19 Mar 2009 - 3:54 a. m.

Colombia, invitado de honor al festival de Guadalajara

Desde el jueves y hasta el 27 de marzo las producciones nacionales tendrán una vitrina en el festival de cine más grande de Latinoamérica.

Redacción Cultural

Una selección cuidadosamente construida de 27 producciones audiovisuales nacionales ha aterrizado en Guadalajara para ser la protagonista desde este jueves y hasta el próximo 27 de marzo de uno de los festivales de cine más representativos de Latinoamérica. También han llegado con grandes maletas y con sus películas bajo el brazo directores como Ciro Guerra, Luis Alberto Restrepo, Rodrigo Triana y Luis Ospina, además de 17 jóvenes realizadores, actores como María Cecilia Sánchez y Andrés Parra y el homenajeado del que todos hablarán: el cineasta paisa Víctor Gaviria, creador de La vendedora de Rosas y Sumas y restas. Todo está listo para que Colombia muestre lo mejor de su cine como país invitado de honor al XXIV Festival de Cine de Guadalajara.

Que el nombre de Colombia y los títulos de sus más importantes filmes como Satanás, Perro come perro, Apocalipsur y La sombra del caminante estén por doquier en carteles y volantes en la ciudad mexicana, tiene un impacto que va más allá de conquistar a uno que otro curioso por el cine colombiano. “Ser el país invitado de honor significa tener un gran despliegue y visibilidad en un festival al que acuden más de 3.000 invitados entre distribuidores, exhibidores, productores, periodistas y críticos provenientes de todo el mundo”, comenta Claudia Triana, directora de Proimágenes. Por su parte, la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, asegura que la  participación del país en el festival mexicano es un primer paso “en la estrategia de internacionalización del cine colombiano”, que en 2009 tiene entre sus metas llegar a nuevos mercados y promocionar al país como el lugar ideal para la realización de producciones extranjeras.

Ser el invitado de honor  y lograr tener tres producciones nacionales –La pasión de Gabriel, Bagatela y Mariana la esposa del pescador– compitiendo en la selección oficial son el testimonio fiel de que “el cine colombiano está listo para cruzar fronteras”, concluye Moreno.

Nuevos escenarios

Hace una década Colombia estrenaba una o dos películas por año, un margen considerablemente menor al promedio latinoamericano que hacía que películas provenientes de Argentina y México se colaran en los festivales internacionales como la única cuota latina. Eran los años en los que la liquidación de la entidad estatal Focine había dejado huérfana a una industria que no parecía despegar por su cuenta. Con la creación de la Ley 814, conocida como la Ley de Cine en 2003 y que entró en vigencia en 2004, el país intentó darle un empujón a la producción audiovisual otorgándole oportunidades de financiación, con la creación  del fondo para el desarrollo cinematográfico y con estímulos tributarios para los que invirtieran en este tipo de proyectos.


Ahora, que han pasado cinco años después de que la ley entrara en aplicación, el panorama parece haber cambiado radicalmente. Según Claudia Triana, en 2006 se estrenaron 8 películas, en 2007 fueron 10 los títulos colombianos que salieron a cartelera, y en 2008 la cuota ascendió a 13.

La cifra parece insignificante si se compara con las 150 películas anuales que producen cinematografías como la española, pero lo cierto es que se han sentado bases serias para generar unos niveles de producción altos y constantes. “Desde la aprobación de la ley se han estrenado más de 50 largometrajes,  producido más de 60 documentales anuales y se han realizado 150 cortometrajes cada año”, asegura David Melo, director de Cinematografía del Ministerio de Cultura.

Sin embargo, y aunque se logró que 37 películas hayan recibido aportes de empresas privadas, y de que alrededor de un 10% de la taquilla nacional se haya reservado para las producciones locales, la industria tiene que lidiar aún con no contar con un laboratorio de películas en el país, sobrellevar además un escaso reconocimiento a nivel internacional de sus producciones, pero sobre todo un nivel de audiencia que ya no resulta suficiente ni rentable.

“Los colombianos van en promedio menos de una vez a cine al año y eso no ha cambiado desde hace 10 años, no somos un país como Brasil, que tiene 100 millones de espectadores. Entonces ahora que hay mayor producción, hay que buscar novedosas estrategias y la nuestra va a ser la internacionalización”, comenta  Claudia Triana.

La nueva apuesta del cine  nacional le apunta a dos flancos, el primero es vender a Colombia como un país que puede proveer de imponentes locaciones al cine y a la televisión y al que pueden venir productoras a filmar películas y comerciales, por unos precios muy competitivos, como se hizo con el filme  El amor en los tiempos del cólera o con la producción Mental de FoxTelevision, que llegó al país con la intención  de rodar tan sólo un tráiler y que con el mismo presupuesto logró grabar seis capítulos. “Considero que esa labor de visibilizar a Colombia y su potencial para la industria está sucediendo en el mejor momento, porque la gente está muy atenta a  los mercados emergentes, donde hay unas voces que no han sido escuchadas”, comenta Diego Guerrero, de la productora Dínamo. 

La segunda apuesta es la de tener una activa presencia en los festivales más importantes del año que se inicia, con la participación honorífica en el festival de Guadalajara y que hará que películas colombianas participen además en el Location Trade Show y América Fil Market  de Santa Mónica (California), en el Festival de Cannes, de Toronto y  San Sebastián.

El jueves se inicia el Festival de Cine de Guadalajara y con él Colombia le apuesta a una nueva era en su cine, una que desborde el público local y conquiste otras latitudes.

Comparte: