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Cerati y sus "sweet sahumerios"

Los deseos de un fan para que el argentino recupere su salud.

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Ana Gabriela Amaya
20 de mayo de 2010 - 02:44 p. m.
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'Sweet sahumerio' es una canción de Soda Stereo (incluida en su álbum 'Dynamo' de 1993). Desde allí, desde esos sonidos psicodélicos y en-trance, trato de escribir estas palabras, alrededor de Cerati y los afectos que nos ha entregado y hecho entregar desde 1984.

Escribo mientras Cerati permanece en trance de vida y muerte en un hospital de Caracas. Sólo hace unos días lo vimos tocar (con) su "fuerza natural" en Bogotá y ahora lo vemos en la distancia extinguirse lentamente.

Los médicos dicen que "nunca volverá a ser el mismo". Pero, ¿qué significa eso en alguien como Cerati? En un "camaleón", en un hombre de "dobles vidas" y de "bifurcaciones en los jardines que se bifurcan", la muerte no es un final. Para alguien que canta: "hoy ya no soy yo" y "siempre es hoy" no puede existir sino la fuerza del instante. Una poesía "eternamente joven" como el rostro y los versos de un Rimbaud. La muerte, cuando sea que ocurra es sólo una canción más. Una canción animal o un disco eterno.

"Poesía circular" es uno de los versos de la canción que cité al principio. Y resume de alguna forma la música y la vida de Cerati. Poesía circular que corre, como en un río Babel, a través de álbumes que han viajado con nosotros entre vinilos, casetes, cd e iPpods durante un cuarto de siglo. Poesía cantada "aumentando el volumen de la radio para sentirse mejor" como decía Charly. Poesía que nos ha enamorado y acompañado a tomar "te para tres". Recuerdo "un amor", mi secuencia inicial, "un puente", mi "raíz". Cada canción de Cerati es un recuerdo bifurcado que, en mi caso, conduce irreparablemente a la misma sombra, a las mismas calles, a un mismo nombre, a los mismos labios, al mismo olvido.

"No preguntes más por mí/ nadie sabe nada/ no estés preocupada/ yo la paso bien/ después de tanto andar/tanto andar/ estás en el mismo lugar/mismo lugar", cantaba Ceratí en "toma la ruta". Y salía del camino una y otra vez, para renacer en nuevos discos y nuevas giras, diciéndonos: "ahí vamos"! Y ahora, su "corazón delator" casi ha bajado el telón; y vemos a Cerati en el "ojo de la tormenta". Saber que su vida se desvanece es sentir que una parte de nuestra vida, de nuestra generación, se esfuma, se evapora, hacia el fondo de los recuerdos.

Aunque alguna vez Cerati cantó: "he llegado hasta el fin con los brazos cansados...", es eso lo que no queremos oír hoy. También cantó: "Me embriagué hasta el vacío con tu miel venenosa...", pero también nosotros recordamos que ha vivido plenamente, que nunca ha sido un hombre "dietético" ni alguien a quien le hacen "faltas vitaminas". Ha sido un hombre de sobredosis: menos de TV (o de play station) que de "amor amarillo".

En una canción de ese álbum precisamente, "ahora es nunca", Cerati se abalanzaba sobre una palabra muy filosa: deseo. Quizá la palabra que mejor define su obra y su vida. Hoy yo la escucho y vuelvo a sentir lo mismo que sentía hace diez años: "...al caer la noche tomaré el avión si la duda es el pasado...algunas me dejaste ver/ algunas cosas te escucho/ lo suficiente para comprender/ el poder de los deseos".

"Cae el sol", cae como caen los dados, como cae la tarde y espero el sobrevuelo del fénix llamado Cerati. Quiero quedarme con ese verso adherido a la espera de estas horas y días de vigilia incierta, porque al fin y al cabo, somos deseo, somos un pulsar incesante: "...la vida es gas y es tan dulce traspasarla...".

Por Ana Gabriela Amaya

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