgos, todo apunta a que, aunque no se debe abusar de estos aparatos, no hay que seguirlos satanizando como hasta ahora, pues al parecer sus efectos sobre la salud no son tan perversos como se pensaba.