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“Al principio creí que se trataba de una gripe corriente. Sentía dolor en los huesos, mucho malestar y tenía una tos seca que me maltrataba la garganta. Fui al médico a Colsánitas y me dieron siete días de incapacidad. Me pareció demasiado, pensé que habían exagerado, pero hice caso y me fui juicioso a la casa a descansar. Al tercer día los síntomas empezaron a cambiar y me asusté. Sentía dolor de cabeza, tenía fiebre todo el tiempo, vómito, mucho desaliento y dificultad para respirar. Llamé a un amigo que es doctor y me dijo que saliera corriendo al hospital.
No tenía fuerzas para caminar y el dolor en el cuerpo era terrible. Me hicieron una radiografía de tórax y un cuadro hemático. Algunas horas después los médicos confirmaron lo que tanto temía: estaba infectado con el virus del AH1N1. Y como si fuera poco, también me diagnosticaron bronquitis. Preocupado y exhausto traté de concentrarme en memorizar las instrucciones: debía tomar diez pastillas de tamiflú, una cada 12 horas por cinco días. Además, me recetaron medicamentos para la bronquitis y me advirtieron que tenía que permanecer aislado para no contagiar a nadie. Me preocupaban mi hijo y mis colegas de Caracol Radio.
Supe que Darío Arizmendi estaba con tos, así que lo llamé para advertirle que tenía la nueva gripe y que era mejor que visitara al médico para descartar que le hubiera transmitido el virus. Afortunadamente no pasó nada. Es muy difícil saber dónde me contagié, hace poco estuve en Nueva York, pero no tengo la certeza de que hubiera sido allá. Afortunadamente primero me dio una gripe normal y durante los días que estuve incapacitado fue que desarrollé los síntomas del virus. De no ser así, creo que inevitablemente se habría contagiado mucha gente.
El virus está entre nosotros y no hay que bajar la guardia. Tan pronto los síntomas de un resfriado común cambien (ver recuadro de recomendaciones) hay que salir corriendo a una clínica para descartar el virus o detectarlo a tiempo. Eso fue lo que me salvó, según los médicos, que lo descubrieron en el momento indicado, pues el AH1N1 más la bronquitis que desarrollé era una combinación fatal.
Mi hijo tuvo que estar tres días en observación y no pudo volver a la universidad, hasta que se descartara que estuviera infectado. Como no desarrolló ningún síntoma, pudo retomar su vida normal; claro que le tocó mudarse a la casa de su mamá porque yo tenía que estar completamente aislado. De hecho, tomé la decisión de no salir ni siquiera de mi habitación, para evitar contaminar otros lugares de la casa.
Todos estos días me he dedicado a leer y a descansar, porque este virus quita el aliento. Te asfixias con tan sólo dar cinco pasos. Hubo momentos en que estaba tan mal que sentí que me moría, es horrible y el malestar es tan intenso que uno sabe que lo que tiene no es un resfriado común. Además, estoy tomando una medicina que me da somnolencia, así que he estado prácticamente acostado y a veces, con esfuerzo, un rato sentado.
Afortunadamente, después de tan sólo un día de estar tomando el tamiflú sentí que empezaba a mejorar, los dolores disminuyeron y la fiebre desapareció. Aunque perdí el apetito y el desaliento era total. Hasta ahora, después de una semana, empiezo a recuperar las ganas de comer y la energía para caminar y mantenerme de pie. Durante estos días traté de organizar algunas cosas, pero ni siquiera tuve fuerzas para levantarme de la cama. Afortunadamente conté con el apoyo de mis amigos y de muchas personas que se preocuparon por mi condición y me llamaban frecuentemente para animarme y saber cómo evolucionaba.
Espero poder retomar mis actividades este lunes. El viernes en la tarde fui a control médico para confirmar que ya no tuviera el virus y que me hubiera mejorado de la bronquitis. El tamiflú lo acabé el jueves y desde entonces me he sentido muchísimo mejor, aunque soy consciente de que debo tener cuidado durante los próximos días para garantizar el éxito de mi recuperación.
Estoy feliz de volver a la normalidad, aunque sé que la gente debe estar un poquito asustada y que seguramente a algunos de mis colegas les darán nervios de que esté cerca, pero el virus ya no está, así que no soy peligroso, no puedo contagiar a nadie. Mi hijo también regresará a casa y ambos retomaremos el curso de nuestra cotidianidad.
Fue una experiencia bastante dura, la verdad es que me asusté mucho cuando se confirmó que estaba infectado y los síntomas eran tan agudos que en algunos momentos creí que desfallecía. Lo importante de esta experiencia es tener la oportunidad de advertirle a la gente que realmente el virus está entre nosotros, que le puede dar a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar. Por eso, hay que estar alerta y salir corriendo a la clínica tan pronto aparezca una sintomatología especial. Detectar el virus a tiempo es lo único que puede salvar vidas”.
* Comentarista deportivo de Caracol Radio