Antes de viajar a São Paulo para conocer uno de los centros desde los que opera la empresa WeWork, que organiza los premios Creator Awards, escasamente sabía que era una firma que alquilaba espacios de oficina para hacer más fácil la vida de las personas a la hora de trabajar. Esa percepción general empezó a cambiar cuando conversé con sus colaboradores, quienes no pararon de hablar de comunidad, innovación y bienestar. Podría ser un discurso de memoria, pero en sus actos se nota que viven lo que hablan.
Mientras recorríamos el WeWork de la avenida Paulista, primero que se abrió en Brasil, Thiago uno de los administradores, condujo el recorrido explicando cómo se dividen los espacios y lo que se encuentra en ellos. Siempre hay palomitas, cerveza y café. Un lobby para entablar relaciones y salas de juntas u oficinas personalizadas. Para quienes apetecen permanecer aislados del ruido, hay cabinas para hacer videollamadas y salones de conferencias. Sorprenden los colores del lugar, pues dependiendo de país, la empresa se adapta a culturas y ambientes, en un entorno de creatividad y disrupción.
En los edificios, las personas son libres de manejar su tiempo, pasar un buen rato en las mesas de ping pong o divertirse con sus compañeros, pero también, y en ese momento empieza la magia, con la oportunidad de establecer comunidad. Esta palabra puede parecer sencilla, pero es el centro de la empresa y su éxito para que otros crezcan. ¿Por qué? Fácil, es propiciar encuentros de personas de diferentes profesiones, emprendedores y empresarios. El escenario ideal para hacer alianzas, concretar ideas y potencializarlas.
En palabras de Miguel McKelvey, fundador de WeWork “creemos en la necesidad de las personas de colaborar para ser más felices, para romper barreras, conectarse con otros seres y construir un mundo mejor”. Para lograrlo, siguen habilitando auténticos ecosistemas que puedan adaptarse a diversas culturas y así lograr transformaciones.
Algo llamativo es que todos pueden conectarse con personas en los distintos países en los cuales operan y, por supuesto, pueden trabajar en sus instalaciones si están de visita. No tienen que preocuparse por nada. “Estos espacios permiten empoderar lo que somos. Salirnos de la rutina y arriesgarnos a crear”, señala Bruno Said Haidar, uno de los participantes en los premios Creator Awards, que nacieron para apoyar buenas ideas en cualquier parte del mundo y que requieran recursos para escalar negocios que permitan impactar vidas con optimismo. (Lea también: “Hay que tener la valentía de tomar las oportunidades”: Miguel McKelvey, fundador de WeWork)
Los premios son el resultado de una campaña de concientización y empoderamiento que acompaña a las personas a identificar sus habilidades y dejar atrás los temores. Este año se han realizado en seis países y es la segunda vez en América Latina. Para la versión en São Paulo se recibieron 1.800 postulaciones, de los países de la región, en las tres categorías: Artes escénicas, ONG y Proyecto empresarial. Al evento de premiación se invita a los postulados para que, además, se puedan conectar con emprendedores locales y vivir una experiencia marcada por las emociones.
En 60 segundos, cada finalista tiene la oportunidad de contar su idea de negocio o proyecto social mientras el jurado, bastante riguroso, analiza. Y el público puede votar por su favorito. Entre los proyectos de la última versión hubo múltiples ideas originales, desde diseño de prótesis para ayudar a las personas de bajos recursos, hasta aplicaciones para evitar el maltrato contra las mujeres. Quienes pasaron a la ronda final se enfrentaron a una serie de preguntas con el jurado y finalmente fueron elegidos los ganadores.
En esta ocasión, Tomás Abrahão, en la categoría proyecto empresarial, fue ganador con la iniciativa que apoya la distribución de comida orgánica para apoyar a agricultores locales e impulsar la economía en lugares remotos. “Estoy viviendo cuatro años en 60 segundos. Estoy feliz por este premio. Necesitamos llegar a la base de la pirámide y reconocer su trabajo y es además una buena oportunidad para cambiar realidades”, señala Tomás mientras abraza a Lucas Caldeira Brant, quien ganó en la categoría ONG.
Lucas es un loco bendecido, así se describe él. Su proyecto es una lavandería para los habitantes de la calle y su objetivo es dignificar sus vidas y acompañarlos a superar la pobreza. El proyecto nació en 2013 a causa de un fuerte frío. Lucas Brant relata que estaba en su cama y tuvo que ir a la habitación de su madre por una cobija. A la mañana siguiente vio en el periódico que por ese frío murieron cinco personas que vivían en la calle. Esa noticia cambió su vida y lo llevó a indagar acerca sus necesidades.
“Yo no podía seguir viviendo igual. Eso me rayó la cabeza. Si no tuviera casa pude haber sido uno de esos cinco muertos”, destaca mientras recalca que por eso salió de su casa cómoda con “ojos y oídos bien abiertos” a recorrer el barrio Funda, donde va a operar su lavandería. Allí, en la madrugada o al caer la noche, se convirtió en confidente de personas que le dicen que la ropa que la gente les regala no dura, porque no tienen cómo lavarla y que estar sucios no les gusta porque se sienten mal y, además, la gente los desprecia.
Con estas historias en el corazón, decidió apostar al diseño de la lavandería y apoyar a los habitantes de la calle. “Debemos dignificar la vida de ellos. Todos tenemos algo que aportar y no podemos ser indiferentes a la cruda realidad que muchas personas viven. El premio que ganamos significa poner en marcha ideas para impactar familias y saber que juntos vamos a poder hacer más. Estoy feliz y mis amigos de la calle también”, señala Lucas Brant, mientras enseña unos tatuajes en su brazo. Cada uno representa los proyectos que ha desarrollado y dice que en tres meses estará el de las lavadoras.
En medio de abrazos, gritos y una gran celebración se oyen las palabras de Miguel McKelvey, quien afirma que “cuando nos unimos se inicia la magia. Es impresionante ver que en cada rincón del mundo hay personas con ideas con potencial gigante de tener impacto positivo en el mundo. No nos cansamos de escuchar historias de personas que han dejado carreras y lo han arriesgado todo para hacer realidad sus ideas y crear un mundo mejor”.
De eso se trata WeWork, de hacer comunidad que se vuelve familia, de entender necesidades de otros, de convicción en el corazón de que se puede ayudar y está en manos de todos. Es impresionante ver cómo una idea que puede nacer por indignación, precariedad o bondad tenga la capacidad de trascender y crear nuevas historias y que esas historias, además, son posibles porque en el mundo siempre habrá alguien que va a creer que eso se puede hacer .
* Invitación WeWork