8 Dec 2018 - 3:00 a. m.

Cuando las mascotas son los mejores amigos de los presidentes

Sully, labrador de dos años, acompañó al expresidente de Estados Unidos George H. Bush hasta el final. La historia de mascotas que han acompañado a varios inquilinos de la Casa Blanca.

La Red Zoocial

En junio de este año, luego de que el párkinson agravara, la asociación VetDogs designó a Sully, un labrador de dos años, como perro de servicio del expresidente George W. Bush. Sully se convirtió desde entonces en su sombra: abría puertas, quitaba obstáculos y encontraba objetos para el exmandatario. Lo acompañó hasta el funeral. “Misión cumplida”, tuiteó el portavoz de la familia Bush, Jim McGrath, junto a una conmovedora foto en la que se ve a Sully tumbado frente al ataúd del exmandatario, fallecido a los 94 años.

Una de las muchas historias que animales de compañía han protagonizado en la presidencia de Estados Unidos. Hasta la llegada de Donald en 2016, la Casa Blanca vio desfilar todo tipo de mascotas, pero son los 90 perros que vivieron en la mansión presidencial los que inspiraron en 1999 la creación de un museo en Williansburg (Virginia). El que inauguró la tradición fue George Washington, quien durante su mandato presidencial, dicen, llegó a tener un dromedario.

Ver más: En Colombia los animales no tienen derechos

Thomas Jefferson tuvo un ruiseñor y una pareja de cachorros de oso durante su presidencia. Theodore Roosevelt fue el presidente que tuvo más animales durante su gobierno: un oso llamado Jonathan Edwards, una lagartija, cinco conejillos de Indias, un cerdo, un tejón, una gallina, una hiena, una lechuza, un conejo y un pony. Pero, sin duda, fue Tela, una scottish terrier, la que se robó la atención entonces. D. Eisenhower también estuvo acompañado por la perrita Heidi.

Durante la presidencia de John F. Kennedy se hicieron famosos los perros Charlie, Shannon, Wolf y Clipper, y hasta un pony de nombre Macaroni. Sin embargo, fue Pushinka, una perra que el presidente Khrushchev le regaló a Kennedy, la que más atención se llevó. Por dos cosas: una, no era cualquier animal, era hija de la perronauta Strelka, que a diferencia de Laika sí sobrevivió a un viaje en el espacio. Cuando el regalo llegó a la Casa Blanca, la pobre perrita pasó por miles de exámenes para asegurarse de que no tenía ningún transmisor en su interior y no era una especie de “espía” ruso. El desenlace nadie lo esperaba: en plena Guerra Fría, Pushinka y Charlie (el favorito de JFK) se unieron y tuvieron cuatro cachorros. Los bautizaron, Los Pupniks.

George W. Bush siempre reconoció su amor por los perros y por eso vivió en la Casa Blanca con Barney, un terrier escocés negro, que alguna vez mordió a un periodista muy crítico de Bush que trabajaba para la agencia Reuters.

Ver más: ¿Clonaría a su mascota?

Aunque Clinton tuvo también un perro, Buddy, un labrador, fue su gato Socks quien se robó todas las miradas. El gato era de su hija, Chelsea Clinton, pero el presidente solía estar acompañado de Socks. Fue uno de los primeros animales en tener página web. Recibía hasta 100.000 cartas al año y regalos de admiradoras. Las dos mascotas de Clinton se odiaban, por lo que Hillary tenía que mantenerlas en habitaciones separadas.

Con la llegada de Barack Obama al poder, se salvó una raza de perros casi desaparecida en el siglo XIX: el pastor de aguas portugués. Estos perros no eran muy apetecidos hasta que la familia Obama mostró a Bo, su mascota. Desde entonces es una de las razas más compradas en Estados Unidos. Y Canadá.

Según la prensa, las mascotas de los Obama le costaron más de US$100.000 al año a los contribuyentes estadounidenses. Relativamente poco, teniendo en cuenta que son ellos los que acompañan a los mandatarios en los momentos de crisis. Harry S. Truman dijo: “La mejor forma de tener un amigo en Washington es conseguir un perro”… Y Trump que no tiene uno...

Comparte: