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No hay charla ni entrevista que pueda contener las mil historias y anécdotas del periplo personal y fotográfico de Nereo López. Su lente ha sido testigo de la historia de Colombia de la segunda mitad del siglo XX y gracias a su talento con la cámara ha recorrido más de medio mundo.
Ha hecho fotos para publicidad, retratos “y muy buenos”, dice sin modestia aparte. “Fui uno de los únicos que fotografió a Alejandro Obregón por la sencilla razón de que nos unía una entrañable amistad”. En efecto, quizá Nereo, quien habla de sí mismo en tercera persona como si se tratara de un personaje, es conocido por su cercanía al ‘Grupo de Barranquilla’ y por haber congelado en instantes de papel a Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Manuel Zapata Olivella, Enrique Grau, entre otros. Sin embargo, fue la reportería gráfica la que forjó su pulso, el ojo atento y el arte de una fotografía particular que hoy en día cuenta con un legado de más de 100.000 negativos donados a la Biblioteca Nacional. Fue corresponsal para El Tiempo y para El Espectador, fue editor fotográfico de la revista Cromos y en 1958 montó su propia agencia de reportería en la que trabajó para las revistas Time, O Cruzeiro y Life, entre otras. Después vendrían las galerías, los premios y las condecoraciones.
Ya tiene 92 años y se rehúsa a usar un bastón. El ejercicio constante de la mente, esa que se sumerge en proyectos, en ideas de fotografías, no descansa ni en los sueños. Se desvela tratando de componer imágenes o pensando en escribir sus anécdotas ilustradas. Y es quizá esa actividad cerebral persistente la que lo mantiene con las fechas claras, con la memoria viva y con la vitalidad y chispa de un hombre envuelto en un cuerpo que envejece y no le corresponde. No siente nostalgia por la fotografía análoga y para mostrar que es un hombre de su tiempo, recalca que tiene dos computadores Mac, que todo lo hace a través de internet y que el único cuarto oscuro que tiene es donde guarda todo esto.
Su acento costeño lo conserva intacto a pesar de ser un hombre del Caribe radicado hace mucho tiempo en Nueva York. Sus ojos azules confunden a los que no saben que nació en Cartagena en 1920. Confiesa que su tatarabuela debió enredarse con algún pirata, hecho que explica sus genes nórdicos de fachada porque detrás hay puro desparpajo, coquetería y sabor de mar.
La semana pasada, en forma de homenaje a un hombre que ha contado a Colombia en imágenes, La Silueta Ediciones lanzó el libro Nereo López: un contador de historias, que hace parte de la serie F:oto TK5, dedicada al trabajo de fotógrafos colombianos, y que recientemente fue seleccionado por PhotoEspaña como uno de los mejores 50 libros de fotografía del mundo (edición internacional). Al mismo tiempo la Biblioteca Luis Ángel Arango presenta la exposición del libro, una muestra que estará abierta hasta el 12 de junio. Las imágenes consignadas son el resultado de una cuidadosa selección del Fondo Nereo perteneciente a la Biblioteca Nacional, con la que logran rescatar su trabajo más prolífico, desde 1958 hasta 1968. Según los editores, en esta época se encuentra el fotógrafo viajero, cronista y casi cineasta. En la selección se pueden ver recorridos desde La Guajira hasta el Amazonas y desde Quibdó hasta Yopal, además de una serie de fotos realizadas en Brasilia, cuando la ciudad se empezó a construir.
López asegura que es un exreportero gráfico porque a los 92 años se siente incapaz de comprometerse con un trabajo. Sin embargo, tiene un hijo atravesado “que tengo que parir”. Se refiere a los libros que él mismo quiere publicar. Por ahora, se divierte haciendo una serie Photos from my knees (Fotos desde la rodilla) en la que sostiene la cámara de manera natural con los brazos estirados, o mientras viaja en el metro neoyorquino, obtura el lente y sale la perspectiva desde sus rodillas.
Nereo López: un contador de historias, de La Silueta Ediciones, $87.000.