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Cuando el dolor es la enfermedad

El 81% de los colombianos ha sufrido algún dolor crónico, pero el país apenas cuenta con 35 especialistas en esta rama de la medicina.

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Marianne McDade
16 de mayo de 2012 - 09:45 p. m.
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El dolor suele ser un síntoma que delata otra enfermedad. Pero en muchos casos termina por convertirse en la enfermedad misma.

Hace dos años, durante una rutina de ejercicio, el urólogo Carlos Vargas Cabrera alzó un poco más del peso acostumbrado, lo que le provocó una hernia lumbar. El dolor permanente que se extendió desde su cintura hasta la pierna derecha comenzó a ser un impedimento para caminar. Buscó ayuda entre sus colegas de la Clínica del Dolor del Centro Médico de los Andes, en Bogotá, quienes con sesiones de radioterapia bloquearon la transmisión del dolor a través de los nervios.

Desafortunadamente, no todos los pacientes saben que en el país existen ya clínicas del dolor y sufren en silencio. En 2011, la Asociación Colombiana para el Estudio del Dolor entrevistó a 600 personas de las cuatro principales ciudades y encontró que un 81% de ellas sufrió algún dolor crónico durante el año, y una tercera parte no consultó al médico.

A Ester Torres le duele la espalda desde hace siete años. Nunca recibió un golpe o tuvo una enfermedad a los que culpar y los médicos no han podido identificar qué produce la molestia que afecta la calidad de vida de esta paciente. “Cada día estoy más mal”, asegura.

Jairo Moyano, anestesiólogo de la Clínica Santa Fe y especialista en dolor, asegura que al menos en el 5% de los casos que llegan a las clínicas no es posible identificar las causas de la enfermedad. “Algunos pueden corresponder a tumores ocultos o tener una raíz psicológica”. Por eso, explica Moyano, los enfermos de dolor deben ser siempre diagnosticados por un psicológico para determinar qué características psicológicas se pueden asociar a ese dolor crónico.

Una de las primeras tareas de los médicos especializados en dolor consiste en determinar su origen a partir de pruebas como exámenes físicos, tomografías axiales computarizadas (TAC) o biopsias.

Cuando el origen del dolor ha sido detectado viene el tratamiento. Moyano explica que aunque las infiltraciones , analgésicos y antiinflamatorios son las más comunes, el arsenal terapéutico en manos de los especialistas del dolor es amplio e incluye además esteroides y hasta anticonvulsionantes.

En la Fundación Santa Fe, el 80% de las consultas se hacen por dolor lumbar. En un porcentaje menor, los pacientes que tocan a su puerta sufren dolores neuropáticos (enfermedad que produce un dolor que varía desde leve hasta severo) o asociados a enfermedades como diabetes o cáncer.

Los tratamientos para el dolor en Colombia aún son desconocidos por los pacientes y hasta por el mismo gremio médico. El cirujano John Jairo Hernández, coordinador de la Clínica del Dolor y Cuidado Paliativo, agrega que “como muchos colegas no saben cómo y en qué momento remitir los enfermos a estos grupos interdisciplinarios, el sufrimiento termina siendo mayor para los pacientes”.

Además, Colombia tiene un déficit de clínicas y médicos especializados en esta área. Ante la Asociación Colombiana para el Estudio del Dolor sólo aparecen registradas 45 clínicas y 35 especialistas en todo el país.

Moyano cree que es hora de que los médicos y las entidades hospitalarias presten atención a estos tratamientos que les permitirían a los pacientes dejar de sufrir en silencio.

Por Marianne McDade

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