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Los hombres piensan en sexo aproximadamente 19 veces al día, el doble del tiempo que las mujeres según un estudio de la Universidad Estatal de Ohio. Sin embargo, no siempre se atreven a confesar sus deseos en medio de una arrebatada escena de pasión y aunque sus movimientos pueden hablar por sí solos, es más lo que callan y dejan a la imaginación.
Alrededor de sus fantasías se han tejido un montón de estereotipos que Cynthia W. Gentry y Nima Badiey intentaron romper con el libro Qué quieren realmente los hombres en la cama, de la editorial Panamericana. La publicación es el resultado de una encuesta a 300 ciudadanos estadounidenses entre los 23 y 64 años y los resultados son interesantes.
Definitivamente los excita que las mujeres tomen la iniciativa, que con un susurro, mirada, beso muy cerca de la boca o suave pero diciente roce con el cuerpo les hagan saber que quieren ir a la cama. Que los sorprendan con su lengua en zonas erógenas que no necesariamente son los genitales para jugar un poco antes de hacer el amor.
En este punto, incrementan la emoción las películas porno como telón de fondo, las conversaciones provocativas o el lenguaje vulgar, explorar la nuca, las orejas y la parte interna de los muslos y que ellas no se esfuercen por devolver el placer del que están disfrutando gracias a sus habilidades como amantes. Verlas extasiadas durante el encuentro sexual los enloquece.
Al 50% de los encuestados les fascina encontrarse con una chica totalmente depilada, al 25% les gusta que tenga la línea del bikini y el resto no tiene problema en dejarse sorprender. Eso sí, la higiene es clave para no matar la pasión. Hacer y que les hagan sexo oral es otra de sus prácticas favoritas. La creatividad en los movimientos y las posiciones, al igual que con el uso de la lengua, son claves. También resulta estimulante que les bajen los pantalones en cualquier momento y lugar. No hay que restringirse sólo a la cama.
No es una generalidad que después del sexo quieran irse o dormir. De hecho a muchos les incomoda que su pareja se pare al baño justo después de terminar. Una vez llegan quedan en estado de éxtasis y les gusta sentir los olores que flotan en el ambiente, tratar de alargar esa sensación de bienestar que los embarga. Y luego sí descansar, porque hacerlo es un ejercicio placentero pero agotador.